“Un buen profesor ama su profesión y conoce bien en qué consiste y qué comporta”

Los profesores no se pueden limitar a transmitir conocimientos, sino que tienen que ser capaces de transmitir emociones. Además, han de tener en cuenta la interdisciplinariedad de los contenidos de hoy día.
Martes, 9 de abril de 2019
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Mª Rosa Espot y Jaime Nubiola son autores del libro ‘Alma de profesor’
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La buena docencia requiere de pasión y vocación, más si cabe en los convulsos tiempos del nuevo siglo. Convencidos de ello, Mª Rosa Espot y Jaime Nubiola escriben Alma de profesor (Desclée De Brouwer). La doctora en Humanidades por la Universidad Internacional de Cataluña y el catedrático de Filosofía en la Universidad de Navarra desgranan a lo largo de la obra un amplio elenco de temas educativos de actualidad, omitidos a menudo en  los libros de Educación. Para los autores, el objetivo de este libro es despertar el alma de profesor que tenían los docentes en su corazón cuando iniciaron su carrera y dirigirse a quienes se inician como profesores y a todos aquellos que estén interesados por la Educación.

¿Qué significa tener ‘Alma de profesor’?
— Significa ser un profesor que vibra en el aula, que está convencido de que su profesión es la mejor del mundo y que una de las mejores cosas que le ha pasado en su vida es ser profesor, es decir, un profesor con entusiasmo, ilusión y pasión, con ardor docente.

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Debemos intentar averiguar el sentir de los alumnos: qué les interesa, qué les preocupa y qué les hace sufrir

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¿Qué atributos tiene un buen profesor?
—Un buen profesor quiere a sus alumnos de manera incondicional, está interesado en aprender y dispuesto a cambiar para ser mejor, es buen comunicador, es un profesional comprometido e implicado y goza en el aula. Un buen profesor ama su profesión y conoce a fondo en qué consiste y qué comporta.

¿Cómo debería ser la tarea del profesor “más allá de la mera instrucción de contenidos”?
—No basta que los profesores pongamos atención en los contenidos de la materia que impartimos, en la disciplina, en la asistencia a clase, en las calificaciones y en todas las cuestiones burocráticas propias de la práctica docente. Además, debemos intentar averiguar el sentir de los alumnos: qué les interesa, qué les preocupa y qué les hace sufrir. De ese modo el profesor podrá ayudar a los alumnos más y mejor. Además de transmitir conocimientos, ha de ser capaz de transmitir emociones.

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Ciencias y letras no son dos bloques independientes y aislados, como se han presentado

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¿Qué entienden por “buenos deberes”?
—Unos buenos deberes logran fomentar hábitos de estudio y responsabilidad, en una cantidad adecuada y adaptada a la edad de los alumnos.

¿Metodologías tradicionales, innovadoras o ambas?
—Todos los profesores queremos que nuestros alumnos sean buenos en contenidos, creativos, autónomos y analíticos, que sepan hablar en público, sean pacientes y esforzados. Quizá la manera de conseguirlo esté en saber ambos tipos de metodologías, sin excluir alguna por el mero hecho de ser moderna o anticuada.

¿Qué es la interdisciplinariedad y por qué es el desafío de la “nueva Educación”?
—El profesor ha de tener en cuenta que hoy en día los conocimientos se han especializado de tal modo que es imposible saberlo todo directamente y saberlo de forma solitaria y aislada. Resolver o dar una respuesta a los problemas que plantea la creciente complejidad del mundo en el que vivimos pide al investigador un enfoque interdiciplinar, esto es, una mirada más amplia y recurrir a conocimientos que provengan de distintas disciplinas. Escuchar a otros, indudablemente, enriquece la investigación.

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La tecnología no debe copar la maravillosa y humana tarea docente del profesor, en el aula y fuera de ella

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¿Cuál es el “debate de las dos culturas” y cómo debe ser afrontado?
—Ciencias y letras no son dos bloques independientes, aislados el uno del otro, como desde hace varias décadas se ha presentado. Somos muchos los que defendemos la interdisciplinariedad que estamos convencidos de la necesidad de una formación más humanística. Necesitamos profesores que en su enseñanza y en su vida sepan aunar esas dos culturas y así lo contagien a sus estudiantes.

¿Cuál debe ser el papel de las tecnologías en el aprendizaje de los alumnos?
—El buen uso de las pantallas en las aulas nos parece excelente, si se emplea como lo que es: un recurso más para el aprendizaje. No debe copar la maravillosa y humana tarea docente del profesor tanto en el aula como fuera de ella. Estamos convencidos de que ni la mejor de las tecnologías puede sustituir a un buen profesor.

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No hacen falta pantallas ni computadores, sino profesores ilusionados con entregar un modo de vida a los estudiantes

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¿Cómo se imaginan la Educación del futuro?
—Hay quienes pronostican que en las aulas escolares de un futuro no lejano, así lo hemos leído y transcribimos, “las clases magistrales van a desaparecer, el currículo estará personalizado a la medida de las necesidades de cada alumno y se valorarán las habilidades personales y prácticas más que los contenidos académicos. Internet será la principal fuente del saber”. Está claro que estos vaticinios están por ver.

¿Cómo les gustaría que fuera la Educación del futuro?
—Nos gustaría que fuera más personalizada y más rica emocionalmente para favorecer la creatividad del estudiante. Para esto, realmente, no hacen falta pantallas ni computadores, sino profesores ilusionados con entregar un modo de vida a los estudiantes. Viene al caso recordar aquel dicho que ya aparece en Plutarco: “educar no es llenar un vaso, sino encender un fuego”.

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