Prevenir la depresión

Centro Psicológico Loreto Charques
Expertos en el diagnóstico y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención (TDA-H)
19 de noviembre de 2019
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® JORM S

La palabra depresión proviene del término en latín depressio que, a su vez, procede de depressus (“abatido” o “derribado”). O, más precisamente, hundido por un golpe. De ahí el salto a la definición de hundimiento anímico con la que hoy nos referimos a una patología que en muchos casos resulta incapacitante para quien la padece y que afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo. Según el DSM-IV-TR (es el manual de referencia de síntomas que definen una patología mental y que suele ser la más usada juntos a la CIE) para que se pueda diagnosticar una depresión han de darse una serie de síntomas (no necesariamente todos) durante al menos un mes:

  • Estado de ánimo deprimido.
  • Disminución del interés o placer en cualquier actividad.
  • Aumento o disminución de peso/apetito.
  • Insomnio o hipersomnio.
  • Agitación o enlentecimiento motor.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimientos inutilidad o culpa.
  • Problemas de concentración o toma de decisiones.
  • Ideas recurrentes sobre la muerte o el suicidio.

Para que se pueda diagnosticar una depresión han de darse una serie de síntomas (no necesariamente todos) durante al menos un mes

Pero lo que hoy nos trae aquí no es la enfermedad. Es cómo evitarla. Hay ocasiones en las que la depresión es una patología de origen orgánico. Otras en las que se deben a una crisis vital aguda (un fallecimiento, un divorcio). En sí misma no suele ser una enfermedad de origen abrupto, es decir, no aparece como de la nada, es un estado de ánimo que va desarrollándose día a día en nuestro interior.

¿Cómo es posible?

Por lo que pensamos. Por cómo nos pensamos, es decir, qué cosas nos decimos y cómo interpretamos lo que nos sucede. Por una parte hay personas que han desarrollado una visión muy negativa de sí mismos. Se ven carentes de valor personal, como si fueran incapaces de ser “como los demás”. De la crítica a la culpa, lo malo que les sucede no se debe a las circunstancias de la vida, sino a que no valen, a que no saben vivir, a que están llenos de defectos. Ahí empiezan a aislarse de los demás, a decirse que son incomprendidos, que están solos pese a toda la vida que les rodea y de la que no se sienten parte.

El siguiente paso en la senda hacia la depresión es pasar a interpretar la realidad que les rodea de forma negativa, poniéndose las gafas de ver el lado malo de la vida. Imaginad, llegados a este punto, hasta un buen gesto hacia ellos es interpretado como un gesto de lástima y de compasión por lo que piensan: “qué vida más miserable la mía, no me quieren, doy pena”.
Y desde ahí dirigen una mirada hacia delante, con una visión de lo que les depara el futuro oscura, negativa… plagada de dificultades que no podrán superar, de pérdidas materiales y de amigos y familiares, de soledad, de angustia. Y surge el peor de los síntomas, el que provoca el mayor sufrimiento: se pierden las ganas de vivir. ¿Para qué?, te dirían ellos.

El siguiente paso en la senda hacia la depresión es pasar a interpretar la realidad que les rodea de forma negativa, poniéndose las gafas de ver el lado malo de la vida

Deteneos ahí. ¿Por qué esperar a buscar ayuda a que todo este dolor se adueñe de nosotros? No. Cuando uno de nosotros siente que esa visión negativa de nosotros se adueña de nuestra mente debe apoyarse en los demás. Si no es bastante, hay que buscar terapia porque en ese momento es algo más sencillo de corregir mientras que si la depresión llega a desarrollarse, el proceso es difícil y en muchas ocasiones supone la necesidad de medicarse.

Lo que desencadena este proceso es lo que llamamos pensamientos erróneos o ideas irracionales. Observad un par de ejemplos. Entráis en una estación de metro cuando, a vuestras espaldas, un grupo de chavales rompen a reír con sonoras carcajadas. Pensamiento: se están riendo de mí. Eso es irracional. Puede que sea así (y habría que valorar si realmente es algo tan importante) o, lo más seguro, alguno de ellos ha contado algo realmente gracioso. Otro ejemplo: vais por la calle y veis a un compañero de clase o de trabajo, alzáis la mano y le gritáis un sonoro… ¡hola! Pensamiento: no quiere hablar conmigo, seguro que le caigo mal. Nuevamente pueda que sea cierto (pero, ¿importa?, porque en ningún sitio está estipulado que debamos caerle bien a todos los que conocemos… como nos pasa a nosotros. ¿Te cae bien toda la gente que conoces?). Pero lo más probable es que vaya sumido en sus pensamientos o incluso escuchando música a un volumen algo elevado.

Las cosas nos afectan no por cómo son si no por cómo las interpretamos. Aquí quisiera iniciar un tema que retomaremos más adelante pues estamos hablando de educar nuestras emociones, de aprender a pensar de una manera sana, vivificante que, sin volvernos ciegos a la realidad (no siempre sencilla o amable), nos permita verla de la manera que nos haga más fuertes y, por lo tanto, que nos permita ser más felices. Sencillamente felices.

“No voy a sentirme mal
si algo no me sale bien
he aprendido a derrapar
y a chocar con la pared
que la vida se nos va
como el humo de ese tren
como un beso en un portal
antes de que cuente 10…”.

Sed felices.

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