Opinión

Está claro que vivimos en una sociedad donde las nuevas tecnologías, los aparatos electrónicos y las redes sociales forman parte de nuestra vida y nuestro día a día, incluso desde edades muy tempranas. Pero, ¿qué ocurre cuando se habla de RRSS o de plataformas que atraen el tiempo de ocio?
Cuando los estudiantes empiezan sus dos últimos años de etapa escolar, todo comienza a girar en torno a la Universidad. La presión por las pruebas de acceso y la incertidumbre por su futuro hace que sean meses complicados para los jóvenes.
Hace unos días estuve seleccionando centros educativos para mi próximo destino como maestra de Primaria y fueron muchas las compañeras que me recomendaron algunas escuelas en función de si allí usaban, o no, libros de texto. Esto me hizo reflexionar una vez más sobre hacia dónde va la enseñanza.
Uno de los verbos que se aprenden a conjugar desde bien pequeños es el verbo «jugar». Sin duda, desde el “yo juego” en los primeros días de vida hasta el ‘¿jugamos?’ que le dice un abuelo a su nieto, este se convierte en un verbo protagonista en nuestro paso por la vida. Hay tantas formas de jugar como formas de pensar, de crear… y cada una de ellas es insustituible e inherente a la propia condición humana. Y no solamente eso. No olvidemos que jugar es un derecho. Las calles de las ciudades, los patios de las escuelas, los espacios privados en los hogares son todos espacios de juego, oportunidades para promover este derecho, muchas veces olvidado y que debe ser reivindicado.
Con el final del tercer trimestre y el verano a la vuelta de la esquina, comienza para los padres, la búsqueda exhaustiva del centro educativo que pondrá en valor el futuro de sus hijos. Si bien, muchas veces esta tarea es muy complicada porque seleccionar entre las diferentes opciones que se presentan es muy difícil, ya que hay multitud y son todas distintas. ¿Qué se debe tener en cuenta a la hora de elegir? ¡Te lo contamos!

La niñez es una etapa en la que todos los seres humanos nos enfrentamos a diferentes retos relacionados con nuestro crecimiento social, personal y educativo. Es erróneo pensar que, durante los primeros años de vida, no existen problemas. Rabietas con amigos, con los padres, estrés por el comienzo de un nuevo curso escolar o centro educativo… Son solo algunas de las adversidades por las que un niño puede pasar y las cuales, si no saben manejar, pueden afectar a su bienestar emocional.





