Sonia Fernández-Vidal: “La ciencia tiene una capacidad de fascinar que no se aprovecha”

La escritora Sonia Fernández-Vidal utiliza las aventuras fantásticas de un niño para adentrarse en el mundo de la física cuántica y transmitir así a los alumnos toda una serie de conceptos científicos complejos.
Adrián ArcosMartes, 14 de enero de 2020
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Sumergirse en el mundo de la física cuántica a través de las aventuras fantásticas de un niño. Es el método que utiliza la escritora y profesora Sonia Fernández-Vidal con su novela La puerta de los tres cerrojos para que los niños aprendan conceptos científicos complejos de una forma divertida.

“Una novela para entender la ciencia del siglo XXI”. Así empieza ‘La puerta de los tres cerrojos’. ¿Cómo hay que entender la ciencia?
—Sobre todo hay que aproximarse a ella sin miedo, porque cuando hablas sobre las dos grandes áreas de la física moderna –física cuántica y relatividad–, normalmente el interlocutor pone cara de no saber nada. Mi libro permite adentrarse en la ciencia sin miedo y con ganas de disfrutar mientras se aprende.

¿Cómo hay que enseñarla?
—Para alumnos de Primaria, que es cuando yo creo que se despiertan las pasiones, recomiendo enseñar ciencia a través de los cuentos, porque con la fantasía, los mitos y la leyenda se puede llegar mejor a los niños. El cuento como vía de transmisión de conocimiento no se ha inventado ahora, sino que es algo que las culturas llevan haciendo desde el inicio de los tiempos. Se puede seducir a un niño contándole una historia hermosa, y la ciencia tiene muchísimos recursos para poder hacerlo: empiezas hablando del sol, de los planetas, del espacio-tiempo, de los agujeros negros… y los niños te miran embelesados. Todos los que tienen niños pequeños saben que a esas edades los dinosaurios y los planetas son dos de las cosas que más les fascinan. Y la ciencia tiene esa capacidad innata de fascinar que yo creo que no está lo suficientemente bien aprovechada.

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Hay que llenar de humanismo la ciencia, tenemos que reconciliar esos dos mundos para explicar y transmitir bien la ciencia

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¿Y en etapas posteriores?
—Cuando en Secundaria enseñamos Física, Química o Biología, nos solemos centrar en los detalles y no en el contexto, en las partes de la célula o en las partes de una ecuación matemática, y de esa forma lo aprendemos de una manera tan diseminada que muchas veces no le encontramos sentido. En cambio, si le explicas a un niño cómo esas ecuaciones diferenciales permiten que el sol brille, o les hablas sobre las células madre y las posibilidades médicas que tienen, incluso sus debates éticos, sociales y morales, entonces es cuando la ciencia empieza a cobrar vida y empieza a cumplir con uno de sus propósitos que es dar respuestas a preguntas fundamentales como por qué estamos aquí, de dónde venimos o hacia dónde vamos. Hay que llenar de humanismo la ciencia, tenemos que reconciliar esos dos mundos para explicar bien la ciencia y transmitirla como debe ser.

En una época tan digital, ¿no es complicado que los niños cojan un libro?
—Sí es cierto que tenemos el problema de la adicción a los dispositivos digitales, pero yo creo que los libros no morirán. Y prueba de ello es que continúa habiendo grandes ventas de libros, como por ejemplo toda la saga de Harry Potter, que sigue captando y cautivando la atención de niños y adolescentes. El estilo de La puerta de los tres cerrojos es muy parecido, pero cambiando el mundo de la magia por el mundo de la ciencia. Cuando escribimos, tenemos que ser conscientes de a quién queremos llegar. Por mucho que queramos transmitir ciencia, no podemos hacerlo desde nuestra perspectiva de científicos, sino que tenemos que ponernos en la piel del niño, atraparlos a través de la fantasía y la magia, y a partir de ahí es muy fácil enseñarles.

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No podemos transmitir la ciencia desde nuestra perspectiva de científicos, hay que ponerse en la piel del niño

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¿Cuál es la mecánica para enseñar ciencia a través de las historias que cuentas?
—Es relativamente sencillo porque el mundo de la física cuántica nos describe cómo se comportan las partículas fundamentales y su comportamiento es muy extraño. Son capaces de atravesar paredes, de estar en dos sitios a la vez, de teletransportarse… Niko, el protagonista, vive lo que estas partículas fundamentales son capaces de hacer: traspasa paredes, se enfrenta a la esencia de los agujeros negros, presencia una guerra entre la materia y la antimateria, utiliza una moto con antigravitones, se monta en una atracción atómica… Es un mundo fantástico, pero con base científica, y es ahí donde se va generando el conocimiento.

¿A qué edad es recomendable empezar a introducir la ciencia?
—Desde muy temprana edad se debe despertar la curiosidad. Un niño de 4 años hace una media de más de 400 preguntas al día. Y muchas veces, porque no tenemos tiempo o estamos ocupados, los padres evitamos contestarles en lugar de pararnos e intentar darles la respuesta exacta. Son preguntas que a veces nos pueden parecer absurdas, pero son extraordinarias porque los niños son pequeños exploradores, son científicos en potencia. O aprendemos a motivar esas preguntas y a alimentarlas o se las vamos cortando y apagamos ese investigador que llevan dentro desde pequeños.

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Debemos encontrar y mostrar roles femeninos, de la misma forma que las mujeres científicas tenemos que exponernos más

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¿Se puede prevenir de alguna forma la falta de vocaciones STEM?
—Sobre todo en las niñas, habría que eliminar esa dificultad para dedicarse a las ciencias. Si pensamos en un científico, solemos imaginar a un señor mayor con bata blanca. Una niña jamás se va a sentir proyectada en esa imagen del mismo modo que un niño. Por eso pienso que a nivel educativo y mediático debemos encontrar y mostrar roles femeninos, de la misma forma que las mujeres científicas tenemos que dar un paso al frente y exponernos más.

¿Qué te parece que en los centros bilingües sea la asignatura de Ciencias la que se imparta en inglés?
—La ciencia evoluciona mucho gracias a la capacidad de compartir rápidamente los avances a toda la comunidad. Y el inglés suele ser esa herramienta de comunicación. Por lo tanto, no me parece mal que se imparta en inglés, porque les da un extra a los alumnos que por ejemplo yo no tuve, y para mí es un hándicap.

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