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Josep Maria Cornadó: "A veces pedimos a los maestros milagros"

Josep Maria Cornadó es el coordinador de la Prueba de Aptitud Personal de Educación en Cataluña, que filtra cada año a los alumnos que, recién aprobada la PAU, se plantean ser maestros.
Saray MarquésMiércoles, 1 de December de 2021
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Josep Maria Cornadó es profesor en la Universitat Rovira i Virgili.

Josep Maria Cornadó habla de la experiencia de la Prueba de Aptitud Personal en Cataluña, que este curso ha alcanzado su quinta edición, tras el consenso logrado entre las nueve universidades que ofrecen grados de Educación en Cataluña en 2017. Sintieron que algo había que hacer, y decidieron establecer esta criba para poder ingresar a los grados de Educación Infantil y Primaria.

El Ministerio de Educación ha pedido ahora más información a la Conferencia de Decanas y Decanos de Educación sobre esa prueba extra para entrar en las facultades de Educación, que se inspira en la Prueba de Aptitud Personal (PAP) implantada en Cataluña. 
–Sí, yo estuve hace tres años invitado por la Conferencia de Decanos en Cuenca para explicar cómo funcionaba la PAP en Cataluña. Por parte de todos los asistentes hubo mucho interés.

Nosotros llevamos haciendo la PAP desde 2017, y creemos que sin duda ha mejorado el perfil de estudiante que accede a los grados de Educación. Sobre todo nos aseguramos de que tengan una base cultural sólida. La PAP se centra en la competencia comunicativa y lógico matemática. No entra en valorar la actitud, el perfil. ¿Qué pasa? Que nos encontramos con que estudiantes que han aprobado las PAU con buena nota, suspenden las PAP, porque mientras que en la Selectividad hay un temario de estudio la PAP es un tipo de prueba muy competencial en que los estudiantes, aunque tengan acceso a los exámenes de los años anteriores, no tienen un temario para estudiar. Han de demostrar por escrito que saben hacer un resumen, una síntesis, que entienden las preguntas de un texto, que saben aplicar sus conocimientos matemáticos a las distintas facetas de la vida, a su día a día.

Llevamos ya cinco años en esta línea, y ahora nos encontramos en una fase en la que nos estamos planteando que, aunque el perfil del estudiante para maestro ha mejorado en su base cultural, queremos ir un paso más allá, y nos gustaría elaborar algún tipo de prueba un poco más actitudinal, para comprobar que este estudiante realmente tiene las competencias mínimas para estudiar Magisterio. ¿Qué competencias? Sobre todo las no cognitivas: empatía, asertividad, que le gusten los niños, que sea una persona tolerante… Todo aquello que pensamos que entra en el perfil de un buen maestro.

Estamos satisfechos, porque de alguna manera en este tiempo hemos filtrado y hemos evitado que vayan a la facultad estudiantes sin una base cultural. Por ejemplo, estudiantes que cometan falta de ortografías, que un maestro jamás puede hacer; el maestro debe dominar el sistema lingüístico. De alguna manera hemos consolidado esta prueba, pero nos faltaría buscar un poco el perfil psicológico, o, más bien, a estudiantes con experiencias en campamentos, como monitores de comedor, trabajando con niños… Este perfil.

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Nos gustaría elaborar algún tipo de prueba un poco más actitudinal

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¿Cómo han evolucionado los resultados de los alumnos en la PAP en este tiempo?
–En 2017, el primer año que la hicimos, se presentaron 2.900 estudiantes y fueron aptos el 72%. En 2021 se presentaron 4.600 y fueron aptos el 54%. Sí es verdad que el porcentaje de aptos ha bajado. También es cierto que el último año estuvo marcado por la pandemia y no hemos podido profundizar en sus efectos, pero hemos doblado el número de presentados prácticamente. De alguna manera la PAP hace que esta profesión sea más atractiva y que haya más estudiantes interesados en hacerla. Puede que esto se vea como una lectura un poco fácil, como que barro un poco hacia casa, pero, en cualquier caso, no me quedaría solo con el porcentaje de aptos sino también con el de presentados. Si se presentan 5.000 estudiantes y se ofrecen 3.000 plazas claro que no todos pueden entrar. En la PAP normalmente tenemos porcentajes de aptos entre el 50% y el 60%. En Selectividad rondan el 97%, porque el objetivo es ordenar por nota. La PAP no quiere ordenar, sino que, una vez que los estudiantes han superado la Selectividad, filtra en función de los requisitos mínimos para ser maestro.

¿Como en Finlandia?
–En Finlandia existe un doble sistema de cribado. Por un lado, solo pueden acceder a las facultades de Magisterio los estudiantes con el expediente más brillante. Además, cada universidad tiene su propia prueba de acceso, cada facultad la suya, no como nosotros, que tenemos la misma para toda Cataluña. Dentro del acceso incluyen una entrevista, algo que a nosotros nos encantaría introducir, pero que no es viable con 5.000 candidatos. Allí tienen 300. Imagínate 5.000 entrevistas en dos o tres días. Sí es verdad que en 2021 han empezado a hacer la PAP en Baleares y, en una pequeña innovación que a mí personalmente me parece muy interesante, han pedido a los estudiantes que se presenten con un vídeo no sé si de dos minutos. Solo le veo un problema: En las pruebas de acceso a la universidad debe estar garantizado el rigor, la equidad y la transparencia y necesitamos criterios de evaluación muy validados. Igual con un vídeo lo que a ti te parecen muy buenas condiciones para la docencia a mí no me lo parece tanto. Por tanto, creo que es una idea interesante pero que seguramente se debe perfeccionar, madurar e intentar encontrar criterios de evaluación que no sean subjetivos.

¿También han cambiado las oposiciones en Cataluña en los últimos años? ¿Ahora son más competenciales?
–Dicen que sí pero, en confianza, yo creo que la oposición ha cambiado muy poco en los últimos 30 años. Que se camina en esta dirección, no me cabe duda. Que seguramente al final se establezca una especie de MIR para trabajar de maestro y unas prácticas… Sin duda que estamos yendo en esta dirección, pero lo veo un poco lejos… Confío en ello, pero no tengo unas expectativas muy altas. A veces siento que vamos al revés, como con el último decreto de evaluación, que permite conseguir el título de Bachillerato con una asignatura suspensa. Creo que tenemos que ser más exigentes y buscar más la excelencia y si creemos en un sistema y en una escuela que forme a futuros ciudadanos necesitamos que los maestros sean personas con una alta formación y unas buenas competencias. Poderse presentar a la PAP con una asignatura suspensa en Bachillerato no me parece apropiado.

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Poderse presentar a la PAP con una asignatura suspensa en Bachillerato no me parece apropiado

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En Cataluña también se mira el expediente de los futuros maestros.
–Sí, en 2015 y 2016, antes de que se introdujera la PAP como ahora la conocemos, se pedía un 5 en Lengua Castellana, Catalana y Matemáticas. Para ser maestro no es que pidamos un nivel muy elevado. A mí me parece que un maestro tiene que ser una persona con buena capacidad comunicativa, un discurso coherente, que se explique bien, una persona no de 5 sino de un nivel más alto. Va a formar a futuros arquitectos, médicos… Estoy un poco en otra línea. Creo que hay que ser exigente y que la profesión tiene que resultar atractiva, y no que la hagan las personas que no pueden entrar en su primera opción.

¿Se han puesto en contacto con usted desde el Ministerio?
–No, desde el Ministerio no se han puesto en contacto conmigo. Pero, como digo, cuando estuve invitado por la Conferencia de Decanos de Educación, al acabar de explicar la PAP, todos me preguntaban, con interés, con muchas ganas. Diría que en todas las facultades del Estado tenían o tienen un poco el mismo problema. Llegan unos estudiantes para estudiar el grado de Educación que no tienen la base cultural que cabe esperar en áreas instrumentales como Lengua y Matemáticas. Viendo la experiencia Cataluña y teniendo en cuenta que en cinco años de 3.000 candidatos hemos pasado a más de 5.000 ven que la PAP de alguna manera nos ayuda no a garantizar los mejores estudiantes, pero sí al menos a filtrar a los que no tienen el nivel. Porque este nivel en la facultad no lo van a adquirir, no nos engañemos. En el grado adquirirán competencias en Psicología, Didáctica, Pedagogía, no creo que la Facultad de Educación esté para mejorar la competencia comunicativa y lógica matemática.

Creo que también tenemos que diferenciar Infantil y Primaria de Secundaria. En Infantil y Primaria se está en la facultad de Educación cuatro años y se sale con una buena base en Pedagogía, Psicología, Didáctica. Para Secundaria es otro camino: un grado y máster con 60 créditos que en teoría supone una capacitación, que para mí es un poco justita. Por un lado veo esto. Por otro, una vez acabado el Grado de Maestro tu carrera profesional depende ya de la Consejería de Educación, no de Universidades. Todo: el acceso a profesión, las oposiciones, las bolsas de interinos depende de Educación, esto es competencia de otra Consejería, y también se está en la línea de reforma todo esto. Lo que no puede ser es que un maestro apruebe las oposiciones con 24 años y no exista una carrera en los 40 años que le quedan de profesión y lo único a lo que puede aspirar es a cobrar un trienio cada tres años. También hay que incidir aquí, y en mejorar las direcciones de los centros, los liderazgos educativos…

¿Cree que el nivel en la escuela está bajando?
–La escuela de hoy no es la de hace 20 años ni la de hace 40. Los maestros tienen en todas las clases muchos niños con alguna discapacidad, y otros niños que han venido de otras culturas y otros países. Los grupos son muy heterogéneos, y así como en Primaria el maestro tiene la formación necesaria para tomar todo esto y dar una mínima respuesta me da la sensación de que cuando empieza ESO al profe le falta un poco de formación para tomar todo esto y, si encima añadimos a ese paso de Primaria a ESO toda la pubertad, la adolescencia y el cambio madurativo que conlleva, es muy complicado. Además, en Primaria la Lengua y las Matemáticas tienen un papel muy transversal e importante, pero de repente se encuentran con 10, 11 asignaturas, y cada profesor es especialista de esa asignatura. Esta organización también tendría que mejorar, desde mi punto de vista.

Creo que a un niño de 12 años que pasa de la escuela al instituto en un año le cambian tantas cosas que no sé si facilitamos que se pueda adaptar. Desde su cambio madurativo, físico, mental al de dejar la escuela y pasar al instituto, de dos o tres profesores a 10, y otras tantas asignaturas. Sí creo que hace falta una reforma un poco estructural. Y las ratios no son las más adecuadas. Tener 30 o 35 adolescentes en una clase son muchos adolescentes. En cambio, en Educación Infantil son 25, y Cataluña va a bajar la ratio el curso que viene. Las ratios también son importantes. Si somos una sociedad inclusiva, que creo que la debemos ser, y tenemos niños diferentes en las clases, si son muy diferentes a lo mejor en vez de 30 necesitamos tener 20. También a veces pedimos a los maestros milagros. Exigimos cada vez que hagan más cosas y no sé si las pueden hacer.

Algunos datos del informe Cornadó

  • Cada año desde 2017, en octubre, Cornadó envía un informe a la Consejería de Universidades, a directores generales, vicerrectores, decanos… con las conclusiones en base a los resultados de la PAP en sus dos convocatorias (ordinaria y extraordinaria). Estas pruebas siempre cuentan con una segunda oportunidad el mismo año, y los no aptos se pueden presentar al año siguiente.
  • El último informe, de 2021, hubo 4.236 presentados en la convocatoria ordinaria y 2.284 aptos (53,92%). En la convocatoria extraordinaria se presentaron 1.151 alumnos y fueron aptos 603, 52,39%. La criba ha dejado fuera a casi la mitad de candidatos.
  • La evolución sigue una tendencia negativa desde la primera edición, en 2017, cuando resultaron aptos el 72,31% de los presentados en la convocatoria ordinaria. Al año siguiente fueron el 61,45% y en 2019, el 59,61%.
  • En 2020, primer año pandémico, hubo una mejora pasajera (63,30% de aptos).
  • Sin embargo, a Cornadó le gusta poner de relieve otra cifra: los presentados han pasado de 2.713 en 2017 a 4.236 en 2021.
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