Más allá de plantar flores: renaturalizar los patios escolares, una tarea a largo plazo
Visita de la Dirección General de Infraestructuras y Equipamientos de la Consejería de Educación de Canarias a Barcelona para conocer soluciones innovadoras para adaptar los patios al cambio climático.
El trabajo va mucho más allá de plantar flores, quitar asfalto o crear zonas de sombra, explica Mamen Artero, arquitecta y permacultora de El Globus Verd, colectivo de arquitectos que promueve la renaturalización urbana.
«Eso es lo que se ve al final. Hace falta quitar cemento, sí, pero para renaturalizar es necesario enriquecer el suelo, que el agua se quede en el terreno, y se consigue excavando y haciendo zanjas de drenaje», señala Artero, con una experiencia de más de 15 años en este ámbito. «Entonces podemos empezar a pensar qué plantas u objetos veremos al final. Pero primero hay que soñar qué queremos que pase en ese patio y adecuar el lugar para crear el paisaje que buscamos», insiste.
Coincidiendo con las olas de calor de los últimos años, Artero ha percibido un creciente interés, «a veces de manera tímida, a veces más potente», por la renaturalización de los patios escolares tanto en ciudades grandes como -y esto es más novedoso- en localidades pequeñas. El suelo de los centros escolares es muchas veces de titularidad municipal y los ayuntamientos empiezan a cuestionarse qué hacer con los patios y cómo darles uso también fuera del horario lectivo. Gracias a los incentivos para la adaptación climática, las administraciones locales encuentran vías para financiar esos planes.
«Nosotros somos un despacho de arquitectura que ejecutamos proyectos y divulgamos el tema y hemos visto cómo ha evolucionado», señala la arquitecta, coordinadora también del programa ‘patios x clima’.
Familias, escuelas, municipios
Al principio fueron las familias de la mano de las escuelas las que buscaron ese cambio y se interesaron por hacer algo distinto con sus patios. «Pero después, cuando llamaba una familia le preguntábamos: ¿En dónde está la dirección de la escuela, que dice pedagógicamente? ¿Y qué dice tu municipio? Desde el principio tienen que estar los tres agentes», subraya Artero, que para quien la «triple pata» pedagógica, social y medioambiental es imprescindible para que el proyecto sea un éxito.
«Tú puedes soñar, pero si después no tienes el apoyo del municipio no podrás hacer lo soñado», dice la arquitecta, que señala que hay proyectos de 200.000-300.000 euros que las familias no tienen por qué asumir. «Entre todos tenemos que aceptar que queremos un cambio y poner las condiciones técnicas y económicas para que sea posible».
Artero no ve actualmente diferencia en el color político de los ayuntamientos a la hora de acometer la renaturalización de los patios, al menos para aprovechar los recursos asociados a infraestructura verde, medioambiente o cambio climático. «Después, que se ejecuten con mayor o menor consistencia pedagógica y social, eso ya es otra cosa», agrega.
Entre las ventajas de renaturalizar un patio escolar, menciona algunas a nivel pedagógico relacionadas con la psicomotricidad y las capacidades de desarrollo de niños y adultos y, en cuanto a las temperaturas, una mejora tanto en exteriores como en las aulas. «No es solo calcular cuánto he mejorado hidrotérmicamente o qué sensación térmica tengo en ese patio: también dentro del edificio, porque el aire que entra puede bajar dos-cinco grados», destaca.
También se refiere a otras consecuencias medioambientales a largo plazo, como el incremento de la biodiversidad en la ciudad, y sociales, como la unión de una comunidad educativa por una meta común, «con la mirada muy abierta hacia cuál es su barrio, cuál es su ciudad, que necesidades tienen». Artero menciona el caso del Instituto-Escuela Carles Capdevila de Balenyà (Barcelona), donde en enero se concluyó la primera fase del proyecto de naturalización, por 150.000 euros, «cuatro años después del momento cero» en que echó a andar la idea.
«Es un proceso largo, con licencias, permisos, obras, en un espacio educativo en el que incluso se cambian metodologías de cómo trabajar, introduciendo el patio en el proyecto educativo del centro», asegura.




