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Las artes modelan la actitud de los niños

El conocido por muchos como ‘violinista del siglo´, Yehudi Menuhim, partió del concepto educacional de las artes como instrumento de integración social. La Fundación que lleva su nombre introduce la Música, la Danza y el Teatro en las aulas, a través del Programa ‘Muse´, para luchar contra la violencia y el racismo.
Miércoles, 13 de December de 2000
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Autor: María José LÓPEZ
Fundación Yehudi Menuhim
Tel.: 91 562 93 72

Yehudi Menuhim siempre estuvo de acuerdo con el compositor y pedagogo húngaro, Zoltan Kodály, en su consideración de que la Música debía ser parte de la Educación cotidiana y, además, accesible para todos. No obstante, Menuhim amplió el concepto musical de Kodály y lo adaptó a la realidad actual de la multiculturalidad. El violinista insistió mucho más en la importancia del movimiento, los sentidos, el cuerpo y la imaginación a la hora de practicar las diversas artes en cada cultura.
Con esta intención nace el programa Muse y pronto se extiende por numerosos centros españoles en los que profesores y artistas ajenos al colegio combinan actividades de Música (canto, composiciones de diferentes culturas, percusión), Teatro (mimo, cuentos, drama, títeres, escritura creativa), Danza (tradicional, contemporánea, clásica, flamenco…) y Artes Plásticas (pintura, escultura, diseño, etc.).
Este proyecto se propone luchar contra la violencia, el racismo y la discriminación social, favoreciendo el desarrollo de las capacidades de tolerancia, de reconocimiento de las culturas con presencia en el entorno y la creación de hábitos de trabajo colectivo. Por ello, va dirigido preferentemente a niños con edades comprendidas entre los 6 y los 9 años, que habitan en barrios desfavorecidos donde existen riesgos de exclusión social.
Actualmente, el número de beneficiarios en España asciende a 2.500 alumnos de 19 colegios, del total de 10.000 niños que participan de este tipo de actividades en 12 países europeos.
La metodología de las actividades artísticas de Muse está orientada hacia la experiencia directa que permite acceder a los conocimientos. Se trata de no aprender del Arte, sino por el Arte. El cuerpo es un lazo de aprendizaje y de conocimiento y los recursos artísticos están al servicio de la persona, de los niños, tanto a nivel individual como social. Ya hablaba Yehudi Menuhim de la gran satisfacción que le proporcionaba la reacción y el placer de los niños al aprender a cantar, a bailar y, en definitiva, a vivir.
De forma preliminar a la iniciación de la actividad, el artista y el profesor deben encontrarse y dialogar sobre cuestiones como las especificidades de la clase (características de los alumnos, condiciones sociales y culturales, dificultades particulares…); objetivos de los artistas, actividades, métodos, estrategias y medios utilizados; reparto de cometidos y lugar de trabajo, materiales de funcionamiento… En este proyecto, el artista es el responsable del buen desarrollo de la actividad, por lo que el profesor tiene que delegar su autoridad en el experto.

Aprendizaje para todos

De este modo, se pueden llegar a cumplir una serie de objetivos. En el caso de los niños se intenta fomentar la integración social; reforzar las raíces culturales propias, conocer otras culturas, desarrollar actitudes de tolerancia y respeto a la diversidad; descubrir los sentidos, la expresión corporal, el espacio, la imaginación; trabajar en dinámicas colectivas…
Los profesores, por su parte, aprenden a descubrir otras capacidades en los niños, a enriquecer su propia pedagogía o a mejorar su acercamiento al Arte. Mientras, la escuela se abre a la sociedad, al barrio, a la ciudad, a la vida social y artística, al tiempo que refuerza los lazos familiares y asociativos.
La experiencia ha demostrado que tanto los niños como los profesores de los centros escolares participantes valoran muy positivamente la aplicación de este proyecto por sus excelentes resultados sociales, educativos y artísticos.
Sin embargo, a pesar de que el programa Muse cubre de forma innovadora una laguna en la integración social y la tolerancia hacia la diversidad étnica y cultural, por el momento, carece de la cobertura pública o privada necesaria para atender esta creciente demanda.
Por tanto, resulta necesario que las autoridades, la comunidad educativa y las familias apoyen iniciativas como ésta aún sabiendo, como decía el violinista de la libertad que, “reconciliar al mundo es demasiado ambicioso, pero al menos se puede formar a los niños para ser respetuosos hacia las diferencias, que es lo único que nos permite aprender”.
 

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