El futuro comienza en Thames British School: cómo el currículo británico prepara a los alumnos para la universidad
Para poner el broche de oro a nuestra visita a los alumnos de Thames British School, nos hemos citado en la biblioteca con dos alumnas brillantes. Lucía, a la derecha, lleva en el centro educativo privado desde que lo abrieron. “Empecé en Year 1, en la planta más baja de Primaria. Ha cambiado muchísimo”, declara. Según cuenta esta alumna madrileña, su paso por el colegio le ha permitido “conocer a muchísima gente de lugares muy diferentes, incluso dentro de España. Hay personas con contextos culturales distintos”.
Al otro lado de la mesa está Liza, representante de los alumnos, organizadora de eventos escolares y portavoz de Secundaria. Liza está a punto de graduarse y comparte con nosotros unas ganas enormes de comenzar la próxima etapa de su vida. “Es un nuevo capítulo. Estoy a punto de conocer a muchísima gente nueva y emprender este nuevo camino lleno de posibilidades. Estoy a punto de empezar una nueva historia, tengo muchas metas y sueños y sé lo que quiero en esta vida, así que voy a ir a por ello”, expresa, con gran seguridad.
Con esa misma seguridad habla de sus amigos. “Llegué a este colegio en Year 10 y he estado en seis diferentes a lo largo de mi vida, y en cada uno tenía que empezar desde cero. Aquí fue un proceso formar el grupo de amigos… pero son los mejores”, señala, y añade lo increíble que es “tener un grupo de personas tan diverso”. “Lo interesante es que tenemos amigos de distintos países, con diferentes perspectivas y nacionalidades”, asegura.
En el centro de la mesa, acompañándolas, está Mr. Parkinson. El orientador académico, quien antes de comenzar la entrevista nos ha preguntado de qué tipo es para entender su papel en este encuentro, no duda a la hora de apoyar a sus alumnas, compartir su perspectiva y conocimientos y ser uno más en esta charla tan amena. Según nos dice, en Thames British School se juntan alumnos de hasta 32 nacionalidades, cada uno diferente. “Hay católicos, protestantes, musulmanes, alumnos ortodoxos rusos y otros. El hecho de ponerles en asignaturas en las que tienen que colaborar en proyectos, debatir y argumentar es una forma muy buena de que aprendan a colaborar con distintas culturas”, apunta.
Lucía lleva en este centro, en el que se imparte el currículo británico, desde el inicio de su actividad. “Lo mejor es que llegas a conocer a todo el personal y a todos los alumnos. Hay personas que han estado conmigo durante todo mi recorrido aquí, doce años”, comenta. A lo largo de ese camino ha sido testigo de “las distintas etapas del colegio, de cómo diferentes directores lo han dirigido y cómo hemos crecido con mucha gente nueva”. “El colegio empezó con muy pocos alumnos, y ahora somos muchos”, valora. “350”, concreta Mr. Parkinson.
Según narra la madrileña, en sus inicios, Thames British School ofrecía educación para los cursos de Nursery, Reception, Year 1 y Year 2 (lo equivalente en el sistema educativo español a Infantil y los primeros cursos de Educación Primaria). “Ha sido todo un camino desde Year 1 hasta ahora, Year 12”, valora. En él, considera que lo más difícil ha sido “conocer a diferentes profesores cada año, sobre todo en Primaria”. Por su parte, su compañera Liza opina que su mayor reto ha sido adaptarse “a un país donde no conocía el idioma, aprender español desde cero”. Pese a eso, subraya que ahora le resulta “muy fácil” gracias al apoyo de sus profesores y amigos.
Ambas estudiantes coinciden en sus opiniones sobre sus docentes. “Nuestros profesores son muy amables. Están interesados en tener una buena relación con nosotros y en ayudarnos lo mejor que pueden, lo que hace que tengamos más ganas de ir a clase”, destaca Liza, que incide en la ventaja de tener clases más pequeñas en A Level, donde se especializan en determinadas asignaturas, para “estar más en contacto con el profesor”. “Se crea un vínculo más cercano”, afirma.
Lucía comparte la opinión de su compañera. “Llegas a conocer mucho a tus profesores, especialmente en A Level. Tenemos profesores que nos apoyan mucho, se nota que les gusta lo que hacen y siempre buscan lo mejor para nosotros. Creo que todos tenemos una relación muy buena con ellos, son como nuestros pequeños padres aquí”, confirma.
Estos docentes son nativos y siguen el currículo británico, en torno al que, tal y como nos explican, “hay cierto desconocimiento”. “Es realmente distinto del currículo español. Es muy dinámico y participativo, siempre estás haciendo trabajo en clase y hay mucho trabajo en grupo, algo que es muy bueno para la universidad. Además del idioma: conoces a personas británicas de Londres, de Irlanda y de otros lugares”, repasa Lucía.
La estudiante madrileña valora la posibilidad de “diversificar”. Ella, que estudia Business y Matemáticas, sostiene que es una ventaja “estudiar esas asignaturas con mucha profundidad”. De Business, por ejemplo, analiza cómo “los proyectos se hacen al azar, así que conoces a personas con las que normalmente no hablarías. Conoces muchos contextos distintos e historias diferentes”.
Pese a las ventajas que exponen, estas alumnas reconocen que a personas de su propio entorno les cuesta entender esta metodología. “Mi padre sabe inglés y mi abuelo fue al British Council, pero incluso a mi padre le cuesta a veces entender ciertas cosas, especialmente el sistema de calificaciones o las letras de A Level”, mantiene Lucía.
Según la joven, “todo el mundo piensa que este es un colegio donde pagas por tus notas, como ocurre con algunas universidades privadas. Pero cuando lo explico, más o menos lo entienden. No es lo mismo. Especialmente comparado con el currículo español, hay una diferencia bastante grande”.
Para Liza, la elección de asignaturas es un factor que marca realmente la diferencia. “Cuando la gente me pregunta en qué curso estoy y digo “Year 13”… es confuso. Pero a todo el que le cuento que en este sistema puedo elegir las asignaturas que quiero, le parece muy interesante. Mis padres, por ejemplo, no tuvieron eso”, establece.
En relación a ese camino hacia los estudios superiores del que hablaba Lucía, Liza indica que “piden tener una visión global”. “Yo siempre sé qué responder porque tengo una experiencia en el colegio tan integrada en mí que me sale de forma natural”, asiente. La representante de los alumnos ve una ventaja en elegir “las asignaturas en las que quieres especializarte” en los A Levels.
“Yo sabía que no me interesaban mucho las Matemáticas ni las Ciencias, así que las eché de mi camino porque pude escoger tres o cuatro asignaturas. Elegí cuatro e hice lo que me gustaba”, explica, recordando que “en otros sistemas no se puede”.
Liza relata cómo esa especialización en los A Levels le “estimuló” y “motivó” para seguir el camino profesional que quería en la universidad. “Supe exactamente lo que quería gracias a haber podido elegir”, garantiza. Sin embargo, el proceso de tomar esta decisión “no fue claro en absoluto”. “Pasé de querer estudiar Cine en Estados Unidos a Relaciones Internacionales, y, finalmente, me di cuenta de que quería hacer Business”, cuenta, evocando y agradeciendo a Mr. Parkinson por una visita a IE University en la que descartó las opciones que había valorado hasta entonces. “Ahora voy a la universidad para estudiar Administración de Empresas con especialización en emprendimiento”, aclara.
Lucía, por su parte, también confiesa haber cambiado de opinión: antes quería estudiar Derecho, pero ahora se decanta por Business.
Parkinson también se pronuncia en torno a la relación entre el currículo británico y la universidad. “La colaboración y la comunicación son muy importantes en el sistema británico, y son precisamente lo que las empresas y las universidades siempre piden”, proclama. Según el profesor, “a menudo dicen que los estudiantes, cuando llegan, no saben colaborar ni comunicarse”. “Dentro del sistema británico intentamos desarrollar eso todo lo posible”, asegura.
Tras un rato de charla valorando las características del currículo británico, el papel e importancia de los profesores en Thames British School y compartiendo los gustos y expectativas de Lucía y Liza, nos dejamos llevar por la claridad y la seguridad que transmiten en su forma de expresarse y les pedimos que lleven su imaginación más allá de sus propias vidas. ¿Qué opinan del futuro (presente) de la educación y del impacto de la IA en las aulas?
“Creo que es una de las mejores habilidades para el trabajo o la universidad, es el futuro”, declara Lucía. “La IA tiene muchísimo potencial. La uso para mis redacciones, para argumentar ideas”, añade Liza, quien ve gran utilidad en esta tecnología “si los profesores y los currículos pudieran incorporarla enseñando cómo crear una presentación de forma más eficaz, eficiente y rápida”.
Según la portavoz de Secundaria, “las capacidades y el potencial de la IA son increíbles”. “Ahora puedes programar una app sin saber nada de programación. Si se pudiera implementar para aprender a usar estas habilidades a tu favor, porque el mundo cambia rápidamente, haría que las personas estuvieran más preparadas para el futuro”, expresa. Y advierte: “si el mundo cambia y nosotros no, vamos a acabar sentados sin saber qué hacer. Tenemos que aprovecharla”.
¿Dice lo mismo Mr. Parkinson? “Es un reto real para los colegios, un arma de doble filo”, comienza. Por un lado, tenemos que aprender a utilizarla y animar a los estudiantes. Pero, al mismo tiempo, tenemos que animarles a desarrollar también otras habilidades para la vida y no depender simplemente de que la IA lo haga todo”, alega. “Los colegios están aprendiendo sobre la marcha. Es interesante, es otra forma en que puedes desarrollar habilidades… pero es otra forma en que los alumnos pueden hacer trampas”, duda.
Lucía se suma al debate. “Depende de cómo la uses, de tu conocimiento, de cómo preguntes y de cómo le digas qué hacer”, aprecia. Al mismo tiempo, propone una misión a los centros educativos: “Si se enseña de otra manera, o si se muestra a los alumnos cómo usarla y cómo justificarla cuando la utilizan, creo que es un buen elemento”.
En lo que todos coinciden, recalca esta alumna madrileña, es en que “las capacidades humanas nunca podrán sustituirse”. “Hay carreras, como la educación que no pueden cambiarse. Necesitas tener una conversación de tú a tú y esa sensación de contacto humano entre una persona y otra. Además, los robots o cualquier cosa relacionada con la IA necesitan a un ser humano detrás. Aunque desaparezcan muchos trabajos, habrá otros nuevos relacionados con la tecnología y la IA, y esos robots y nuevos desarrollos de IA seguirán necesitando humanos”, proclama.
Liza se fija en un elemento clave, la empatía. “Los profesores aportan esa empatía. Es algo que no puedes encontrar en cualquier otro sitio. Un ser humano muestra emociones, y eso da a la gente una sensación de calidez. Los profesores son personas, y cuando estás haciendo algo frustrante quieres que personas te apoyen y motiven, no una máquina”, reflexiona. Esa empatía, además, es clave en algunos momentos. “Tienes que tener empatía con alguien que ha suspendido o saber cómo ayudarle de otra manera”, indica.
Para Parkinson, la diferencia es básica: “Es inteligencia emocional frente a inteligencia artificial”. “Eso es lo que necesitan los seres humanos. Lo obtenemos a través de nuestros amigos, familias y profesores, y por el momento, no va a cambiar”, declara con convicción. No obstante, prevé que “quizá dentro de diez años los robots puedan crear su propia inteligencia emocional”.
Sea como fuere, IA mediante o no, el docente no cree que “la educación cambie de forma radical”. “Desde los años sesenta hasta ahora, aunque ha habido muchos cambios y avances, sigue siendo un profesor en un aula con alumnos. El profesor transmite conocimientos la mayor parte del tiempo, y esos alumnos aprenden habilidades de ese profesor. Creo que eso continuará”, concluye.