Simbiosis

Jorge Burgueño
Escritor y maestro
30 de junio de 2020
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Siempre decimos que cada curso es distinto, pero este, desde luego, se lleva la palma. Los cálidos mensajes de despedida de nuestros alumnos a través de frías videollamadas no han podido dejar indiferentes ni a docentes, ni a familias, ni por supuesto a los propios chicos y chicas que cierran un curso histórico y comienzan un verano atípico.

Inmersos en el debate acerca de cómo plantear la educación tras la pandemia, cabría recordar aspectos nucleares sobre los procesos de enseñanza-aprendizaje, como es el de la relación que se crea entre el profesor y su alumnado.

Todo encuentro prolongado en el tiempo genera una relación, y, al igual que ocurre con los diferentes seres vivos, la especie humana establece vínculos con otros, los cuales provocan relaciones beneficiosas o perjudiciales para uno, o ambos.

En este caso, me gusta compararlo con una relación de mutualismo simbiótica. La relación entre maestro y alumnos se parece a la existente entre el pez payaso y la anémona, en la que el primero, inmune al veneno de los coloridos tentáculos de la segunda, se refugia de los depredadores e incluso cría en estos curiosos seres; mientras que la anémona se beneficia del movimiento del pez, el cual oxigena sus tentáculos y permite un mejor flujo del agua.

No se trata de “ser” uno u otro, sino del concepto de relación que crean dos seres en relación de simbiosis: ambos se benefician de esa relación. Así, en palabras del filósofo George Steiner: “El Maestro aprende del discípulo y es modificado por esa interrelación en lo que se convierte, idealmente, en un proceso de intercambio”.

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