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Mal nutridos... pero bien alimentados

Quizás se esté pidiendo mucho al profesorado pero, según los resultados de la campaña Plenufar 2, los niños flaquean en conocimientos alimentarios. Por ahora, parece que sólo la familia tiene influencia sobre las conductas nutricionales, buenas o malas, que adquieren los jóvenes.
Miércoles, 13 de December de 2000
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Autor: María José López

“La población infantil y juvenil está mal nutrida pero bien alimentada”. Aunque las palabras del Presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, Pedro Capilla, puedan parecer un galimatías tienen mucho de lógica. Su argumentación está basada en los resultados obtenidos por el Plan de Educación en Alimentación y Nutrición por el Farmacéutico (Plenufar 2), desarrollado en 3.000 centros escolares y en el que han participado más de 100.000 niños de 10 a 12 años.

En general, los jóvenes españoles tienen todo tipo de alimentos a su alcance y la comida no suele faltar en sus hogares. Lo que sí escasea son los hábitos alimentarios correctos, que les impiden nutrirse de una manera variada y equilibrada.
Y la verdad es que resulta chocante. Vivimos en una de las zonas del planeta con mayor riqueza de productos alimenticios. Concretamente, la dieta mediterránea es mundialmente reconocida entre las más saludables para el organismo.

Sin embargo, los niños tienen muy claro que su paladar siente mayor debilidad por las pizzas, las hamburguesas y las pastas, frente a la verdura, las legumbres, el pescado, la sopa y los purés. Aunque curiosamente no es sólo por el sabor o textura de éstos últimos, menos palatables que los primeros, sino porque les da pereza, por ejemplo, comer una naranja por no pelarla o tomar pescado porque encuentran muchas espinas. ¿Será una de las causas de los malos hábitos alimenticios la vagancia a la hora de comer?

Modificar los hábitos

El sociólogo Amando de Miguel, director del gabinete sociológico Tábula V, suma a esta posibilidad, el hecho de que los niños imitan las costumbres de sus padres. De ahí que, a pesar de que chicos y chicas tienen las mismas aficiones, visten igual y ven los mismos programas de televisión, suelen tener hábitos diferentes cuando se sientan a la mesa. Las chicas descartan el pan de sus comidas y prefieren tomar más verduras, quizás por influencia de las madres y su miedo a engordar. Los chicos, por el contrario, se decantan por las pastas y cereales, con el propósito de desarrollar un cuerpo fornido y musculoso.

Esta realidad nos descubre, además, que “la escuela no influye nada en los hábitos alimenticios”, según Amando de Miguel. Aunque también deja claro que si se llevan a cabo iniciativas como Plenufar, los chavales pueden redireccionar sus malas costumbres y, a su vez, las de sus padres.

De hecho, puede parecer curioso que en muchos comedores escolares se coma de manera más equilibrada que en casa. Esto se debe a que incluyen todo tipo de comidas, a pesar de que a los niños no les gusten. Algo que en ocasiones no ocurre en los hogares en que los niños están más consentidos.

Pero como dice Monserrat Rivero, directora del proyecto, “no se puede modificar un hábito si no hay conocimiento previo”. Para esta campaña se elaboró un material didáctico dirigido al profesor, al alumno y al farmacéutico, que sirvió de base para impartir la formación-información con respecto a los alimentos y al grupo al que pertenecen.

Los productos sobre los que más han aprendido los niños son el queso, los macarrones, el arroz y el pan. Al principio, sólo el 75 por ciento incluía el queso en el grupo de la leche y derivados; el resto lo destacaba como “carne y embutidos”, quizás porque se vende en las mismas tiendas o porque se sirve a la vez en las comidas. Al final era identificado correctamente en su grupo por el 80 por ciento de los alumnos.
También les resultaba complicado en un principio incluir el pan, los macarrones o el arroz en el grupo de los cereales. Finalmente, aumentó también el porcentaje de identificación con respecto a este grupo.

Gracias a las jornadas educativas, se ha detectado igualmente un aumento del consumo de los ‘enemigos’ tradicionales de los niños como el pescado y la fruta. Este último grupo resulta un punto importante sobre el que incidir en un futuro porque las raciones diarias que se ingieren siguen siendo mínimas.

La mayoría de los niños participantes en la campaña ha valorado la experiencia como “bastante interesante”. Los profesores y farmacéuticos la consideran “muy acertada” y añaden que, en próximas ocasiones, se debería incidir más en los padres como responsables de la alimentación familiar.

Actitud niño/niña

Ya a la edad de 10-12 años se observan diferencias entre los hábitos y las actitudes de ambos sexos:

–El 37 por ciento de los niños no suele tomar pan o menos de media barra al día, frente al 52 por ciento de las niñas.

–El 61 por ciento de los chicos toma fruta todos o casi todos los días, frente al 68 por ciento de las chicas.

–El 36 por ciento de los chavales suele tomar verdura y ensalada todos o casi todos los días, frente al 44 por ciento de chicas que consumen este alimento.

–Para el 65 por ciento de los niños cocinar es divertido, opinión que comparten el 77 por ciento de la niñas.
 

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