“El inmigrante no puede pasar de la patera al colegio sin adaptación”

Antes de dedicarse por entero a la política fue inspectora de Educación, y antes de eso directora en un instituto de Secundaria. Así, nadie puede negar que Amparo Valcarce conoce los entresijos de la enseñanza desde todas la perspectivas posibles. Desde su labor de oposición al Gobierno central, Valcarce está convencida de que el diálogo y la negociación son la clave para que la Educación funcione. Eso sí, sin olvidar el papel de “control riguroso y firme a lo que consideramos que el Ejecutivo está haciendo mal”.
Miércoles, 13 de diciembre de 2000
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Autor: María Eugenia VICENTE

—¿Qué valoración puede hacer sobre los decretos de mínimos?

—Primero hay que aclarar que estos decretos no son los que nosotros hubiésemos hecho. Consideramos que el debate con la comunidad educativa y las comunidades autónomas, que son las que lo aplicarán, ha sido insuficiente. En cuanto al contenido estamos de acuerdo en el aumento de las materias troncales. Tampoco estamos muy conformes en la forma de establecer el currículo. Hubiese sido preferible elaborar un currículo compartido. Es decir, las prescripciones del Gobierno central se hacen sólo para la etapa, las comunidades establecen el ciclo y los centros educativos concretan el currículo por curso.

—Sin embargo hay dos
áreas, como la Música y la Plástica que quedan desfavorecidas.

—Discrepamos de que las cargas horarias hayan sido a costa de otras materias. Considero que el mejor modelo a seguir hubiese sido el andaluz, ampliando en dos horas el primer ciclo de ESO.

—Además los profesores de diversas materias continúan considerando los currículos inabordables. Podía haberse trabajado más en este sentido, ¿no?

—Hay que distinguir entre lo que determina la Administración y la práctica en el aula. No hay que olvidar que, al final, quien programa las materias con la amplitud que convenga a cada tema es el departamento didáctico y el profesor. De esta manera ambos pueden adaptar los contenidos a las necesidades de los centros.

—¿Qué puede decirnos de la memoria presupuestaria que acompañará a estos decretos?

—Es positiva pero insuficiente. Uno de los éxitos de la negociación fue la obtención de la financiación que se destinará a las comunidades con carácter finalista. Otro es que conseguimos que se contemplasen las materias de Bachillerato, que en la primera propuesta del Gobierno no iban a ser financiadas. Por otro lado, hay que destacar que, para establecer el total, el MECD sólo ha contado la carga horaria de Lengua y Matemáticas, pero con unos indicadores erróneos. Por un lado, consideran el descenso de la población escolar española, lo que no tiene en cuenta la inmigración. Por otro, el Gobierno cuenta con un mayor número de alumnos que optarán por FP. Además, estos 11.500 millones deberían ir acompañados de otras medidas como una financiación para el plan de fomento de la lectura y el plan de Nuevas Tecnologías.

—¿Pueden estas reformas, o las futuras, acabar con el espíritu de la LOGSE?

—No. Pero hay algunas cuestiones avanzadas por la ministra que nos producen mucha inquietud.

—Se refiere a la Ley de Calidad anunciada recientemente.

—Sí, consideramos que los itinerarios y la repetición de curso serán medidas regresivas. La solución a algunos problemas vendría dada por medidas de atención personalizada a los alumnos, que se traducen en adaptaciones y diversificación curricular, así como más profesores de apoyo. La repetición supone fracaso sobre fracaso. Con respecto a los itinerarios, son segregadores. Separar a los alumnos antes de los 16 años en tres itinerarios es anticipar una decisión irreversible. Nosotros apostamos por mayores medidas de Atención a la Diversidad que tienen que conducir a una única titulación que no condicione a los estudiantes y garantice una formación de calidad e igualitaria.

—Estamos hablando de reformas. ¿Cuál cree que sería la solución para acabar con los problemas que afectan de manera notable sobre todo al segundo ciclo de Secundaria?

—Es cierto que con la ampliación de la obligatoriedad a dos años han surgido disfunciones, como los objetores escolares. Para estos alumnos hacen falta medidas de acompañamiento, que den al alumno un trato más personalizado. También sería necesaria la presencia de nuevos profesionales que faciliten esta diversificación a la multiplicidad. Por estas razones debemos darnos cuenta de que en los institutos deben aparecer figuras a las que no estamos acostumbrados, como el asistente social, animadores socioculturales, mediadores juveniles, incluso médicos o enfermeras que ayuden a los jóvenes a resolver ciertos problemas de salud relacionados con la adolescencia. Tampoco hay que olvidarse de los alumnos que van bien y quieren estudiar. Por eso el reto está en atender a todos bien y sin efecto podadera.

—Otra de las realidades con la que se tienen que enfrentar los centros es el creciente número de alumnos inmigrantes.

—Este es le gran reto del sistema educativo español. Un problema grave con el que se encuentran los inmigrantes es que tienen una formación cultural muy diferente, además del desconocimiento de la lengua. Por estas razones debe haber medidas de compensación que faciliten la integración en la escuela. Por otro lado, hay que conseguir que los inmigrantes vayan a la escuela ya que hay un índice muy alto de absentismo. Así hay que trabajar la Educación en coordinación con otros organismos, como Ayuntamientos o ONG. Sabemos que es una tarea difícil, ya que no se puede llevar al niño de la patera al colegio, pero entre ambas situaciones hay que crear escalones intermedios que ofrezcan una adaptación progresiva al sistema educativo.

—Cree que el Gobierno no está haciendo lo suficiente con respecto a este asunto.

—El Ejecutivo se niega a ver este problema. Las medidas policiales no son la solución y, por otro lado, con el plan Greco se pretende trasladar toda la responsabilidad a las comunidades autónomas y los ayuntamientos. El Gobierno no está poniendo los recursos necesarios para una verdadera integración encima de la mesa.

—A pesar de ser una de las estrellas de la Reforma, tampoco parece que la FP haya adquirido el prestigio necesario.

—Yo no estoy de acuerdo con esta afirmación. Los ciclos formativos de Grado Superior están teniendo mucha demanda, más de la que se puede cubrir. Esto se debe a que son muy prácticos, con un gran nivel académico y un porcentaje de empleabilidad del cien por cien. La Garantía Social también es una opción muy atractiva y demandada. Sin embargo hay que reconocer que el Grado Medio no ha alcanzado mucha demanda a pesar de tener un diseño adecuado. Esto se debe a que el nivel de empleabilidad todavía es bajo. Consideramos que la solución para estos ciclos sería vincularlos más a las necesidades de las empresas.

—Hablando con los docentes, da la sensación de que los poderes políticos les tienen poco en cuenta, les miman poco.

—Es indispensable recuperar el valor social del docente. Para ello hace falta que se les consulte, que se cuente con su opinión. También se debe reforzar su autoridad moral en los centros. Ésto es lo que garantiza que se está educando a la vez que enseñando.

 

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