¿Cómo saber si mis hijos están siendo acosados o acosan a otros con sus móviles?

Nuestros hijos están creciendo en un mundo totalmente digital, incluyendo la interacción social.
Deanna Mason
Experta en educación y salud familiar
11 de junio de 2019
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© NATALIA

Si bien la tecnología permite la comunicación abierta y gratuita con casi cualquier persona, también trae consigo inconvenientes. El acoso cibernético se ha convertido en un importante peligro para los jóvenes.

  • El cyberbullying no es solamente un problema social. Los niños y adolescentes que han recibido acoso por esta vía son más proclives a:
  • Mayores niveles de depresión y tentativas de suicidio.
  • Mayor estrés emocional.
  • Expresar hostilidad.
  • Delincuencia.

Además del impacto emocional que supone el acoso, puede haber consecuencias físicas tales como:

  • Dolores de cabeza.
  • Alteraciones del sueño.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Dolores crónicos.

Curiosamente, el acoso tradicional cara a cara tiende a disminuir entre las edades de 16-17 años, pero el acoso cibernético se mantiene constante durante toda la adolescencia. El perfil de acosador cibernético suele estar ligado a un miembro poderoso dentro de su grupo de iguales, el cual tiende a ser percibido como popular, socialmente hábil y líder.

La mayoría de los agresores que actúan mediante ciberacoso no se ven a sí mismos como un matón. Ven su comportamiento como natural y normal en el contexto de socialización entre colegas. No está claro por qué ocurre esto, aunque algunas razones potenciales pueden ser su posición de poder dentro de su red social, la falta de empatía hacia los demás, las conductas negativas aprendidas relacionadas con la comunicación vía Intenet, o el refuerzo positivo que reciben de sus ataques.

La mayoría de los agresores que actúan mediante ciberacoso no se ven a sí mismos como un matón

Los jóvenes que son víctimas del acoso cibernético con frecuencia ven al agresor como un “amigo” o alguien a quien “creen que es amigo”. Esta realidad puede dificultar que la víctima afronte la situación porque pone en duda la calidad de sus amistades. Además, esto hace que los niños y adolescentes se sientan extremadamente victimizados y vulnerables.

Por desgracia, la mayoría de niños no le cuentan a un adulto que están sufriendo ciberacoso. Esto ocurre porque no quieren que sus padres invadan su privacidad, porque piensan que no están preparados para entender la situación o ayudarles, o porque tienen miedo de que les limiten o prohíban el acceso a las redes.

Y sí, los padres pueden evitar el ciberacoso desde un punto de vista social más amplio. Hay cuatro cosas que pueden hacer para prevenir esta situación, que incluyen:

  • Educar en tolerancia y empatía.
    –Ayudar a los niños a entender que el mundo necesita a todos los tipos de persona.
    –Reforzar su inteligencia emocional.
    –Ser un buen modelo de conducta, hablar bien de la gente y limitar los juicios.
  • Alertarles de lo que es el bullying y cómo se produce.
    –Preguntar a los niños por su punto de vista.
    –Evitar interrogarles.
    –Señalar ejemplos de cuando las palabras se convierten en ofensivas y enseñarles una manera alternativa para decir lo mismo de forma más amable.
  • Estar pendiente de los comportamientos agresivos y tratar de reducirlos.
    –No tolerar golpes, amenazas o comportamientos dominantes.
    –Preguntar a los niños por sus sentimientos para que expresen sus necesidades de forma menos agresiva.
  • Mejorar sus habilidades sociales
    –Enseñarles la Regla de Oro: “Trata a los demás como te gustaría que te tratasen”.
    –Valores que refuerzan la Regla de Oro:
    -Honestidad.
    -Amabilidad.
    -Paciencia.
    -Autocontrol.

Los padres deben prestar atención tanto al posible agresor como a posibles víctimas de ciberacoso. El agresor debe ser corregido, pero más importante, se ha de ahondar en los motivos que le llevan a querer acosar, además de hacerle entender que lo que está haciendo está perjudicado a una tercera persona. Las víctimas, por otro lado, necesitan apoyo para sobrellevar los sentimientos de aislamiento y de tensión que se sufren tras un ataque. Por tanto, la solución pasa por actuar sobre ambas partes. Educar en valores positivos desde una edad temprana es clave para disminuir el riesgo de estas conductas en futuras generaciones de niños.

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