Especial XIII Convención Acade

Pilar Jericó: “Los profesores deben recargar energías, crear sus ‘spas’ particulares”

El clima laboral y la gestión de uno mismo son los pilares de la motivación. Las habilidades ‘blandas’ se imponen en todos los ámbitos, también en el educativo.
Javier PerisMartes, 11 de diciembre de 2018
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Pilar Jericó es doctora en Organización de Empresas y Licenciada en Económicas y Empresariales. Ha realizado estudios en las universidades de Harvard, UCLA y Florencia. Es consultora y coach en desarrollo del talento y liderazgo y autora de varios libros tanto de ficción como no ficción: No miedo, Poderosamente frágiles o Héroes cotidianos, entre otros. Recientemente ha publicado Vitamina X: Cómo subir tu nivel de energía para mejorar tu vida. Su ponencia cerró la XIII Convención de Acade. Su título: “Liderar para inspirar; liderar para educar”.

¿El principal objetivo de un buen liderazgo?

—Es una tarea ardua y compleja, pero podemos empezar por la motivación. En realidad todos debemos plantearnos por qué hacemos las cosas y en una profesión como la de profesor todavía más. Tratamos con el material más sensible, que son las personas, y además jóvenes. Los dos pilares de la motivación son, por un lado, lo que llamo gestión de sí mismo, y por otro el entorno, el clima laboral.

Empecemos por el primero…

—El desgaste puede ser muy intenso entre los docentes. Pero los seres humanos somos capaces de influir en nosotros mismos para impulsar cambios. Hay que empezar por definir las propias emociones y ver cuáles debemos alimentar y cuáles no. Debemos retarnos, elevar el listón en cada curso, ponernos desafíos… Y también recargar energías, crear ‘spas’ personales.

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El clima laboral afecta enormemente a la motivación del profesor y por tanto acaba afectando también a los propios alumnos

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¿Y el entorno?

—El clima laboral afecta enormemente a la motivación del profesor y por tanto acaba afectando también a los propios alumnos. Es responsabilidad de los directivos, y de cada uno, favorecer un ambiente adecuado. No se puede trabajar a gusto si hay enfados, cabreos… Debemos intentar rodearnos de gente con buen rollo.

La dirección de un equipo docente no debe ser muy diferente en otros grupos.

—Tiene aspectos comunes, evidentemente, y como en el resto de los entornos hay que saber identificar los cambios. Ahora, por ejemplo, se valoran mucho las habilidades ‘blandas’, las que no tienen que ver con los conocimientos concretos, y son trasversales. Hablo de habilidades comunicativas, relacionales, la capacidad de compromiso… incluso saber hablar en público. También está ocurriendo en la enseñanza. 

Son muchas cosas para ejercer un buen liderazgo.

—Para resumirlo yo suelo proponer un triángulo y, en el centro, un corazón. En un vértice encontramos el objetivo de desarrollar un propósito ilusionante, y esto solo se consigue apelando a las personas, a sus propósitos y motivaciones. Otro vértice es que el profesional debe sentirse importante, valorado, y para eso hay que saber escuchar, hay que conversar. Y finalmente debemos conseguir que las personas se sientan útiles, que sientan que su talento puede entrar en juego.

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La escucha debe servir para reconocer los valores de la diversidad, de la pluralidad de ideas y de propuestas

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¿Es solo una sensación?

—Aquí entra la competencia del directivo o del formador. La escucha debe servir para reconocer los valores de la diversidad, de la pluralidad de ideas y de propuestas, de las diferentes formas que tiene cada uno de ver las cosas. Y entonces los debates son constructivos, y descubres que se puede aprender y enseñar de muchas maneras diferentes.

Nos queda el corazón…

—Sí. En el centro de este triángulo se encuentra el corazón de todo aprendizaje: el ejemplo. El alumno no entendería que el profesor no mostrara las actitudes que se le exigen o los valores que pretende trasmitir. Dar un buen ejemplo es básico.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la enseñanza reglada?

—En España los planes de estudio no dejan mucho margen de maniobra, pero es imprescindible enseñar de manera diferente. La sociedad ha cambiado y sigue cambiando a un ritmo trepidante, y es indispensable preparar a los jóvenes para asumir y gestionar esos cambios. Si hay que dar Matemáticas, hay que hacerlo de forma que se enseñen también habilidades; si se trata de Física, debe enfocarse de forma que se aprendan competencias que van más allá de la propia materia.

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La Educación empieza en la familia, pero hay culturas muy diversas en cuanto al grado de implicación en la escuela

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¿Es la tecnología uno de esos cambios?

—La tecnología nunca sustituirá al aula pero las exigencias en este sentido son cada vez mayores y nos alcanzan a todos. Durante mi estancia en UCLA tuve que adaptarme a un sistema que aún no había experimentado: el trabajo en el aula era exclusivamente vivencial, porque se daba por hecho que el estudio se realiza en casa y con medios cada vez más modernos.

¿Y el papel de la familia?

—Es evidente que la Educación empieza en la familia, pero hay culturas muy diversas en cuanto al grado de implicación en la escuela. En el caso norteamericano, por ejemplo, la elección del colegio es tan importante que el precio de una vivienda está muy condicionado por la cercanía de un buen centro, porque los padres eligen su residencia en función de la oferta educativa. Además, las familias se implican intensamente.

Eso significa competencia.

—Exacto. Cada vez hay menos niños, y tienes que ofrecer aspectos diferenciales para enfrentarte a esa escasez. En los EEUU encuentras escuelas, también públicas, especializadas en ciencia, en arte, en teatro… y todas ofrecen la misma certificación académica.

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