Decálogo para educar a tus hijos (y ninguno es como te educaron a ti)

Con motivo del Día Internacional de las familias (15 de mayo), la Asociación Mundial de Educadores Infantiles reflexiona sobre la educación de los hijos en las familias del siglo XXI. Cuanta más información hay disponible, más desinformados están los padres. La diferencia de criterios crea ambientes cargados de permisividad, sobreprotección, autoritarismos desmesurados, etc.
RedacciónMartes, 14 de mayo de 2019
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El maestro debe ser el referente en cuanto a las dudas que les surjan a los padres con respecto a la educación de sus hijos, según los expertos de AMEI-Waece.

En la era de la comunicación los cambios de costumbres, de las normas y de las relaciones sociales se suceden con rapidez. En una sociedad de abundancia y consumo (siempre comparada con épocas anteriores) se observa un deterioro en valores éticos y morales. Muchos padres sienten incertidumbre con respecto a la sociedad del futuro y desorientación en el presente, dudando acerca del tipo de educación que deben ofrecer a sus hijos.

Los padres no pueden educar a sus hijos del mismo modo que fueron educados porque la sociedad ya no transmite sus normas de una generación a otra, los cambios son demasiado rápidos y las normas se van estableciendo a medida que se suscitan nuevas situaciones.Ser padre implica convertirse en el primer y fundamental educador de los hijos. En líneas generales es suficiente aplicar el sentido común, mucho amor y bastante paciencia.

Los expertos de AMEI-Waece ofrecen 10 reflexiones sobre los pilares básicos de la educcaión en el seno de la familias en el contexto social actual:
  • El respeto a la individualidad y a la dignidad del niño, que en ningún caso es una propiedad o capricho de los padres. Estos deben asumir su responsabilidad de ayudar y dirigir al niño hacia su madurez ofreciendo, gradualmente, mayor libertad y autonomía que le ayuden a sentirse útil, responsable de sus actos y asumir las consecuencias que se derivan de ellos.
  • El amor entre los miembros que conviven en el hogar, y el amor hacia el niño facilita la creación de un clima de aceptación, respeto, seguridad, confianza y afecto. En este clima no caben los juicios de valor hacia las personas, tampoco las comparaciones, las luchas de poder o las expectativas desajustadas.
  • Vivir implica superar pequeñas frustraciones y dificultades diariamente. Los padres protectores en exceso evitan que el niño se esfuerce o que se enfrente a problemas, toman la iniciativa por él y le facilitan todo. En estos casos, los niños se sienten ineptos, inferiores, inseguros y dependientes de sus padres.
  • Los hogares permisivos, donde los niños hacen lo que les place, les convierte en desordenados, inseguros, incapaces de realizar el mínimo esfuerzo para conseguir un objetivo, no adquieren una conciencia que dirija su conducta y no tienen capacidad de interiorizar normas morales. Estos hogares suelen ser fruto de unos padres egoístas qye tienen desinterés por la educación de los hijos.
  • El entorno familiar, como contexto social, debe establecer una serie de normas, pero esto no justifica los hogares excesivamente normados e inflexibles.
  • Ejercer la autoridad con diálogo y tolerancia. No se trata de mandar como ejercicio de poder, de discutir o de imponerse por la fuerza, sino de buscar la razón y la coherencia que ayudan a formar conductas responsables.
  • No deben olvidar que los padres y/o adultos que conviven con el menor son el modelo a imitar por los niños, el espejo en el que se miran. Los pequeños hacen lo que ven hacer, no lo que les dicen que hagan.
  • El hogar sano es un lugar lleno de sustento: cuidados físicos y cariño, sustento emocional a través del intercambio de ideas y sentimientos, y sustento creativo a través de la participación enriquecedora de la familia.
  • En la familia existe aceptación mutua, que en parte es incondicional. Hay poca preocupación por lograr igualdad en los intercambios porque los miembros de este tipo de hogar creen que lo que obtienen está en relación con sus necesidades. La rivalidad entre hermanos es mínima porque no observan favoritismos y suspicacias.
  • El ambiente familiar debe ofrecer seguridad, protección, y resultar interesante. En este ambiente las personas pueden ser ellas mismas, expresar sus sentimientos e intercambiarlos. El clima de este hogar permite cometer errores, explorar y crecer para adquirir una personalidad única sin temor a burlas, ataques o represalias.

Ante cualquier duda o inseguridad, la psicóloga Elvira Sánchez-Igual, de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-Waece) anima a padres y otros adultos que forman parte de la vida del niño o la niña a preguntar a los docentes. “Los maestros se han formado para ello, tienen amplia experiencia y conocen a los niños incluso en ocasiones mejor que nosotros. Ellos son profesionales de la educación y las personas que mejor nos pueden orientar ante nuestras dudas y/o inseguridades”. “Buscar respuestas en internet sobre cómo educar a nuestros hijos antes de haber consultado a un profesional –en este caso a su maestro– es como medicarte sin haber pasado por consulta, un auténtico peligro”. Y bromea, “debería de haber recetas educativas, sujetas a prescripción “docente” al igual que ocurre con los medicamentos”.

Para finalizar, desde esta asociación afirman que las personas que crecen dentro de un entorno familiar sano demuestran sentimientos firmes, valores, prioridades y conciencia social; son flexibles, se escuchan unos a otros y no se dedican a comparar o a competir. Se dan a sí mismos y se quieren sin condiciones.

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