Mi hijo adolescente está enamorado: ¿Qué puedo hacer como padre?

Acompañar a los adolescentes en sus primeras relaciones, ayudarles a gestionar rupturas y potenciar habilidades emocionales es clave para que estas experiencias sean positivas.
Alba BartoloméViernes, 13 de febrero de 2026
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© FREEPIK

Un año más, lo celebres o no, San Valentín ya está aquí. La fecha vuelve a dividir opiniones entre quienes viven con ilusión este día y quienes lo rechazan por considerar esta fecha demasiado comercial, pero hay una realidad que permanece intacta: el amor, especialmente el primero, sigue siendo una de las experiencias emocionales más intensas que se viven en la adolescencia.

Para muchos jóvenes, estas fechas coinciden con sus primeros enamoramientos, con emociones nuevas que se experimentan sin filtros y con relaciones que se viven como un absoluto. En una etapa vital marcada por los cambios, la búsqueda de identidad y una fuerte exposición social y digital, cada sentimiento parece multiplicarse, y cada vínculo deja una huella profunda.

Lejos de ser algo trivial, estos primeros vínculos sentimentales tienen un impacto directo en el desarrollo emocional de los jóvenes. Generan aprendizajes, pero también dudas, miedos e inseguridades que, si no se acompañan adecuadamente, pueden derivar en malestar. Para las familias, entender qué ocurre en este momento y cómo estar presentes sin invadir se ha convertido en uno de los grandes retos educativos.

Hablamos con Nuria Paz, psicóloga educativa y general sanitaria, para entender por qué los primeros amores se viven con tanta intensidad, qué papel juegan las familias en esta etapa y cómo acompañar emocionalmente a los adolescentes en sus primeras experiencias afectivas sin minimizar lo que sienten ni sobreprotegerlos.

Los primeros amores suelen vivirse con mucha intensidad durante la adolescencia. ¿A qué se debe que estas emociones parezcan tan “todo o nada” en esta etapa de la vida?

–Cuando vivimos experiencias novedosas, donde no hay referentes previos claros, como ocurre en el caso de los primeros amores, es esperable que se descubran nuevas emociones y se vivan con un carácter más intenso y absoluto, que haya que aprender a conocer y gestionar. Hablar de experimentar por primera vez el amor, y especialmente si hablamos de la etapa de la adolescencia, es también hablar del inicio a un desarrollo más complejo de la identidad, o referente a conductas y peticiones de cuidado, así como el descubrimiento de nuevas formas de vincular afectivamente, lo que intensifica la experiencia, al ser ámbitos donde nos vemos atravesados emocionalmente.

Sin embargo, la forma en que se afrontan estas primeras relaciones depende en gran medida del bagaje emocional previo. Haber crecido en entornos donde se fomenta la confianza, el autoconocimiento, la expresión emocional y los límites actúa como un factor protector, ayudando a regular la intensidad y a vivir el vínculo desde un lugar más seguro.

¿Qué impacto tienen estas primeras relaciones en el desarrollo emocional de los adolescentes?

–El impacto estará influenciado en gran medida, por las experiencias previas de apego que el adolescente haya vivido antes de su primera relación, así como del tipo de vínculo que se establezca después dentro de esta.

Cada relación va construyendo, consciente o inconscientemente, un relato interno sobre qué significa querer y ser queridos. Emocionalmente, no es lo mismo poder crecer en una relación basada en el apoyo, la escucha y el cuidado que hacerlo en otra donde la valía personal se ve cuestionada de forma reiterada. Los mensajes que se interiorizan en cada una de ellas, influirán en lo que me cuento que soy, necesito y merezco, y eso tendrá una influencia en mis posteriores relaciones.

Dentro de una relación segura, puedo además generar el espacio adecuado para sentir sin rechazo esta emocionalidad más intensa y desconocida de la que hablábamos, lo que facilitará ir generando aprendizajes y herramientas emocionales de cara a relaciones futuras.

¿Influyen las primeras relaciones en la autoestima de los adolescentes?

–Sí, las primeras relaciones tienen un gran peso en la construcción de la autoestima, ya que en esta etapa la imagen personal todavía se está formando. Sentirse querido, respetado y escuchado refuerza la percepción de valía, mientras que vivir vínculos donde hay control, rechazo o invalidación emocional puede generar incomprensión, vacío y dudas profundas.

Por eso es clave que los adolescentes aprendan desde el inicio que una relación sana no pone en cuestión quién eres ni te obliga a renunciar a lo que sientes para ser aceptado.

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Sentirse querido, respetado y escuchado refuerza la percepción de valía

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¿Cómo pueden las familias acompañar a sus hijos/hijas en sus primeras relaciones sentimentales?

–El entorno familiar debe ofrecer apoyo y límites a partes iguales. Uno de los errores más habituales es infantilizar los deseos y sentimientos de los adolescentes, olvidando que los adultos también pasamos por esa etapa y que lo que sienten es real.

Es importante recordar que no somos sus amigos, pero sí debemos encontrar un equilibrio entre la escucha y el acompañamiento, y el establecimiento de límites que les cuiden y respeten sus necesidades. La dificultad está precisamente ahí. Los adolescentes necesitan sentirnos cercanos, atentos y genuinamente interesados en lo que les importa. Cuando perciben que ese interés busca solo controlar o “sacar información”, se cierran y se alejan.

La escucha activa no debe alejarnos del rol educativo, que implica marcar límites claros: horarios, uso de redes, educación afectivo-sexual y, según la edad, ofrecer recursos de protección para la salud sexual. El papel de los adultos cuidadores tiene más que ver con escuchar, prevenir y acompañar —especialmente cuando algo va mal— que con controlar o imponer.

Hablas de controlar, imponer… ¿qué hay de la sobreprotección?

–También es un comportamiento frecuente en muchas familias. Sabemos que estamos sobreprotegiendo cuando no les dejamos elegir en situaciones para las que están capacitados para hacerlo, cuando ponemos sobre nosotros responsabilidades que podrían ser perfectamente suyas por edad y madurez.

El desafío para las familias es decidir cuándo permitir que los adolescentes experimenten y cuándo intervenir como adultos y contener y proteger, por eso la importancia absoluta de escuchar al adolescente y al entorno, e incluso a uno mismo como padre/madre, antes de tomar decisiones permanentes. A medida que crecen, las pautas han de flexibilizarse, seleccionando siempre un espacio donde puedan elegir y equivocarse. La sobreprotección, en cambio, limita la autonomía que sí les pertenece, reduce su capacidad de decisión y frena el aprendizaje emocional.

¿Qué señales o comportamientos deberían alertar a las familias de que una relación adolescente puede no ser saludable?

–Una relación no saludable es aquella en la que la persona, o en este caso el adolescente, va perdiendo progresivamente aspectos relativos a su sensación de libertad, su valía e incluso su identidad. Esto no siempre es igual de visible, pero sí puede comenzar a observarse en conductas más “sutiles” —como irritabilidad excesiva, descuido de amigos o actividades que antes disfrutaba, cambios en hábitos de sueño o alimentación, o mensajes contradictorios sobre su relación— y puede intensificarse hasta afectar su bienestar emocional.

Un factor protector clave es la confianza que se haya construido con los padres a lo largo de los años. Que el adolescente recurra a sus adultos ante cualquier dificultad indica que se siente seguro para pedir ayuda, lo que es una señal positiva de vínculo saludable y resiliencia emocional.

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Que el adolescente recurra a sus adultos ante cualquier dificultad indica que se siente seguro para pedir ayuda

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En caso de ruptura, ¿cómo pueden las familias acompañar a los adolescentes?

–El acompañamiento más efectivo consiste en escuchar sin exigir. Si el adolescente quiere hablar, lo escuchamos; si no, respetamos su silencio. Si por ejemplo, comienza otra relación lo que para nosotros es demasiado pronto, es mejor preguntar y escuchar antes de dar nuestra opinión. Estos momentos difíciles ofrecen una oportunidad para demostrarles interés y refugio si lo piden, pero también respeto.

El objetivo no es que estén bien a toda costa, sino permitir que atraviesen las emociones que necesiten sin censura ni juicio. Sentir es inevitable y además es saludable. Sí debemos interceder e intervenir sin embargo, si las conductas asociadas a estas emociones se vuelven dañinas. Sentir ansiedad o rabia es saludable en estos casos, dar golpes o dejar de comer, no lo es. Ahí de nuevo, equilibrar el rol, y tras comprender la situación, reconducir con decisiones adultas.

¿Qué aprendizajes emocionales clave suelen extraer los adolescentes de sus primeras experiencias afectivas?

–Las primeras relaciones se vuelven espejos en los que se descubren a sí mismos a través de la mirada del otro, y descubren al otro desde una mirada propia, que por otro lado también está aprendiendo a mirar y es cambiante. Se trata de experiencias ampliamente vivenciales donde uno complejiza su capacidad de sentir, y en función del tipo de vínculo, aprende a identificar y obtener pautas internas y externas sobre cómo responder a esta emocionalidad. Se van descubriendo deseos y fortalezas y también carencias y torpezas. Uno se descubre más honestamente cuando vive las cosas más allá de imaginarlas.

Sea cual sea el desenlace de esa relación, o si ha sido más saludable o más complicada, ofrecerá aprendizajes propios de haber atravesado una experiencia emocional: conocimiento distinto sobre las propias necesidades, forma de vincular, dificultad o facilidad para pedir lo que se necesita o cuidar lo que necesita el otro, y si se sabe analizar con cariño y sin métodos de automachaque, permitirán y formarán parte del crecimiento emocional y vincular.

La presión social y las redes sociales influyen mucho en estas relaciones. ¿Cómo puede un adolescente mantener límites sanos en un entorno digital tan expuesto?

–Hablamos de entornos que tienen un alto poder atractivo para ellos, pero a la vez, no podemos negar su potencial adictivo y creo que aquí, somos los adultos los que tenemos que mantener esos límites por ellos. No digo prohibir, pero sí limitar y supervisar el uso que hacen de ellas.

Son entornos que cuentan con un gran poder sobre necesidades que para ellos son especialmente importantes en su etapa del desarrollo: validación social, estética, sensación de éxito, de conexión, etc, aspectos que les enganchan y con los que sin duda, también disfrutan y se vinculan, pero considero que no podemos tampoco olvidar que les estamos exponiendo también a los riesgos que están en la otra cara de la moneda, sin que tengan realmente, la capacidad madurativa para ser ellos quienes sepan dilucidar dentro de estos: sobreexposición, desinformación y manipulación, aislamiento, medio de ampliación de la agresividad y el bullying, acoso sexual… En este caso, considero que proteger es justamente no dejarles solos en este tipo de entornos y que las pautas existan y vengan de adultos.

¿Qué estrategias recomiendan para fomentar un diálogo abierto en casa sobre sentimientos y relaciones sin que los adolescentes sientan que se les “espía”?

–Se trata de respetar sus límites y mostrar interés genuino, sin presionar. Compartir nuestras experiencias afectivas, hablar de nuestro día y validar su derecho a no contar todo crea un clima de confianza y apertura.

Dejarles la puerta abierta a expresarse, y mostrar nosotros primero vulnerabilidad y apertura emocional, es la forma más eficaz de que se acerquen y confíen. Sembrar primero es fundamental para poder recoger después.

¿Qué habilidades emocionales que se desarrollan en las primeras relaciones amorosas acompañan a los jóvenes durante toda su vida afectiva?

–Las primeras relaciones son los primeros espacios de apego no infantil, y con carácter afectivo-sexual, donde aprendemos a mostrarnos en muchos sentidos, desear y rechazar, expresar y también esperar. Nos ayudan a construir conjuntamente las respuestas a preguntas que nos darán mucha base emocional en la edad adulta: por qué aquí sí, por qué esto no, por qué de repente siento esto al hacer lo otro, por qué a ti te ocurre distinto, porque aquí somos tan iguales y aquí tan distintos y qué se va haciendo conjuntamente y por separado, para integrarse en esos dos descubrimientos paralelos que se mezclan. Son experiencias muy potentes a nivel desarrollo, no siempre tiene que ser la primera, sino la que proporciona esas posibilidades de construir. Habilidades como el conocimiento mutuo, la relación con uno mismo y la capacidad de vincular, la curiosidad y la escucha, la tolerancia a la frustración y a las esperas, la confianza, son herramientas que acompañan a los jóvenes a lo largo de la vida, tanto en sus relaciones con otros como en la relación consigo mismos.

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