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Lola Cabrillana: "Me despierto cada día con mensajes de odio por ser gitana"

Lola Cabrillana es maestra, escritora y vendedora en un mercadillo, pero se la conoce especialmente por su activismo en redes sociales para mostrar los valores del pueblo gitano y eliminar los mitos que aún persisten. No es fácil: "Me despierto cada día con mensajes de odio por tener raíces gitanas".
Ana RodrigoMartes, 6 de febrero de 2024
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Lola Cabrillana es maestra, escritora y vendedora en un mercadillo.

Ha sido distinguida en los Premios Fundación Secretariado Gitano «por ser una voz gitana que desde la literatura y las redes sociales da a conocer la cultura y valores gitanos, rompe estereotipos y denuncia la desigualdad y discriminación del pueblo gitano», que recogerá el próximo el 22 de febrero en Madrid. Con sus dos libros Voces color Canela y La maestra gitana muestra historias de mujeres gitanas que borran esos estereotipos que persisten año tras año: «que los gitanos son pobres, son ladrones y son gente que vive al margen de la sociedad y que no quiere adaptarse», explica en una entrevista a Efe.

Las redes sociales, y sus 40.000 seguidores en X y casi 11.000 en Instagram, fueron el trampolín para lanzarse a la aventura literaria. Pero también son el campo de batalla diario en una lucha dispuesta a enfrentar. «Cada vez hay más odio contra el pueblo gitano, tristemente es así. Es en algo que yo pensaba que no íbamos a retroceder, pero en los últimos tiempos yo me asombro de despertarme con mensajes privados casi a diario donde me demuestran el odio simplemente porque tengo raíces gitanas», cuenta.

No encuentra argumentos en esos mensajes y vídeos. En uno de ellos le están quemando su libro. «Los comentarios que acompañan al vídeo son que una gitana no puede triunfar, que en qué país estamos donde los gitanos van cogiendo estatus, que qué podemos esperar; son argumentos vacíos y sin ningún sentido». «El anonimato de las redes da mucho juego a personas para escupir su veneno y su odio de una manera muy visceral», añade Cabrillana.

Cree que el odio en redes sociales se combate visualizándolo y luchando para dignificar el papel de la mujer gitana, «para que se empodere y tenga voz propia». «Han sido las redes sociales las que me han dado voz con la que  he podido tener un activismo digamos muy llamativo y esto me ha llevado a la escritura», expone Cabrillana quien, animada por sus seguidores, autopublicó Voces color Canela, donde cuenta la historia de 10 mujeres gitanas que sufren el racismo, «lo canalizan y tiran para adelante». Pero sobre todo, para esta maestra, es la educación «el arma más poderosa para cambiar las cosas».

«Antes estaba muy mal visto ser racista, te ocultabas, lo disimulabas, pero hoy en día está totalmente aceptado que no te guste un tipo de persona o una minoría y que puedas expresarlo y manifestarlo sin ningún pudor», reflexiona.

Gitana, mujer, influencer, educadora…

«Lo primero que soy es una mujer con raíces gitanas, que siempre lo ha tenido muy claro en la vida que quería estudiar y formarse; me considero maestra, después escritora y ya por último vendedora en un mercadillo ayudando a mi hermana que es emprendedora y artesana». Trabaja como profesora de Educación Infantil en un colegio de la barriada Palma-Palmilla de Málaga. «Es un barrio con alto grado de pobreza, en mi clase por ejemplo la mayoría son alumnos gitanos y migrantes».

Sus alumnos aún no perciben las discriminaciones. «Todavía son muy pequeños, no sienten que sean diferentes. Hay niños que ya saben su identidad y conocen que son niños gitanos y lo que significa; eso también lo trabajamos en clase porque es muy importante que conozcan esos valores que marcan la diferencia, como el de la familia». «El mayor problema que se encuentra ahora mismo el sistema educativo ante la población gitana es que no ofrece una escuela cercana, que conozca su cultura, su historia y que la reconozca también, porque no solo hay que conocerla, hay que reconocerla», asevera.

Esta profesora recuerda que la nueva ley de educación establece como obligatorio incluir en los planes de Primaria y Secundaria la cultura y la historia del pueblo gitano. «Pero tristemente no se está haciendo, se ha confundido con trabajar el Día del pueblo gitano». «En los libros de historia está totalmente anulado, no se estudia la historia del pueblo gitano aunque forma parte de España».

Es consciente de que el elevado fracaso escolar que acompaña a los niños gitanos (el 40% no concluye sus estudios obligatorios frente a un 13,6% del conjunto del alumnado) les cierra luego puertas, del mercado laboral y a sentirse integrados en la sociedad. «La escuela no es una escuela cercana, no es una escuela donde se sientan identificados y acogidos y luego también pesa el que todavía falte que se valore dentro del pueblo gitano la educación como un instrumento y una herramienta para la vida», opina.

Cabrillana incide además en que las situaciones de vulnerabilidad y de pobreza no facilitan las oportunidades para acceder a los estudios. «Si tienes que ayudar a tu familia en el mercadillo o en el negocio familiar para sacar adelante la economía de sus hogares es difícil que te puedas enganchar en un sistema educativo». «Muchos de los niños se pierden por el camino, eso es una realidad que no podemos obviar y por la que tenemos que luchar».

En el mercadillo: «Estos pendientes me agitanan»

Su aspecto no le delata, bromea. Es rubia y no tiene los rasgos que acompañan el prototipo de mujer gitana, quizás por eso ha sentido menos discriminación que «otras primas». Pero no le faltan anécdotas como vendedora en el mercadillo. «A veces mi hermana enseña el libro y explica que lo he escrito yo y no se lo cree nadie, tiene que mostrar mi foto de la contraportada para que comprueben que una chica con raíces gitanas ha escrito un libro, o un día una señora se probó unos pendientes así a mano alzada y me dijo que le enseñara otros que esos le agitanaban mucho». Otro día, se quejaba del calor bajo los toldos y una señora que pasaba le dijo: «Pues haber estudiado». «Es increíble, mire he estudiado dos carreras y tengo otra cosa que usted no tiene, que es educación», le respondió.

Está satisfecha con el respeto y la aceptación que ha recibido desde la comunidad gitana. «Cuando escribí La maestra gitana daba la opinión sobre ciertos temas que eran complicados y pensé que iba a haber una parte conservadora de mi pueblo que no lo iba a aceptar, pero ha sido todo lo contrario, se ha respetado mi opinión, se me ha apoyado y se me ha valorado». «Creo que el pueblo gitano tiene mucho que enseñarnos, sobre todo ahora que hay tanta carencia de valores. El valor de la familia, la unión familiar, ese estar ahí sin condiciones, y el respeto a los mayores que tanta falta hacen, nos ofrecen su experiencia de vida, a los que se quiere y se respeta en la misma medida», concluye.

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