Los adolescentes pasan de la diversión al vicio

Los jóvenes no perciben ningún tipo de riesgo en los juegos y apuestas y reconocen haber empezado cuando eran menores.
Ana Belén de la RosaMartes, 28 de enero de 2020
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Los jóvenes cada año están más aficionados a el juego y las apuestas de manera presencial y on line. © wpadington

El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia de FAD ha realizado una investigación sobre Jóvenes, juegos de azar y apuestas y tras ello afirma que la frase “todo el mundo juega y apuesta”, parece ser una de las principales percepciones de los jóvenes españoles de 18 a 24 años respecto a los juegos de azar y las apuestas con dinero.

Además, tras la investigación, la FAD afirma que lo hacen porque no existe ningún tipo de conciencia de que jugar pueda suponer un problema, dado que en los entornos familiares está naturalizado el juego ocasional o habitual de determinados juegos “tradicionales” como la loterías, quinielas, o el bingo y además consideran que es algo “pasajero”, propio de una edad.

Esta visión despreocupada contrasta con la visión de los expertos que detectan que con el aumento de personas jóvenes que juegan también ha aumentado el número de jóvenes con problemas derivados del juego. Y, aunque para muchos expertos aún no pueda considerarse una alarma social o sanitaria, sí se considera un problema creciente que es necesario abordar. No todos los juegos y apuestas son considerados de la misma forma por los jóvenes y durante este estudio la FAD destacó las apuestas deportivas y los juegos de cartas.

Un imaginario distinto

Por otro lado, en torno a estas dos actividades se ha generado entre los más jóvenes un imaginario que crea un escenario distinto respecto a otros juegos: la diferenciación entre apuestas de “saber” y apuestas de fortuna o “puro azar”. Además, los jóvenes afirman que en apuestas deportivas se valora el conocimiento del campeonato, de los equipos, del deporte, manejo de estadísticas y datos especializados, sin embargo, en los juegos de cartas  implica otras habilidades como la rapidez mental, frialdad, capacidad de cálculo, confianza, astucia, inteligencia. Esto da lugar a que en cierta forma, los jugadores que tengan estas capacidades se conviertan en modelo líder del grupo ya que es aquel que “sabe” apostar, que domina las habilidades necesarias para tener éxito en las apuestas deportivas o en los juegos de cartas. Sin embargo, según la FAD los jóvenes consideran que el jugador “que sabe” no tienen nada que ver con el estereotipo tradicional de la ludopatía, alejado de la identificación con el mismo a quienes tienen un hábito con el juego.

Los jóvenes han incluido el juego y las apuestas en una actividad más de su ocio, tanto es así que esta practica comienzan a realizarlas en grupo de tal modo que el grupo nunca pierdo, pero luego algunas personas pasan del juego grupal al individual, lo que puede llevar a un menor control del gasto, desaparece la diversión y comienzan los problemas, “el vicio”.

Asimismo los jóvenes han mostrado durante esta investigación que no perciben ningún tipo de riesgo en esta conducta y además reconocen haber empezado cuando eran menores. Además el jugar se asume como un entretenimiento entre adolescentes, y se instala la percepción de que es un tipo de ocio extendido, que no genera extrañeza. Incluso entre algunos jóvenes que no juegan, se acepta su inclusión en los recorridos de diversión grupal puesto que consideran un gasto como cualquier otro, consideran que da la posibilidad de hacer amigos y además lo marcan como objetivo la diversión puntual.

Juego con sustancias

Por otro lado la FAD afirmó que en los inicios se corre el riesgo de mezclar juego con sustancias, sobre todo cuando el juego es grupal o social, porque el alcohol forma parte ya de los consumos “normalizados” en los contextos de ocio, y además se reconoce que en los salones de juego invitan a alcohol, de igual forma que se afirma que quien consume otras sustancias es porque las trae de fuera y ya las consumía fuera. Por último el hábito de juego con dinero en los jóvenes no posee el estigma del ludópata, es más, los jóvenes argumentan que su hábito no es problemático porque es visible y es en grupo, consideran que solo supone riesgos económicos y añaden que para ser adicto se requiere de un tiempo prolongado. Y acaban concluyendo que el factor clave a la hora de asumir el control respecto al juego es aceptar la derrota.

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