Que no se apague la llama

Jorge Burgueño
Escritor y maestro
24 de junio de 2020
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En un artículo publicado esta semana se revelaban los resultados de un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid en relación al estrés que los niños han sufrido durante esta etapa del confinamiento. Es importante señalar que la muestra era de conveniencia, realizada en dos colegios públicos de la zona noroeste de Madrid, con un total de 167 estudiantes investigados. Este dato es fundamental, porque generalizar datos obtenidos en una muestra sesgada suele ser un gran error.

De todas formas algunos resultados me han llamado poderosamente la atención. En primer lugar el estudio incidía en la percepción de las familias sobre la impulsividad de sus hijos. Al parecer los familiares han percibido un incremento en la hiperactividad de sus vástagos en estos últimos meses. ¿No será que los menores han tenido menos tiempo para jugar con sus iguales y prácticamente se les ha impedido realizar cualquier actividad deportiva en los últimos cuatro meses? ¿No tendrá algo que ver? También influirá el hecho de que las familias pasen más tiempo con sus hijos, y las idiosincrasias familiares han variado inevitablemente.

Al parecer los familiares han percibido un incremento en la hiperactividad de sus vástagos en estos últimos meses

En segundo lugar se analizaba la percepción que tenían los padres con respecto a la motivación hacia el estudio de sus hijos. Según parece los resultados reflejaban menores resultados en cuanto a la motivación en comparación a los obtenidos en el mes de febrero. Este dato también es comprensible debido al cambio obligado de acceso a los contenidos que se ha tenido que dar durante estos meses y a la relación tanto con sus compañeros como con los docentes. La metodología presencial, sobre todo en edades tempranas, ya no solo es que aumente la motivación y el rendimiento del alumnado, sino que es necesaria para la adquisición de ciertos aprendizajes imposibles de transmitir vía online.

Por último, el titular de dicha noticia resaltaba que tan solo el 9% de los alumnos echaba de menos el colegio. No dejemos que esta situación produzca desmotivación y apatía hacia el aprendizaje. No permitamos que el caos y la falta de directrices claras desvíe nuestra atención de quien verdaderamente está necesitado de aprender. Nuestro objetivo no es el reconocimiento social, ni subidas salariales (aunque ayudaría de vez en cuando), sino volcarnos en conseguir un mejor aprendizaje para nuestros alumnos.

 

 

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