David Mora: “Los centros deben convertirse en auténticos espacios de formación docente”

Este joven inspector de Educación considera fundamental que las escuelas se conviertan en centros de formación para futuros docentes, donde sean tutorizados por los mejores profesores y maestros.
Adrián ArcosMartes, 22 de septiembre de 2020
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David Mora fue Premio Nacional a la Innovación Pedagógica en 2009. © JORGE ZORRILLA

David Mora Ruano es inspector de Educación y creador del Programa de Alto Rendimiento Educativo para Opositores (PAREO), cuyo objetivo es servir de “puente” entre la universidad y los centros educativos. Fue también Premio Nacional a la Innovación Pedagógica en 2009 por el proyecto Compartiendo – entornos – colaborando. A su juicio, “la formación inicial debe sentar las bases de un proceso que nunca termina y que exige de un esfuerzo continuo”; por eso cree que “este periodo no puede ser irrelevante”.

¿Cómo se encuentra ahora la formación inicial docente en nuestro país?
—Teóricamente, es adecuada. Cuando uno se acerca a los planes de estudio de las titulaciones de Magisterio, de Pedagogía o al Máster de Formación del Profesorado y lee las asignaturas, te ilusionas, ves que se abordan diferentes contenidos que realmente son útiles. Sin embargo, según avanzas en los estudios, te vas dando cuenta que los contenidos de las materias no se corresponden tanto como pensabas con el título de estas, y te desanimas. Pensabas que ibas a ser el motor que impulse un cambio en la Educación, pero te encuentras que al terminar la carrera solo posees algunos contenidos teóricos alejados de la realidad de las aulas. En la formación inicial se deberían sentar las bases de un proceso que nunca termina y que exigirá de un esfuerzo continuo. Por eso tiene una importancia capital. Este periodo no puede ser irrelevante.

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Todavía no hemos asumido que la formación inicial del profesorado es cosa de dos: la universidad y los centros educativos

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¿Cuáles son sus fortalezas?
—Creo que hay dos muy importantes. La primera, la gran variedad de propuestas formativas. Cuando terminas la carrera puedes acceder a un máster que te especialice en el ámbito educativo que más te interese. La otra es que en España contamos con investigadores de gran relevancia y prestigio en nuestras universidades.

¿Y las debilidades?
—Hay una principalmente, y es que todavía no hemos asumido que la formación inicial del profesorado es, al menos, cosa de dos. Por un lado, la universidad, por otro, los centros educativos. Avanzar en la colaboración permitirá contextualizar las prácticas pedagógicas. Para ello, todos debemos arrimar el hombro. Las escuelas deberían empezar a tener en cuenta las investigaciones de la universidad, y esta debería hacer dos cosas: prestar atención a las condiciones reales en las que se da el trabajo docente y reconocer que en las instituciones educativas se construye conocimiento válido y útil.

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Tenemos que incidir en las redes de colaboración entre centros y profesores para el intercambio de experiencias

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¿Qué cambios habría que hacer en los programas formativos de las facultades de Educación?
—En los programas poco, pero en la docencia universitaria y en los contenidos y competencias que se desarrollan debería cambiar mucho, porque no son tan reales como deberían. Todo pasa primero por dejar hueco a aquellos profesionales que en los centros educativos están marcando la diferencia. Además, se deberían impulsar las buenas prácticas en las escuelas y estas deberían convertirse en auténticos centros de formación de los futuros docentes.

¿Qué déficits intenta solventar el Programa PAREO?
—El Programa de Alto Rendimiento Educativo para Opositores (PAREO) nació principalmente para servir de “puente” entre la universidad y los centros educativos. Es un complemento formativo en el que participan más de 90 profesionales de primer nivel y expertos en el conocimiento del ámbito educativo, que están desempeñando su trabajo en las escuelas o en proyectos de formación para docentes y que pueden acercar a los futuros profesores a la realidad de la enseñanza. Además, creo que en Educación hace falta crear comunidades de aprendizaje, y este programa te permite entrar en contacto con otros docentes. Tenemos que incidir en las redes de colaboración entre centros y profesores para el intercambio de experiencias. Y, por último, necesitamos empezar a ilusionarnos en Educación: si no encontramos el “para qué” hacemos lo que hacemos, no podremos ser agentes de transformación. Estos son los objetivos del Programa PAREO.

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La incorporación a los centros debe formar parte del proceso selectivo y los docentes noveles deberían ser tutorizados por los mejores profesores

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¿Qué competencias debe tener un profesor en la actualidad?
—La labor docente se está haciendo cada vez más compleja. Como sociedad tenemos que empezar a dejar de transmitir que ser maestro es una profesión cómoda en la que solo se ve que tienes un puesto fijo, un salario digno y un horario laboral y unas vacaciones bastante atractivas. Como todos sabemos, es una profesión vocacional. Para mí hay cuatro competencias clave: capacidad para aprender a aprender –lo que implica estar permanentemente actualizado a nivel científico y didáctico–; capacidad para comunicar; capacidad para transformar la realidad; y capacidad de ponerse en la piel de todos los miembros de la comunidad educativa, es decir, empatía.

¿Eres partidario de prácticas tuteladas a través de una especie de MIR educativo?
—Esta idea del MIR educativo ya la llevamos escuchando desde hace tiempo, pero hasta ahora no se ha definido. La ministra de Educación anunció en febrero, junto al anteproyecto de Lomloe, la futura regulación de la formación inicial y permanente, así como el acceso al puesto de trabajo y el desarrollo de la carrera profesional docente. Sonaba muy interesante, pero falta la concreción. Mientras llega ese momento que todos esperamos, se deberían potenciar dos elementos claves en la mejora de la enseñanza: por un lado, que la fase de prácticas una vez superada la fase de oposición cobre la relevancia que la normativa le da. La incorporación a los centros debe formar parte de verdad del proceso selectivo y los docentes noveles deberían ser tutorizados por los mejores profesores y maestros. Por otro lado, se debe potenciar la evaluación continua docente a lo largo de toda la carrera profesional. La combinación de ambas evaluaciones hará, sin duda, que mejore la calidad de la enseñanza.

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Tenemos que ser auténticos técnicos educativos, y eso conlleva introducir en las escuelas lo que la investigación científica nos está diciendo que funciona

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¿Debería ser más exigente el acceso a la función docente?
—Creo que el proceso actual es ya bastante exigente, con un nivel de competencia muy grande, ya que se presentan muchos aspirantes. Se hace difícil entrar. Más que la exigencia que, por supuesto, no debería reducirse, tenemos que apostar porque los mejores sean los que eduquen y formen a las futuras generaciones. Pero no los mejores memorizando, sino los mejores enseñando. Y eso no se puede demostrar únicamente escribiendo un tema, resolviendo un supuesto ideal y alejado de la realidad o exponiendo en tiempo récord una programación didáctica. Esto se demuestra día a día en las aulas y en la puesta en marcha de la práctica docente; por ello, la fase de prácticas debería ser muy importante, pues es el último eslabón de la cadena del proceso selectivo de los docentes.

¿Tenemos una buena formación permanente del profesorado?
La oferta de cursos de actualización y formación es muy amplia. En este sentido, podemos afirmar que tenemos una gran variedad temática. Sin embargo, creo que hay dos aspectos a mejorar. El primero en relación con la utilidad. Necesitamos que la formación que se imparta sea lo más práctica posible y realista, es decir, que se pueda llevar a cabo en el aula. Por otro lado, falta actualización científica. Sería impensable que, en otros ámbitos profesionales, en la medicina, por ejemplo, no se aplicasen los últimos avances a los pacientes. Nos parecería inexplicable. Pues este principio también se debe de aplicar en las aulas. Tenemos que ser auténticos técnicos educativos, y eso conlleva introducir en las escuelas lo que la investigación científica nos está diciendo que funciona. Si no lo hacemos así, solo seremos aficionados a la pedagogía. Lo que nos diferencia realmente de otros profesionales es nuestro conocimiento de la didáctica.

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