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Diferencias entre estudiantes y grupos

Manuel Carmona
Profesor universitario
28 de enero de 2020
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Conforme van sucediéndose las primeras clases y el curso avanza, cada estudiante y grupo comienza a matizar y definir su comportamiento, sus características y su nivel de crecimiento y madurez. Es obvio que en cada aula hay diferentes puntos de partida según cada alumno y sus circunstancias más allá de la vida universitaria. Eso obliga al docente responsable a adaptar la dinámica del curso a los diferentes estadios para, por un lado, avanzar según demanda la formación profesional y humana de los jóvenes. Y, por otro, teniendo presente a aquellos que presentan un nivel menor o tienen más dificultades, animarles para que con esfuerzo, vocación y constancia alcancen el punto de crecimiento de aquellos que ya sobresalen. Como nos decía el Dr. Fernando Velasco hace veinticinco años en sus clases, “sueñen con alcanzar el último peldaño de la escalera para que si se quedan un poco antes, lo hagan en el escalón anterior”.

Resulta sintomático, cuando tenemos por delante los próximos tres meses, que las primeras sensaciones muestren que vuelven a ser los discentes del Doble Grado en Fundamentos de la Arquitectura, Diseño Integral, Bellas Artes y Moda los más activos a lo largo de los debates que desarrollamos en cada una de las sesiones. Aún es pronto para elevar nada a definitivo, pero resulta llamativo que este curso como el pasado, sean más proactivos, líderes y esponjas a esta filosofía y dinámica de materia que les planteo, que sus colegas del Doble Grado de Protocolo, Organización de Eventos y Comunicación Corporativa.

Aún es pronto para elevar nada a definitivo, pero resulta llamativo que este curso como el pasado, sean más proactivos, líderes y esponjas

Es cierto como hablábamos en la clase del pasado viernes, que siempre es un reto mayor tanto para ellos como para mí mantener ese debate sobre el tema elegido en inglés durante las casi dos horas que dura aquélla. Sin embargo, esa dificultad no tapa una carencia que detecté el curso anterior en los alumnos que eligen este Doble Grado de Protocolo, Organización de Eventos y Comunicación Corporativa ya sea en español o en bilingüe: salvo una minoría que tienen asimilada la proactividad y la aplican en clase, un grupo mayoritario significativo tiende a estar en silencio mientras el resto de compañeros intervienen. Hasta que poco a poco van superando sus circunstancias y se suman a este modus operandi. Varias son las causas que lo explican:

Una, la falta de costumbre durante el Bachillerato de practicar esta filosofía académica, profesional y humana, salvo raros y ejemplares casos.

Dos, una timidez excesiva para hablar en público. Algo muy sintomático y clarividente, por eso les insisto desde el primer día que parte de su crecimiento y maduración como personas y profesionales se sustentará en su capacidad de ser buenos oradores en público.

Salvo una minoría que tienen asimilada la proactividad y la aplican en clase, un grupo mayoritario significativo tiende a estar en silencio mientras el resto de compañeros intervienen

Tres, como ellos mismos me reconocían, el miedo a equivocarse. Frente a este temor, les muestro que a lo largo de la Historia lo habitual para la persona ha sido errar. Y que lo importante es aprender y rectificar para luego acertar.

Cuarto, siendo un grupo que en el futuro se dedicará a organizar eventos nacionales e internacionales, resulta poco conveniente que la mayoría de ellos tanto el curso pasado como éste se sienten de mitad de clase para atrás. Como les recordó en abril de 2019 el Dr. Juan Carlos Pérez Jiménez el día de su intervención en las Primeras Jornadas de Expertos en el Aula, no tiene sentido esa ubicación retrasada ni en clase ni en un auditorio si desean dedicarse a este mundo laboral.

Por último, nunca es tarde para rectificar y comenzar desde hoy mismo a practicar aquellos hábitos que les permitan crecer de forma notable. De cada uno depende.

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Comentarios
  1. Ana
    28 de enero de 2020 19:16

    Totalmente de acuerdo! Aunque también daría otra razón: la frialdad de las tecnologías y redes sociales. Esta nueva generación se está (mal)acostumbrando a monologar con una pantalla. Con ella son capaces, no sólo de dar sus opiniones sobre temas que podrían hablar en clase, sino también de mostrar todo su interior y romper con la magia del secretismo…

    1. Manuel Carmona
      17 de junio de 2020 16:55

      Ana, en este tiempo de final del curso académico, puedo responderte. En efecto las nuevas generaciones han de dejar a un lado el mal uso de las nuevas App, y usarlas para cuando en realidad son necesarias. También hay más ocasiones de las que son pertinentes en que la juventud está reproduciendo unos comportamientos y unos hábitos que ven a sus mayores. Por tanto, la corresponsabilidad es compartida. Como hemos trabajado hasta donde ha sido posible a lo largo de nuestro curso, la participación y el feedback entre docentes y estudiantes son clave para que la formación y la educación cívica sean de la más alta calidad ayer, hoy y mañana.