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Metodologías por proyectos e interdisciplinares para una enseñanza virtual integral

Son metodologías que requieren mucho trabajo cooperativo –que justo se ve dificultado en estos tiempos–, pero que también fomentan el aprendizaje autónomo.
Amanda SalazarMartes, 2 de junio de 2020
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© ALINA KVARATSKHELIIA

Con las semanas, docentes, familias y administraciones han ido haciendo frente con mayor o menor éxito al desafío de la Educación a distancia. Aún hay muchos flecos que mejorar, empezando por no dejar atrás a ningún niño. Pero una de las críticas más constantes que llegan desde los hogares es la excesiva carga de trabajo para los estudiantes en un contexto que no es normal.

Y no todos los padres están preparados para poder ayudarles. “Nunca antes en estas etapas educativas se había hecho enseñanza telemática. La adaptación al aula digital ha destapado, por un lado, la brecha digital, pero por otro también una brecha social que está haciendo muy compleja la situación para muchos alumnos, no todos los progenitores tienen formación para poder apoyar a sus hijos, sobre todo a nivel de Secundaria”, indica Mari Carmen Morillas, portavoz de la Ceapa.

Este es el panorama en el que se exige a los estudiantes sentarse delante de un ordenador, tablet o móvil –a veces compartidos con otros hermanos o con el teletrabajo de los padres– para conectarse a una videoconferencia con el profesor –en el mejor de los casos–, ver recursos educativos y entender por su cuenta lo que se le explica para hacer deberes y exámenes como si siguiesen en un aula. Si algo ha mostrado la enseñanza virtual en este tiempo es que no es lo mismo aprender a distancia que en el ambiente de la escuela.

Distinta adaptación

“Muchos centros y docentes a título individual han hecho lo que han podido con creatividad y de forma autodidacta –porque no han recibido pautas para ello–; otros profesores han entendido las plataformas para conectarse con los alumnos como un mero volcado de deberes”, asegura Morillas.

Esto incluye también la mera adaptación de las formas de trabajo y evaluación de la enseñanza tradicional. Si en Secundaria cada profesor envía a través de las plataformas o por email un sinfín de tareas, sin coordinarse con el resto del equipo docente para conocer qué se le está exigiendo al alumnado, lo que provocan al final es una sensación de sobresaturación que bloquea a los estudiantes.

Es necesario, ahora más que nunca, buscar nuevas vías para enseñar. Así lo apuntaba David Alonso, coordinador del Máster de Profesorado de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) en una entrevista concedida a MAGISTERIO: “No tiene sentido seguir evaluando y mandando deberes de la misma manera que en el aula, en estos momentos debemos pensar más en términos de competencias que de contenidos y en metodologías para su adquisición como, por ejemplo, el aprendizaje basado en problemas o trabajos por proyectos”.

La interdisciplinariedad

La interdisciplinariedad o unión de varias materias afines para abordar los contenidos del currículum de forma más global es algo que ya estaban experimentando algunos colegios e institutos. Y en Secundaria es una de las apuestas a las que apunta la Lomloe –una ley que ya está en entredicho antes de haberse tramitado–.

“Estamos acostumbrados a una distribución de los horarios de clase por materias, pero es algo artificial; la organización por asignaturas tal y como la conocemos se distribuye así porque nos lo inventamos en determinado momento, pero el mundo no está parcelado de esa manera. En la enseñanza a distancia esta distribución debería cambiar porque la noción del tiempo no puede ser la misma que en el aula tradicional. Es necesario dar un paso más”, opina Juan Luis Fuentes, profesor en la Facultad de Educación de la UCM especializado en ABP y aprendizaje-servicio (ApS).

Fórmulas de enseñanza como el aprendizaje cooperativo y por proyectos, la interdisciplinariedad o transdisciplinariedad… tienen la ventaja de conectar los conocimientos con la realidad del alumnado, permiten trabajar y poner en práctica los contenidos y adaptarlos al contexto del estudiante, lo que supone un aprendizaje más significativo, según apunta Fuentes.

El ApS va un paso más allá, poniendo ese aprendizaje al servicio de la comunidad, solucionando un problema real en el entorno del alumnado, con lo que el menor ve una finalidad tangible como resultado del proceso.

Estas metodologías requieren mucho trabajo cooperativo del alumnado y una parte del aprendizaje está en la comunicación que se produce con los propios compañeros, algo que se dificulta en tiempos de clases a través de pantallas.

Pero también incentivan el trabajo autónomo del alumnado, con el profesor como guía, y ofrecen la opción de unificar los proyectos por ámbitos de conocimiento, de forma que varios docentes pueden supervisar y evaluar un mismo trabajo, lo que reduce la sensación de tener muchas tareas desconectadas entre sí.

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Creamos experiencias de aprendizaje en las que el juego, las emociones y el respeto a los intereses propios generan la motivación por el aprendizaje

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Algunos centros ya aplicaban estas metodologías innovadoras en la forma presencial. Es el caso del Colegio Público de Infantil y Primaria “Amara Berri”, situado en Donostia-San Sebastián. Su sistema pedagógico se basa en un proyecto global de equidad e igualdad de oportunidades, según explica Emilio Martín, asesor de la red de centros que se han sumado a este tipo de enseñanza –19 escuelas en toda España–.

“En nuestro centro, trabajamos con más de 1.400 alumnos de hasta 12 años adaptando el currículum a situaciones vitales y contextos sociales cercanos a los niños, y creamos experiencias de aprendizaje en las que el juego, las emociones y el respeto a los intereses propios generan la motivación por el aprendizaje”, explica Martín.

En el primer ciclo, por ejemplo, crean un barrio con diferentes comercios, en el que los niños aprenden los números, cantidades, pesos y operaciones a través del juego de compraventa. Además, utilizan la escritura, la expresión oral, se fomenta la participación, la autonomía… En ciclos superiores, están muy presentes los medios de comunicación y proyectos relacionados con ellos. Además, en todos los espacios de aprendizaje existen zonas de escritura creativa o de teatro.

En las aulas de “Amara Berri” no solo se mezclan asignaturas o ámbitos, sino edades por ciclos. “No tiene sentido separar a los estudiantes por edades en clase; la mezcla de edades es muy beneficiosa y la escuela es el único ámbito de la vida donde esto se coarta”, defiende Martín.

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Trabajamos a través de proyectos cooperativos, con la flexibilidad como principio, adaptándonos a los niveles de competencia

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Otro ejemplo, esta vez en Secundaria, es el de las aulas cooperativas multitarea del Colegio “Padre Piquer”. Este centro concertado situado en el barrio madrileño de La Ventilla decidió dar un giro a su sistema pedagógico hace 20 años para luchar contra el fracaso escolar y para mejorar la formación de su alumnado en una zona de desventaja social y económica. El objetivo es convertir a los estudiantes en los protagonistas de su propio aprendizaje.

Las aulas cooperativas en el Colegio “Padre Piquer” tienen dos grandes ámbitos, el ámbito socio-lingüístico (que engloba Lengua y Literatura, Ciencias Sociales e idiomas) y el ámbito científico-matemático (Ciencias, Física y Química). La organización del tiempo también es diferente, ya que las clases de ámbito no duran una hora, sino que pueden ser módulos de dos o tres horas seguidas, con varios profesores compartiendo el aula a la vez.

“Trabajamos a través de proyectos cooperativos, con la flexibilidad como principio, adaptándonos a los niveles de competencia; se trata de una coordinación compleja que requiere mucho más trabajo en equipo por parte del profesorado”, señala Gregorio Casado, coordinador de Innovación y de Formación en el Colegio “Padre Piquer”.

Los estudiantes aprenden otro tipo de competencias más allá de los contenidos curriculares: trabajar en equipo, dialogar, negociar, desarrollar su iniciativa y su autonomía…

Pero sí es verdad que este tipo de pedagogías son más comunes en Primaria que en Secundaria. La razón: “Los docentes en Primaria tienen una formación más generalista, mientras que la base en Secundaria es la especialización de los profesores”, explica Juan Luis Fuentes, profesor de la UCM. Además, requiere una mayor coordinación e implicación por parte del equipo docente para buscar nuevos recursos y propuestas.

Los alumnos aprenden otro tipo de competencias: trabajar en equipo, dialogar, negociar o desarrollar su iniciativa y su autonomía.

Y plantea otra dificultad: ¿cómo evaluar entre varios docentes el mismo proyecto? Si el proceso de aprendizaje cambia, también debe hacerlo la evaluación, porque en este tipo de aprendizajes no solo importan los contenidos, también las capacidades y actitudes, incluso el impacto social en el caso del aprendizaje-servicio.

“Pese a todo, es una muy buena opción y está dando muchos resultados, y en estos momentos puede ser una alternativa para llevar a cabo de forma telemática; más aún si a partir de septiembre el inicio de curso también se mantiene con estas dificultades”, añade Fuentes.

¿Cómo están viviendo la implantación virtual los centros educativos que ya estaban haciendo este tipo de experiencias? “No está siendo más fácil que con otros modelos”, reconoce Elena Guerrero, jefa de estudios de Infantil de “Amara Berri”.

“Tenemos algunas ventajas porque en este tipo de escuelas la coordinación del profesorado ya es muy importante, pero perdemos la parte afectiva, el trabajo cooperativo y la participación que fomentamos en lo presencial y que para nosotros es primordial; y en niños pequeños, es complicado sustituir la experiencia de la clase por trabajos en casa, por los niños pero también pensando en los padres”, indica.

Una alternativa que tiene aún muchos flecos en la formación on line, pero que ofrece posibilidades para otro tipo de aprendizaje en tiempos de Covid-19 y de Educación en casa.

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