Cuerpo y mente, desarrollo de recursos y crecimiento personal

Centro Psicológico Loreto Charques
Expertos en el diagnóstico y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención (TDA-H)
6 de mayo de 2020
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© GOOD STUDIO

Tradicionalmente trabajamos con nuestra forma de pensar, con la forma en que nos hablamos internamente para cambiar nuestros estados emocionales y la conducta. Desde hace algún tiempo se sabe que la relación entre nuestro cuerpo y nuestra mente es bidireccional. Cambiando nuestro estado de activación, mediante técnicas de relajación, meditación, mindfullness, yoga y otras opciones, podemos influir activamente en nuestros penswamientos y nuestra conducta.

En ciertas ocasiones, trabajar con el cuerpo, puede llegar a ser tan efectivo como trabajar desde el plano racional, y son estrategias complementarias. Siegel, un famoso psiquiatra, plantea en su teoría del “cerebro triuno”, que el ser humano cuenta con tres niveles de funcionamiento a nivel cortical:

  • Neocortex: el último en surgir en la evolución, la parte del sistema nervioso central que nos diferencia del resto de los seres vivos, y que destaca por proporcionarnos inteligencia, capacidad de razonamiento, planificación, detección de patrones.
  • Cerebro límbico o emocional: común con el resto de mamíferos, cuyos mecanismos de defensa son la lucha o la huida.
  • Cerebro reptiliano: en común con los reptiles. Es la parte más antigua de nuestro cerebro. Regula las funciones básicas para el mantenimiento de la vida: temperatura, respiración, hambre…

En ciertas ocasiones, trabajar con el cuerpo, puede llegar a ser tan efectivo como trabajar desde el plano racional, y son estrategias complementarias

Cuando, a la hora de resolver un problema, el neocortex falla (razonamiento, planificación), el cerebro baja un nivel y se mueve en el plano emocional, caracterizado por las estrategias de afrontamiento de lucha y huida. Si este a su vez falla también, entra en acción el cerebro reptiliano, que solo tiene como repertorio de afrontamiento el colapso o parálisis con analgesia, o anestesia. Este autor plantea que para poder volver a movernos en el plano de lo racional, antes hay que parar el secuestro emocional en el que nos encontramos, y eso podemos lograrlo trabajando con el cuerpo. Es decir, una vez bajamos al plano de las emociones, nuestra capacidad para pensar fríamente queda total o parcialmente neutralizada. Si a demás de intentar razonar, promovemos un estado corporal acorde, los efectos serán más rápidos e intensos.

Pero es tanto el poder que tiene el cuerpo en nosotros, que hay otras formas de modificar nuestra forma de adaptarnos al mundo. Hay una antigua estrategia en psicología que dice: si quieres sentirte algo mejor, pon una media sonrisa y mantenla. Irás notando como poco a poco las sensaciones y la actitud van cambiando.

Siendo un poco más sofisticados, incluso podemos buscar modelos de afrontamiento externos, podemos incorporar la forma de sentir/pensar de otras personas. Es fácil de poner a prueba. Hagamos un ejercicio práctico.

  1. Busca un modelo de actuación, una persona real o de ficción que destaque por alguna característica que te gustaría tener en tu repertorio de recursos: valentía, fortaleza, seguridad…
  2. Observa y estudia su postura corporal, su gestualidad, su tono de voz, su expresión facial, su forma de moverse entre los demás, el contacto físico con el que se relaciona…
  3. Asume ese papel durante un rato: como dicen en Estados Unidos “ponte en sus zapatos”. Emúlale, estando primero solo en la habitación, y posteriormente, si te sientes cómodo, en una situación social.
  4. Comprueba cómo te sientes, las sensaciones que tienes en el cuerpo. Posiblemente notes que tu forma de pensar y comportarte también ha cambiado.

Tenemos mucho más poder, control, recursos y capacidades de las que somos conscientes. Solo tenemos que ponernos a prueba, y si nos faltan recursos, fijaos lo fácil que es incorporarlo “introyectando” modelos externos de afrontamiento.

Otra aplicación muy interesante es el desarrollo de la empatía. Es muy fácil poder ponernos en el lugar del otro, cambiando nuestro propio estado emocional, y haciendo más sencillo poder resolver situaciones sociales. Un ejercicio que suelo proponer a padres, profesores, psicoterapeutas…es tan sencillo como adoptar la postura corporal, y la expresión facial del chico en cuestión. Os sorprenderéis de la rapidez y la intensidad con la que podremos salir de nuestro propio estado, siendo capaces de sentir lo que siente nuestro interlocutor.

Os animo a que vayáis incorporando activa y voluntariamente un repertorio de recursos a partir de modelos. Siempre podemos seguir creciendo.

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