Abandono educativo: dos décimas menos y un estancamiento que aleja el objetivo europeo
El abandono educativo temprano volvió a descender en 2025 hasta el 12,8%, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa. El Ministerio de Educación celebra el mínimo histórico y una caída acumulada de 7,2 puntos desde 2015, pero el último dato apenas mejora en dos décimas el de 2024.
La comparación interanual confirma la tendencia a la baja, aunque con una intensidad muy reducida. Frente a descensos cercanos a un punto anual hasta 2021, desde entonces la reducción apenas alcanza una décima por ejercicio, como muestran los gráficos publicados por Magisterio. Este ritmo sitúa a España en una posición comprometida. Manteniendo la actual cadencia, serían necesarios cerca de 40 años para alcanzar el objetivo del 9% de abandono educativo fijado por la Unión Europea para 2030, es decir, dentro de solo cuatro años.
Peses a ello, el discurso oficial insiste en el éxito de las políticas desplegadas, un enfoque que para muchos expertos incurre en un claro triunfalismo y oculta la falta de nuevas ideas capaces de reactivar una reducción más ambiciosa. La nota de prensa del Ministerio subraya que la distancia con la media europea se ha reducido a 3,4 puntos, frente a los nueve puntos de hace una década. Sin embargo, la comparación con la media comunitaria también pone de relieve que España sigue entre los países con mayor abandono.
Las diferencias por sexo continúan siendo muy significativas. En 2025, el abandono entre los hombres se situó en el 15,9%, frente al 9,5% de las mujeres, una brecha de 6,4 puntos porcentuales que apenas se corrige con el paso de los años.
Desde Funcas, el investigador Ismael Sanz advertía en Magisterio de que «el abandono escolar continúa siendo un fenómeno profundamente desigual desde el punto de vista social». La probabilidad de dejar los estudios es mayor entre jóvenes de entornos socioeconómicos desfavorecidos. Sanz recordaba además que la dificultad para reducir la tasa de abandono por debajo del umbral del 12% sugiere que las políticas aplicadas hasta ahora, aunque efectivas, resultan insuficientes para abordar los factores más persistentes del fenómeno.
El Ministerio destaca iniciativas como PROA+, con una inversión de 360 millones de euros, o la transformación de la Formación Profesional. No obstante, la evolución reciente sugiere que estos programas han agotado su capacidad de impacto. La propia EPA refleja mejoras en la población de 20 a 24 años que alcanza al menos la segunda etapa de Secundaria, pero sin un efecto claro sobre el abandono temprano, especialmente en los colectivos de mayor riesgo.
En este contexto, hace unos meses se celebró una jornada de colaboración público-privada organizada por Siena Educación en la Fundación Ortega-Marañón, con el objetivo de aportar nuevas ideas frente al estancamiento. El diagnóstico compartido fue claro: es necesario pasar de políticas generalistas a medidas mucho más quirúrgicas, dirigidas a los grupos de población con mayor probabilidad de abandonar el sistema educativo.
Entre las propuestas presentadas destacó el apoyo de la Fundación La Caixa, durante cinco años, a la herramienta Dytective, desarrollada por Change Dyslexia para identificar y acompañar al alumnado con dislexia. La evidencia científica muestra que la dislexia está detrás de un porcentaje muy significativo del abandono educativo, al igual que otros trastornos del aprendizaje como el TDAH, que siguen infraatendidos en el sistema.
Además, los expertos insisten en la necesidad de un abordaje integral que vaya más allá del ámbito académico y atienda los problemas de salud, la salud mental y el bienestar emocional de los alumnos. Con frecuencia se habla de las «mochilas» con las que los estudiantes se enfrentan a la escuela, cargas que incluyen desde trastornos emocionales hasta situaciones familiares complejas o conductas adictivas. Sin atender este malestar y estas realidades, advierten los expertos, difícilmente se solucionarán los problemas académicos y, por tanto, el abandono escolar.
También se subrayó la necesidad de actuar por etapas y tipos de estudios. En comunidades como Castilla y León o la Comunidad Valenciana se han puesto en marcha programas específicos en FP Básica y FP de Grado Medio. En el caso de la FP Básica, el abandono supera el 50% en algunas provincias, lo que la convierte en un foco prioritario de intervención si se quiere reducir de forma sostenida el abandono educativo.
Otra de las iniciativas destacadas fue la de los programas de segunda oportunidad, como el programa Jove Oportunitat del Institut Valencià de la Joventut (IVAJ) por el que cada curso pasan casi un millar de jóvenes que han abandonado los estudios de más de 70 poblaciones de toda la Comunidad valenciana.
Este modelo logra que dos de cada tres jóvenes que habían abandonado los estudios regresen al sistema educativo, unos resultados que contrastan con la escasa mejora global del indicador nacional. ¿Cómo se consigue algo que puede parecer imposible? Mediante una metodología de acompañamiento de coaching psicopedagógico, desarrollado en 5 módulos a lo largo de 6 meses (más otros 6 de control), especialmente diseñado para este perfil de jóvenes.
En otro orden de medidas, el investigador Ismael Sanz sugirió la utilidad de poner en marcha campañas publicitarias destinadas a animar a los jóvenes a no abandonar los estudios en favor de empleos fáciles pero poco prometedores a largo plazo. «Está demostrado que campañas de concienciación específicas logran reducir la tasa de abandono educativo entre uno y dos puntos«, sostiene Sanz, y cita experiencias positivas en otros países europeos donde, tras la difusión de estos mensajes, se observó una bajada significativa del abandono escolar temprano.
Como ya publicamos en Magisterio, los expertos coinciden en que sin una estrategia integral, que combine medidas educativas, sociales, de salud y de bienestar emocional, España difícilmente cumplirá los compromisos europeos. El descenso a 12,8% confirma la tendencia, pero también evidencia que, sin un cambio de rumbo, el objetivo del 9% en 2030 seguirá siendo una meta cada vez más lejana.
