Luis García Carretero: “Los tiempos de confusión exigen coherencia, persistencia y rutinas para proteger a niños y adolescentes”

El director del Colegio Areteia, centro en la Comunidad de Madrid pionero en Educación para la Diversidad, analiza los retos de la salud mental en la infancia, la adolescencia y la juventud neurodivergente y subraya la importancia de la colaboración entre familia y escuela y la personalización educativa como factores de protección.
Alba BartoloméMartes, 9 de junio de 2026
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Luis García Carretero – Director Colegio Areteia.

La salud mental se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de la comunidad educativa. Según la Organización Mundial de la Salud, el 70% de los problemas de salud mental se originan durante la infancia y la adolescencia, una realidad que cada vez tiene mayor reflejo en las aulas. Ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria, autolesiones o el uso problemático de las redes sociales son situaciones que docentes y orientadores detectan con una frecuencia creciente.

Ante este escenario, el bienestar emocional ha pasado a ocupar un lugar central en los centros educativos. La consolidación de la figura del coordinador de bienestar y protección, junto con la necesidad de reforzar la colaboración entre escuela y familia, evidencia que la educación actual debe ir más allá de la transmisión de conocimientos para atender también las necesidades emocionales y relacionales del alumnado.

Con el objetivo de reflexionar sobre estos desafíos, el Colegio Areteia, pionero en Educación para la Diversidad, celebró el pasado 23 de mayo sus XII Jornadas de Innovación Educativa, centradas en la salud mental de la infancia, adolescencia y juventud neurodivergente. La cita reunió perspectivas clínicas, educativas y testimoniales para analizar cómo afectan los riesgos de la sociedad contemporánea a los jóvenes y, especialmente, a aquellos alumnos que presentan perfiles neurodivergentes. Conversamos con Luis García Carretero, director del centro, sobre las conclusiones de estas jornadas y sobre las claves para construir una escuela verdaderamente inclusiva y comprometida con el bienestar.

En los últimos años se habla de un aumento significativo de los problemas de salud mental en menores, ¿qué factores explican este cambio de tendencia?
–El mundo ha cambiado de forma extraordinaria. La aceleración histórica de la que se hablaba a finales de los noventa se ha incrementado de forma vertiginosa en los últimos años por la entrada de las tecnologías de la comunicación y la información en la vida pública y privada. Los niños son vulnerables en todas las crisis y este proceso de cambio no se ha digerido ni en los colegios ni en las familias, es decir, en los ámbitos donde se materializa la educación. La experiencia de la pandemia, que se va alejando en el tiempo, vino, entre otras cosas, a hacernos más dependientes de la tecnología y esa dependencia permanece y se consolida.

Sabemos que hasta el 70% de los problemas de salud mental se inician en la infancia y adolescencia, ¿está preparada la escuela para detectar y actuar ante estas situaciones? 
–La escuela debe aclarar las prioridades: nunca ha habido tanta burocracia educativa en un contexto permanente de cambio normativo. Por otro lado, el marketing educativo ha querido diferenciar unos proyectos de otros para ganar “cuota de mercado”. Por ello los centros han invertido en infraestructuras tecnológicas y arquitectónicas y han definido la excelencia educativa de forma errónea, desde mi punto de vista, como el resultado académico competitivo con relación a las evaluaciones externas. Este contexto no es propicio para afrontar los problemas de salud mental. Es más, en ocasiones, la escuela crea contextos de riesgo para los alumnos por no dedicar recursos, ni esfuerzo educativo al acompañamiento en entornos escolares críticos como pasillos, patios y comedores, que, sabemos, suelen ser los escenarios habituales de un problema muy serio como es el acoso escolar. Podrían analizarse también las crisis de ansiedad surgidas en períodos de exámenes, especialmente, por ejemplo, en el contexto del acceso a la universidad como consecuencia de la presión de la que nadie se hace responsable, pero que el adolescente vive a consecuencia de un sistema que sigue olvidando esa idea tan bonita de que debes competir únicamente contigo mismo y colaborar con los demás. La escuela ha dejado de lado el leer y el escribir porque los tecnólogos así lo recomendaban. Ahora la neurociencia predica el regreso a lo analógico. Me pregunto qué sería de la escuela si la propia escuela definiera las prioridades al margen de políticos, expertos en marketing y neurocientíficos. Todos saben mucho de lo suyo, pero el que sabe de enseñar es el maestro (y no digo profesor) formado, sensible e inquieto. Prestigiar la función de la docencia con una formación sólida que lleve aparejado un razonable reconocimiento social es el principio de un cambio educativo que priorice el encuentro personal del maestro con el alumno para reconocerse, para establecer metas y prioridades. Sólo así la escuela desempeñará la función protectora que debe, para empezar, desempeñar en la sociedad.

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El marketing educativo ha querido diferenciar unos proyectos de otros para ganar "cuota de mercado"

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¿Qué papel debe desempeñar el sistema educativo frente a otros agentes como la familia o el ámbito clínico?
–La escuela debe cuidar de la salud física y mental, salud, al fin y al cabo, en colaboración con la familia que, no olvidemos, es la responsable última de la educación de los niños. La labor de prevención es clave y para llevarla a cabo se hace necesario priorizar lo analógico sobre lo digital como antes afirmábamos. La escuela debe adaptar las expectativas a la situación y al momento evolutivo del alumno. La escucha, el encuentro personal que referíamos más arriba es clave: parece que la personalización de la enseñanza que Areteia lleva materializando desde 1980 fuera el mejor factor de protección. Trabajar la coherencia de los mensajes entre la familia y el colegio es fundamental. Los tiempos de confusión necesitan de coherencia y también de persistencia, es decir, de la creación de rutinas y hábitos que pongan orden en las aulas, en las habitaciones y finalmente en las “cabezas” de niños adolescentes y jóvenes confundidos por redes y algoritmos verdaderamente peligrosos. El clínico aparece cuando es necesario intervenir y éste tiene que conocer el mundo del paciente y ese mundo está definido por la familia, por el colegio, por el grupo de iguales y por el mundo digital que vive. Por ello la coordinación con familia y colegio es clave. La experiencia nos dice que hay tantos clínicos inaccesibles para los colegios como colegios inaccesibles a los clínicos: sólo una preocupación y ocupación sincera por el alumno que necesita ayuda salva la vida de los niños y adolescentes más vulnerables. Por ello la coordinación familia-colegio-clínica es la clave del éxito. Así se establecen y definen prioridades y procedimientos que ofrecen la mencionada coherencia que comentábamos.

La labor de prevención es clave y para llevarla a cabo se hace necesario priorizar lo analógico sobre lo digital

¿Cuáles son los principales problemas de salud mental que se están observando hoy en alumnos y cómo han evolucionado en los últimos años?
–Para responder esta pregunta podemos acercarnos a cualquier web de convivencia escolar de cualquier comunidad autónoma donde se definen los protocolos que los centros educativos deben aplicar. En Madrid, por ejemplo, existen protocolos para adicciones con o sin sustancias, para autolesiones, comportamientos suicidas, pertenencia a grupos juveniles violentos, maltrato, violencia de género, agresión sexual, acoso escolar y salud mental en general. Estos protocolos son una respuesta a las necesidades de los colegios y una buena fotografía de los problemas que hay para identificar y orientar a los recursos necesarios. Siempre se ha dicho, y en Areteia lo tenemos permanentemente presente, que la conducta es la punta del iceberg y por ello debemos ir más allá y pensar qué hay y qué no hay en el alma del alumno para llegar a acosar, para llegar a autolesionarse, para acercarse a una banda violenta, para desarrollar un problema de adicción… Es necesario saber mirar e interpretar lo que los niños y adolescentes hacen: sólo entendiendo el mundo del niño es posible afrontar y ayudar en los problemas.

En un contexto educativo que apuesta por la inclusión, ¿qué desafíos específicos enfrentan los alumnos neurodivergentes en relación con su bienestar emocional?
–El alumno neurodivergente, el alumno distinto, es simplemente más vulnerable, porque en ocasiones es menos entendido, menos aceptado, menos escuchado, menos respetado. La neurodivergencia necesita adaptaciones, es más, tiene derecho a ellas, y en muchas ocasiones le son negadas por contextos escolares que tienen que responder a unos objetivos que simplemente les dejan fuera. El niño de altas capacidades, el niño con inteligencia límite, el niño TEA, el TDAH, el disléxico, es un niño diferente, lleno de limitaciones, como cualquier otro, pero lleno también de posibilidades de progreso. Por eso defendemos que la escuela personalizadora tiene dos retos, trabajar las dificultades para que éstas resten lo menos posible, pero, más importante aún, trabajar las fortalezas, las potencialidades que estos niños tienen. Una escuela que no crea oportunidades para la neurodivergencia está materializando un currículum oculto muy peligroso para una sociedad ya que está fomentando la discriminación y un elitismo mal entendido. Esta es una afirmación muy seria, pero los docentes y los responsables educativos enseñan lo que dicen que enseñan, pero también enseñan con su omisión o su descuido.

¿Existe el riesgo de que ciertos modelos de excelencia académica dejen fuera a estos perfiles?
–La respuesta es claramente sí. Nunca hemos tenido un contexto normativo que apueste con tanta decisión por la inclusión y el respeto a los diferentes ritmos de aprendizaje, pero Areteia sigue recibiendo año a año a cientos de familias que transmiten incomprensión, falta de recursos y, todavía peor, falta de compromiso. La excelencia sigue asociándose al buen resultado académico entendiendo éste de forma unívoca como el que abre las puertas de la facultad de la universidad más demandada. El cambio educativo necesario pasa por dar una nueva dimensión a la excelencia académica: la excelencia académica debe consistir, a nuestro juicio, en la orientación excelente hacia las metas personales, académicas o profesionales que son adecuadas, ajustadas y oportunas para un alumno en un momento dado. La excelencia académica es la que orienta mejor al mejor centro de Formación Profesional para un alumno; es la que ayuda a crear sentimiento de competencia en el alumno; es la que, yendo más allá del currículo, despierta vocaciones y encamina vidas plenas de sentido. Es habitual encontrar en las páginas web de los colegios los porcentajes de aprobados en la PAU, las notas medias, pero nunca se presenta un análisis serio de los abandonos universitarios y de los años perdidos en abordar metas definidas por las expectativas sociales y no por lo que verdaderamente el alumno quiere hacer conforme a su preparación, su vocación y sus capacidades.

¿Qué cambios metodológicos o pedagógicos son necesarios para responder realmente a la diversidad del alumnado?
–Como hemos apuntado, el cambio necesario para atender a la diversidad en el aula pasa por entender al alumno diferente y eso requiere de la implantación de verdaderas culturas inclusivas en los centros. Hace veintiséis años los británicos Booth y Ainscow escribieron el Index for inclusion, traducido al castellano dos años después. En esta obra, una de las bases de nuestra LOMLOE, se expone cómo desde la cultura inclusiva es necesario pasar a la elaboración de políticas inclusivas que deben materializarse en prácticas inclusivas. Ahora bien, el cambio puede hacerse de arriba abajo, pero también de abajo arriba. El maestro, el profesor decide para quién trabajar día a día: decide dar la clase al alumno brillante, al alumno medio o al alumno que acumula retraso. Pero el profesor puede plantearse llegar a todos, retar a todos, implementar el aprendizaje a distintos niveles, por distintas vías de entrada, con diversas formas de evaluación que permitan el progreso real de los alumnos. La reducción de ratios en todos los centros, a consecuencia más del descenso de la natalidad que de decisiones conscientes, crea un contexto idóneo e inédito para personalizar el aprendizaje y atender a todos como se merecen.

¿Cómo se traduce en la práctica el cuidado de la salud mental en el día a día del Colegio Areteia?
–Lo comentábamos más arriba: es una cuestión de cultura de centro. El cuidado de la salud mental se concreta en la preocupación y en la ocupación por la persona. Para ello, desde 1980 Areteia ha entendido que el Departamento de Orientación es una pieza clave, quizá la más importante, para hacer entender lo que explicamos, que la conducta es la punta del iceberg. El Departamento de Orientación es un equipo multidisciplinar formado por psicólogos, pedagogos, psicopedagogos, logopedas, un educador social y un terapeuta ocupacional. Este equipo está presente en los órganos de decisión, en los claustros, en la comisión de convivencia, etc. El departamento orienta al alumno, orienta a la familia y orienta al profesorado que de forma comprometida y sensible crea contextos de aula donde todos aportan y todos importan. Es clave también la figura del tutor, figura de referencia para el alumno y la familia: el tutor sabe mirar, sabe escuchar, sabe dar sentido a las múltiples maneras en las que un alumno se expresa en el aula, en los pasillos, en los recreos a través de sus palabras, de sus gestos y también de sus silencios, que en ocasiones son lo más relevante.

La figura del coordinador de bienestar está ganando peso en los centros, ¿qué papel juega en vuestro modelo educativo? 
–Las leyes siempre llegan tarde, es decir, regulan las necesidades que se han evidenciado con anterioridad. El hecho de que esta figura sea obligatoria pone de manifiesto que el bienestar no ha sido una prioridad, a diferencia de otras cuestiones por las que los centros, como comentábamos, han competido. Sin duda el establecimiento de la figura del coordinador del bienestar es un paso en la dirección correcta, pero para que esta figura desarrolle su función necesita ser profesionalizada con formación ad hoc, con una posición clara en la toma de decisiones, en definitiva, con el reconocimiento y el apoyo de la comunidad educativa. En Areteia, en consonancia con lo expuesto, el coordinador de bienestar trabaja muy de la mano del Departamento de Orientación y, en definitiva, es una formalización del trabajo que desempeña el propio departamento. También es una prolongación del trabajo de éste y desempeña un liderazgo claro entre los tutores, que son, al fin y al cabo, las figuras de referencia para los alumnos y las familias.

¿Qué tipo de protocolos o herramientas utilizáis en el centro para la detección temprana de dificultades emocionales o conductuales?
–Los protocolos son necesarios cuando hay desorientación en la toma de decisiones. Por ello a nosotros nos gusta más hablar de actitudes de los docentes frente a los alumnos, frente al resto del equipo y frente a las familias. La comunicación es la clave, y la comunicación requiere, como decimos, más que de protocolos de actitudes de escucha y de reconocimiento de la dignidad de todos los miembros de la comunidad escolar. Una conversación de cinco minutos al terminar una clase, un comentario rápido en un cambio de clase, una llamada de teléfono o un breve mail para comentar una inquietud… Esta enumeración de acciones de escucha y comunicación crea el ecosistema de cuidado que consolida la prevención y facilita la intervención. La psicología escolar y la psicología clínica son dos dimensiones distintas de una misma actividad profesional, pero la experiencia nos dice que un niño escuchado, atendido, entendido y retado es un niño que no necesita la clínica y que, si la tiene, tiende a desaparecer. Ahora bien, la detección de dificultades debe afrontarse y comunicarse con profesionalidad, es decir, con franqueza, con delicadeza y con respeto, exponiendo lo que el colegio puede y debe hacer y orientando a la familia a los recursos públicos o privados oportunos, que deben colaborar en la recuperación del niño o adolescente.

Desde vuestra experiencia, ¿qué pueden aprender otros centros educativos de vuestro enfoque en salud mental y atención a la diversidad?
–Una buena escuela es una escuela que aprende. Cada proyecto educativo es único y es una manifestación de la sociedad plural en la que vivimos y que tenemos que defender. Pero los proyectos educativos deben enriquecerse con las buenas prácticas llevadas a cabo por otros centros. Vivimos en un mundo globalizado donde no hay fórmulas secretas de casi nada, por ello, compartir el trabajo realizado mejora la sociedad. Nuestras Jornadas de Innovación son una prueba de ello: jornadas abiertas a todos los que quieren llegar más lejos en la personalización del aprendizaje. Reforzar los departamentos de orientación con recursos y con presencia en la toma de decisiones, aprovechar las ratios de aula más reducidas para atender de forma personal al alumno, implementar el currículum a distintos niveles, asumir que lo que no se ve explica lo que es manifiesto… son algunos de los aspectos que facilitan el poner en el centro al alumno y orientar el trabajo educativo a la diversidad, porque, como hemos dicho siempre, diversidad somos todos.

¿Qué mensaje trasladaríais a familias y docentes que sienten que no cuentan con herramientas suficientes para abordar estos retos en el día a día?
–Podemos centrarnos en lo que nos falta o en lo que tenemos. Siempre nos faltan unas herramientas, pero siempre tenemos otras. Los padres y los profesores tenemos la obligación de formarnos, de leer, de aprender. Decía Luis Eduardo Aute que “el pensamiento no puede tomar asiento”. La educación tampoco. Por ello la formación permanente es clave y clave es también saber reconocer cuándo es necesaria una ayuda profesional. Humildad para reconocer nuestros límites, pero también confianza en nuestras posibilidades. Un equilibrio entre estos dos planteamientos propicia la armonía que nuestros alumnos y nuestros hijos necesitan para vivir razonablemente bien.

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La formación permanente es clave y clave es también saber reconocer cuándo es necesaria una ayuda profesional

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