La temporalidad en las escuelas infantiles de Cantabria: el límite invisible de los seis meses

La temporalidad en las escuelas infantiles dificulta la estabilidad de los equipos y la continuidad en una etapa clave del desarrollo.
BenHur Valdés LlamaMiércoles, 15 de abril de 2026
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En muchas escuelas infantiles de Cantabria se repite una situación que empieza a generar preocupación entre los profesionales: contratos que rara vez superan los seis meses de duración en un mismo centro. A primera vista, podría parecer que existe una norma que fija ese límite. Sin embargo, no es así.

Lo que ocurre en realidad es más complejo: no hay una ley que imponga esa duración, pero sí una práctica extendida que, en la experiencia de muchos trabajadores, acaba funcionando como si existiera.

Un límite que no está en la ley, pero sí en la práctica

Las escuelas infantiles en Cantabria se rigen por normativas específicas, como el Decreto 25/2010, que regula su organización y funcionamiento. En ningún caso se establece un tiempo máximo de permanencia para los profesionales en un mismo centro.

Entonces, ¿por qué se repiten los contratos de corta duración?

La clave está en el uso frecuente de contratos temporales destinados a cubrir necesidades puntuales o circunstancias de la producción. Este tipo de contratos, cuya duración suele situarse en torno a varios meses, se encadenan en la práctica sin llegar a consolidarse en empleo estable.

Se trata de una dinámica que no es exclusiva de este ámbito, sino que forma parte de una tendencia más amplia del mercado laboral español, donde la temporalidad sigue teniendo un peso significativo a pesar de las reformas recientes.

Vivir pendiente del teléfono

Más allá del marco legal, la realidad cotidiana de muchos profesionales refleja una situación de inestabilidad constante. Una técnica superior en educación infantil de Cantabria, que prefiere mantener el anonimato, lo describe así:

“Vivimos pendientes del teléfono. A veces te llaman para empezar ese mismo día, incluso a más de 80 kilómetros. Y muchas veces no puedes decir que no, porque te arriesgas a dejar de trabajar.”

La consecuencia es una dificultad real para planificar el futuro: “No sabes dónde vas a estar en unos meses. Cada vez que cambias de centro tienes que adaptarte de nuevo: al equipo, a los niños… Es empezar de cero continuamente y eso desgasta mucho.”

A esta incertidumbre se suma la necesidad de acumular experiencia laboral para procesos selectivos, lo que lleva a muchas profesionales a aceptar prácticamente cualquier contrato disponible.

¿Cómo afecta al alumnado?

En la etapa de 0 a 3 años, la estabilidad de los referentes adultos es un elemento clave. La creación de vínculos afectivos seguros forma parte esencial del desarrollo emocional en estas edades.

La rotación frecuente de profesionales puede dificultar la consolidación de esos vínculos y obligar a los niños a adaptarse repetidamente a nuevas figuras de referencia. También puede complicar la continuidad de los proyectos educativos, la coordinación entre equipos y la relación con las familias.

Un sector marcado por la precariedad

La educación infantil es un ámbito altamente feminizado, lo que añade una dimensión específica a esta realidad. Las condiciones de temporalidad, movilidad y falta de estabilidad económica afectan mayoritariamente a mujeres.

A ello se suma una percepción social que, en ocasiones, no reconoce plenamente el valor educativo de esta etapa, a pesar de su importancia en el desarrollo integral de la infancia.

Un debate abierto

En los últimos años se han impulsado reformas para reducir la temporalidad en el empleo y reforzar la contratación indefinida. Sin embargo, su impacto sigue siendo desigual en algunos sectores.

En el ámbito educativo, distintos agentes sociales vienen señalando la necesidad de reforzar la estabilidad de los equipos, revisar el uso de la contratación temporal y avanzar hacia modelos que garanticen mayor continuidad en los centros.

En conclusión

El llamado “límite de los seis meses” no es una norma escrita, sino el resultado de una práctica extendida que condiciona la trayectoria laboral de muchos profesionales.

Más allá de la cuestión contractual, el debate afecta directamente a la calidad educativa. La estabilidad de los equipos no solo influye en las condiciones de trabajo, sino también en el bienestar emocional de los niños y en la coherencia de los proyectos educativos.

Comprender esta realidad es un primer paso para abrir el debate sobre cómo mejorar un sector clave en las primeras etapas de la educación.

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