Cómo ayudar a un niño que volverá a encontrarse en el colegio con su agresor

La cuarentena ha conseguido generar cierto alivio en niños víctimas de acoso escolar. Sin embargo, las secuelas existen y el encuentro con el agresor genera nuevos episodios de estrés.
RedacciónJueves, 21 de mayo de 2020
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Cuando las víctimas tienen la oportunidad de sincerarse con una persona ajena a su entorno, es fácil que lo hagan desde el principio. © MARY LONG

Si algo bueno tiene la cuarentena es que muchos niños, niñas y adolescentes han dejado de estar expuestos a las constantes amenazas de su agresor y esto puede generarles cierto alivio. Sin embargo, este fenómeno causa indiscutibles secuelas que no son reversibles por el mero hecho de no seguir expuestos a nuevos episodios de violencia, por lo que será necesario trabajar para eliminar el problema. Porque en el momento en el que el niño o la niña estén de nuevo expuestos al escenario de maltrato se desencadenarán de nuevo los efectos.

Según explica la emprendedora Ester López, víctima de bullying en su infancia y adolescencia, y creadora del programa Stop Bullying, si bien es cierto que es necesario impactar y neutralizar todos estos factores para que se reduzca el riesgo, la realidad en el escenario actual es que hay que trabajar con los que más lo necesitan, que son las víctimas. Y es que la labor con las víctimas es más complicada porque es necesario transmitirles confianza para que el problema no desemboque en situaciones más graves; porque si no se aborda convenientemente a la víctima, puede llegar incluso a suicidarse.

Por regla general, a los niños y adolescentes les cuesta explicar por miedo a ser juzgados, recriminados o incomprendidos la situación de acoso que están sufriendo en el colegio. Pero cuando tienen la oportunidad de sincerarse con una persona ajena a su núcleo más cercano es muy fácil que se abran desde el primer momento.

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El hecho de que el profesional, como yo, haya pasado por este proceso hace que se desarrolle esta conexión entre ambos

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“Cuando comenzamos a trabajar, ya desde la primera sesión, y aunque no me conozcan de nada, sienten que pueden confiar y que pueden abrirse a mí porque realmente lo necesitan y porque experimentan cosas asombrosas. El hecho de trabajar on line hace que se sientan atendidos sin abandonar su lugar seguro que es su hogar. Por un rato están en un lugar donde pueden comunicarse y experimentar mejoría con la tranquilidad de que están en sus propias habitaciones y que nada les puede pasar allí. Además, el hecho de que el profesional, como yo, haya pasado por este proceso hace que se desarrolle esta conexión entre ambos, porque conozco lo que está viviendo y es más fácil llegar al punto clave desde el que debemos trabajar para tener éxito. Si ahora no podemos cambiar el entorno porque la situación actual nos limita, hagamos que sea el propio niño, niña o adolescente el que provoque el cambio. El resultado será que cuando vuelva a la que será nuestra nueva normalidad, ese entorno cambiará porque ya no habrá una víctima para ese agresor”, explica López.

De hecho, durante todo el programa (diez sesiones) se trabaja para neutralizar las situaciones traumáticas que hayan experimentado, además de desarrollar una buena autoestima y ayudarles a crear una hoja de ruta hacia una nueva vida. La finalidad del programa es acompañar al niño o la niña para que su propio sistema sea quien localice las fichas clave y saque a la luz las herramientas con las que ya cuenta para que pueda vivir la vida que desee vivir.

El hecho de no haber estado presente en el lugar donde se produce el acoso, no significa que vayan a desaparecer sus efectos

Cuando vuelvan a las aulas, los alumnos que hayan sido víctimas de acoso escolar se tendrán que enfrentar de nuevo con sus agresores. En el supuesto de los casos que hayan sido leves o que no hayan durado mucho tiempo, y siempre que la resiliencia de la víctima acompañe, es posible que el prolongado tiempo lejos de sus agresores les haya permitido cerrar ese capítulo.

No obstante, en los casos en los que el acoso haya cursado más grave o se haya desarrollado durante más tiempo, se volverán a experimentar los problemas que habían estado presentes, como la ansiedad, estrés, depresión, agresividad o temor excesivo, problemas de sueño, de alimentación, déficit de atención y escasas relaciones sociales, por poner algunos ejemplos. Y es que, el hecho de no haber estado presente en el lugar donde se produce el acoso, no significa que vayan a desaparecer sus efectos ni en la víctima ni en su entorno familiar, que al fin y al cabo es donde se debe lidiar con estos efectos a diario.

En el programa Stop Bullying se trabaja para llegar al fondo de la cuestión, se localizan estas experiencias que han generado esas creencias que les limitan en su día a día y se trabajan para convertirlas en fortalezas.

Cómo afrontar este tipo de situaciones en la vuelta al colegio

  • Para afrontar este tipo de situaciones es muy importante que los padres desarrollen la capacidad de tranquilizar y sostener a sus hijos, para que el problema no les desborde.
  • Es necesario que los adultos empaticen con el niño o la niña para de esa forma comprender hasta qué punto pueden variar las emociones o los estados de ánimo de sus hijos.
  • De esta manera, los adultos podrán acercarse al niño o la niña desde la comprensión para dejar que se exprese y comunique libremente.
  • Se fortalece así un vínculo de confianza entre ambos que ayudará al niño o la niña a saber que puede contar con una figura que le comprende y le acompaña en este proceso, sin obviar ni restarle  importancia, sin juzgar y sin estigmatizar.
  • El objetivo principal del proceso debe ser en todo momento ayudarles a liberarse de la etiqueta de víctima con todo lo que esto conlleva, para que cuando vuelvan al colegio no caigan de nuevo en la misma dinámica y de nuevo sean victimizados.
  • Resulta conveniente que esta confianza también se genere con una figura profesional que acompañe y guíe durante este camino. Para un niño o un adolescente que está en esta situación es imprescindible encontrar una figura externa a su entorno más cercano con la que formar un vínculo de confianza.
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