Cuando la escuela sostiene el territorio: el IES Carlos Casares, ejemplo de excelencia en el rural
El verano de 2025 quedó grabado en la memoria colectiva de Viana do Bolo. Aquel agosto los vecinos de este hermoso ayuntamiento de la zona más interior de Ourense vivieron uno de los episodios más devastadores de su historia reciente: en un contexto de ola de calor, sequedad extrema y viento cambiante, los incendios forestales que asolaron buena parte de Galicia tuvieron en esta comarca uno de sus puntos más sensibles.
Ahora, con la memoria todavía muy viva, los alumnos del IES Carlos Casares de Viana do Bolo se han puesto manos a la obra para desarrollar un proyecto integral que permitirá entender cómo se produjeron esos incendios, cómo se pueden atajar y, sobre todo, cómo se pueden prevenir.

2025 fue un año excepcionalmente duro en Galicia. Casi 1.475 incendios forestales arrasaron más de 118.000 hectáreas, muchos de ellos grandes fuegos de más de 500 hectáreas. En este contexto, la provincia de Ourense fue el epicentro de esta crisis, con decenas de focos activos simultáneamente.
Con ese escenario como fondo, Viana do Bolo vivió jornadas de tensión extrema. Las llamas avanzaban desde distintos puntos de la provincia, y el fuego llegó a situarse peligrosamente cerca de núcleos habitados. En algunos momentos se produjeron evacuaciones voluntarias en diversas aldeas ante el temor de que el incendio alcanzase las viviendas. La situación obligó a desplegar amplios dispositivos de emergencia y a mantener en alerta constante a la población. De hecho, el fuego provocó confinamientos, interrupciones del transporte e incluso situaciones límite ya que la proximidad de las llamas generó escenas de angustia entre los vecinos.
Aunque los grandes incendios más mediáticos se localizaron en municipios como Larouco, Chandrexa de Queixa o A Mezquita, el impacto en Viana do Bolo fue especialmente significativo por su vulnerabilidad territorial: se trata de un municipio envejecido y muy disperso, donde la gestión del monte y el abandono del rural agravan el riesgo. De hecho, estudios recientes lo sitúan como uno de los territorios más castigados por el fuego en España en las últimas décadas, con cientos de incendios acumulados y miles de hectáreas afectadas .
El balance final dejó un paisaje marcado por el negro de la ceniza y una sensación compartida entre los vecinos: la de haber vivido una situación que no quieren ver nunca más.
Es esa idea la que ha calado especialmente entre los más jóvenes, que comienzan a comprender que estos incendios, tal y como les explican sus mayores, nada tienen que ver con los que se daban en el pasado: el cambio climático, el abandono del rural, los problemas estructurales de una sociedad envejecida, ayudan a que los incendios explosivos sean, cada vez más, una nueva y dramática realidad.
El IES Carlos Casares se ubica en la alta montaña de la provincia de Ourense, a más de 2.000 metros sobre el nivel de mar y entre valles glaciales. Situado a más de una hora de viaje de Ponferrada y a más de hora y 20 de la ciudad de las Burgas, algunos de sus alumnos nunca han tenido la oportunidad de ir al cine.
Este pequeño centro educativo, de línea uno y con 120 estudiantes, forma a las nuevas generaciones de una comarca aislada, conformada por municipios en los que falta comunicación y oportunidades, y que afronta la realidad de la despoblación que frena su desarrollo.
“Somos muy conscientes de todo ello y por eso nuestro centro está abierto, de forma continua, a la innovación educativa como fuente prioritaria para una educación de calidad donde la igualdad de oportunidades, la convivencia, la inclusión educativa y el conocimiento global del cambiante mundo actual son pilares para el desarrollo competencial, social y ciudadano de nuestros jóvenes”, explica el director del centro, Carlos Ferreiro.
Pero no todo es negativo, como matiza el responsable del centro: esta comarca tiene una gran belleza natural que permite a los vecinos de la zona la oportunidad de conocer, valorar y proteger un patrimonio natural único. “Para nosotros es esencial que nuestro alumnado conozca los objetivos de la Agenda 2030 en materia de sostenibilidad y concienciación ambiental, y por ello, el pasado curso nos centramos en analizar la situación de los glaciares por todo el mundo”, añade Ferreiro, destacando el contenido del proyecto promovido por el responsable del departamento de matemáticas, Ovidio Villar, y por el que el centro fue reconocido como el mejor de Galicia en 2025 en los premios Innovagal de innovación educativa de la Xunta. “Además, no podemos olvidar que aquí contamos con un glacial tan imponente como el de Chaguazoso, conocido por su morrena y estudiado por su alto valor geológico”.
“Después de tantos años trabajando con los estudiantes de esta comarca, estamos convencidos de que, gracias a nuestras bajas ratios y a que contamos con un claustro pequeño de 25 profesores, podemos trabajar por proyectos, algo que nos permite ser muy transversales y romper con rutinas de aprendizaje que están obsesionadas con la repetición de conceptos curso tras curso. Así lo comenzamos a hacer desde la pandemia y nos ha ido realmente bien. El ambiente del centro es excelente, y muchos de nuestros profesores interinos y sustitutos acaban aceptando nuevamente trabajar con nosotros”, apunta el responsable del centro de Secundaria de Viana do Bolo. “No sentimos presión de grupos de padres y madres para concluir toda la programación, y nuestra relación con ellos es siempre muy cercana. Aquí nos conocemos todos”.
Los alumnos y alumnas de este centro aman su comarca, el entorno de montaña y la naturaleza en la que crecieron, y aunque algunos acaban cursando estudios universitarios, “muchos continuarán viviendo aquí, haciéndose cargo de granjas y de negocios familiares. Por eso el centro quiere abrirles al mundo y a la vez, abrirles el mundo a ellos”.
Los proyectos transversales como el Innovagal implican al alumnado, en especial, al de los primeros cursos, en una temática que se puede analizar desde todos los puntos de vista. “Así entienden que las asignaturas no son temas estancos. Por ejemplo, los glaciares los analizamos desde el ámbito matemático, tecnológico y de dibujo con diferentes juegos; los textos mejoraron su comprensión lectora, aprendiendo también vocabulario en varios idiomas; se abordó desde un punto de vista de la convivencia, de la biología con el cambio climático…. Y por supuesto, de la historia. Cuando el trabajo se hace en equipo, y aquí participaron 18 de los 25 profesores, el alumnado consigue tener un conocimiento pleno del tema”.
Ahora han comenzado a trabajar sobre los incendios forestales. “Muchos de nuestros alumnos vivieron días de encierro por los incendios. Vieron cómo se quemaban sus montes, sufrieron el humo y la desesperación de ver arder su historia. Están muy concienciados en trabajar sobre ello. Hemos tenido hasta charlas con técnicos de lucha contra incendios, porque aunque siempre hemos vivido fuegos en esta comarca, los que ahora se desarrollan son muy diferentes, más rápidos y voraces, e incluso los mayores están sorprendidos. Aprender sobre ellos puede ayudar a que no se vuelvan a repetir”.




