Micaela Moreau, la joven maestra que luchó por la Educación femenina a finales del XIX

A través de su protagonista, la novela 'Un destino propio' (Ediciones B) nos habla de aquellas primeras mujeres valientes que se atrevieron a alzar la voz contra una sociedad que se negaba a escucharlas
RedacciónLunes, 13 de enero de 2020
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España, 1883. Época de cierta tranquilidad política, tras la revolución de 1868, la efímera monarquía de Amadeo de Saboya y la I República de 1873-74. Lo que en ciertos ámbitos minoritarios no se ha apaciguado son los propósitos de modernizar y transformar España, principalmente a través de la Educación. A ese afán obedecen proyectos como la Institución Libre de Enseñanza (ILE), sin duda el más importante de todos, y también, un poco antes, el de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.

La Asociación para la Enseñanza de la Mujer plantó una semilla que ya fue imposible extirpar. De cómo caló en algunos espíritus que se dedicaron a extender la Educación de las mujeres y, como consecuencia inevitable, su emancipación, trata, entre otras cosas, esta novela, cuyo título –que puede recordar al clásico texto feminista de Virginia Woolf, Una habitación propia– procede de nuestra Emilia Pardo Bazán. La protagonista de Un destino propio, Micaela Moreau, está inmersa en ese ambiente, dedicada a hacer crecer la semilla de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Micaela, que tiene 28 años y es prácticamente una solterona para los criterios de la época, quiere ir más allá. Su batalla será la incorporación de la mujer a una Educación completa e integral. Y en efecto, una vez sembrada la semilla, ella y otras mujeres se empeñaron en ir más lejos, y, aunque el camino fue largo y difícil, ya no iba a haber marcha atrás.

Una vez sembrada la semilla, ella y otras mujeres se empeñaron en ir más lejos, y, aunque el camino fue largo y difícil, ya no iba a haber marcha atrás

Micaela tiene el ejemplo de valerosas pioneras, como Concepción Arenal, Rosalía de Castroo la combativa, independiente y arrojada Emilia Pardo Bazán, figura mayúscula del feminismo, nunca suficientemente reivindicada. El tema de fondo de Un destino propio es esa ardua batalla que, en cierto modo, en algunos aspectos, aunque ya no felizmente en el de la Educación, llega hasta nuestros días. Pero la novela va más allá de ese contenido. Es, junto a esa suerte de poema pedagógico, una hermosa historia de amor y un magnífico retrato social.

Micaela cuenta con una ventaja para abrirse camino en la conservadora sociedad de finales del siglo XIX. Su padre, ya fallecido, fue un hombre ilustrado que la educó en esos principios. Pero, como ocurría entonces y siguió siendo normal todavía durante mucho tiempo, el progresismo de los hombres no era compartido por las mujeres de la familia. De modo que la mayor, por no decir la única, ambición de la madre y las tías de Micaela es que ésta haga el mejor matrimonio posible. Y, como reverso, la gran preocupación de la madre es el negro futuro que le pueda esperar a su hija, como a cualquier mujer, sin una figura masculina a su lado (por ahí iban los tiros de la Pardo Bazán: la mujer tenía derecho a un destino propio, no necesariamente ligado al destino del marido).

la gran preocupación de la madre es el negro futuro que le pueda esperar a su hija, como a cualquier mujer, sin una figura masculina a su lado

La voluntad de Micaela y una imprevista ayuda del azar (la vida suele ser una mezcla de ambos elementos) le permitirán vivir su propio destino. Enviada a Comillas a pasar unas semanas del verano con su tía y primas (con el deseo no demasiado secreto de que allí encuentre un novio de buena posición), ella aprovechará para entrar en contacto con una escuela de señoritas en la que aspira a trabajar como maestra. Pero la escuela y las estiradas hermanas que la dirigen supondrán una enorme decepción para Micaela. La oferta educativa del centro, al que acuden sólo jóvenes de clase alta, se limita a la doctrina cristiana, higiene doméstica, caligrafía (el gran orgullo de las directoras), bordado, francés, piano; y su lema es que “una mujer dulce y educada ennoblece a su marido, a su familia y a su casa”.

Pero la aventura de Micaela no ha hecho más que empezar. Santander es un microcosmos en el que coinciden una aristocracia imbuida de las costumbres más rancias y clasistas, una opresión del campesinado que parece propia de la Edad Media, y una burguesía emprendedora formada principalmente por catalanes, vascos y algún madrileño. A ese cuadro social hay que añadir a los indianos, los emigrantes que vuelven a su tierra tras unos años trabajando en América.

En ese entorno, asfixiante para alguien como ella, la independiente y solterona Micaela sueña con su propio proyecto, un colegio para chicas en el que aplicar los métodos de la ILE de Educación integral: el aprendizaje práctico, las salidas al campo, las matemáticas aplicadas a la vida real, el ejercicio físico, la alimentación adecuada.

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Comentarios
  1. Micaela Moreau, la joven maestra que luchó por la Educación femenina a finales del XIX | Eduglobal
    13 de enero de 2020 13:23

    […] Fuente: Magisterio. […]