Cómo preparar para profesiones que todavía no existen

Para lograr el éxito en las industrias desconocidas del futuro, necesitamos enseñar a los estudiantes no qué pensar, sino cómo y para qué hacerlo.
Ignacio FernándezMartes, 8 de octubre de 2019
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El mercado laboral está cambiando. El teletrabajo, los espacios abiertos y los escritorios flexibles son algunas de las características de los nuevos edificios de oficinas. A nivel profesional desaparecen las divisiones por edades, especialidades o procedencia. La tecnología, la sostenibilidad y el bienestar marcan la pauta para establecer ambientes creativos en los que las distintas generaciones puedan desarrollar su potencial.

Pero, ¿cómo debemos preparar a las futuras generaciones antes de su incorporación al mundo laboral? Los centros educativos tienen el reto de formar a los estudiantes en destrezas y habilidades para trabajos todavía desconocidos. Es más, los alumnos de hoy realizarán sus trabajos mañana con tecnologías que aún no han sido inventadas y, al mismo tiempo, deben absorber prácticas de vida sostenibles y hábitos de consumo responsables para asegurar el bienestar de las comunidades y el medio ambiente.

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A medida que crece la demanda de trabajo interdisciplinar y flexible, las aulas tradicionales serán cada vez menos relevantes

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Los centros educativos del futuro tendrán que mantener fuertes lazos con sus comunidades para desarrollar redes de apoyo alrededor de los estudiantes que fomenten la exploración de intereses personales y, por tanto, el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Solo así los estudiantes contarán con una base sólida sobre la que ejercer sus profesiones y se familiarizarán con hábitos de aprendizaje y reciclaje en el tiempo.

El ambiente físico de las escuelas debe reflejar estos cambios mediante la incorporación de espacios abiertos de colaboración y talleres, más que aulas, que permitan compartir experiencias. A medida que crece la demanda de trabajo interdisciplinar y flexible, las aulas tradicionales serán cada vez menos relevantes pero, al mismo tiempo, se hace necesario incorporar espacios tranquilos para acciones en grupos pequeños, espacios de trabajo individual conectado, laboratorios y centros de innovación.

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Los alumnos del futuro se enfocarán hacia el mundo real sin perder el análisis crítico y creando una visión filosófica de su entorno

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Pero para que los colegios, institutos y facultades desarrollen ciudadanos socialmente más responsables, sus espacios de aprendizaje deberán fomentar los valores culturales y el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible definidos por la ONU. Serán espacios que faciliten el debate, en los que podamos cuestionar las soluciones a los desafíos globales actuales y futuros.

La integración de la tecnología y las herramientas on line ya está cambiando la estructura de los métodos y objetivos del aprendizaje. Los alumnos del futuro harán menos exámenes y más proyectos. Se enfocarán hacia el mundo real sin perder el análisis crítico y creando una visión filosófica, personal, de su entorno. Para lograr el éxito en las industrias desconocidas del futuro, necesitamos enseñar a los estudiantes no qué pensar, sino cómo y para qué hacerlo.

El fomento de mentes críticas, inquietas e insatisfechas no es algo nuevo: desde Sócrates hasta Summerhill los buenos profesores ya lo han empujado. Lo que tenemos que hacer es recuperarlo otra vez, pero sin olvidar el papel de los padres y de toda la comunidad ya que, como le gusta recordar al filósofo y pedagogo José Antonio Marina, para educar a un niño hace falta la tribu entera.

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Un ejemplo de este cambio de tendencia en nuestro país es Chromville

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Los diseñadores de espacios educativos nos interesamos por las tendencias que cambian nuestro entendimiento del aprendizaje, dando forma a las escuelas del futuro. Un ejemplo de este cambio de tendencia en nuestro país es Chromville. Esta herramienta ofrece a los profesores un conjunto de fichas para colorear que se pueden imprimir desde la web (la parte física), junto con una app que permite a los estudiantes ver las imágenes de las fichas en tres dimensiones (realidad aumentada: la parte digital). Los alumnos colorean las hojas y luego ven cómo salen de la página a través de un dispositivo inteligente para jugar o completar una actividad.

Con herramientas educativas como esta mejorará la creatividad de los niños, aumentará su motivación en el aula, se acelerarán los procesos de aprendizaje temprano y se fomentará la interacción social, todo ello mediante la mezcla de tecnologías milenarias con otras digitales. La empatía infantil solo se desarrolla jugando con otros niños, pero el conocimiento crece con los años gracias a plataformas como Edmodo, Moodle, Ted Talks o LinkedIn Learning. Y las que vendrán.

Ignacio Fernández, director asociado de Arup España.

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