Alberto Royo: "Nadie más preocupado por sus alumnos que el profesor exigente"

Alberto Royo reflexiona en esta entrevista acerca de conceptos a veces denostados en la educación actual como disciplina, esfuerzo o exigencia. También hablamos con él de cómo desarrollar al máximo las capacidades de los alumnos, de la tecnología, de la ministra Celaá y de la situación que hemos vivido este curso.
Diego FranceschJueves, 30 de julio de 2020
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Alberto Royo en su aula.

Alberto Royo es musicólogo, guitarrista clásico y profesor de Música en el Instituto “Tierra Estella” de Navarra. Es autor de los ensayos Contra la nueva educación (2016), La sociedad gaseosa (2017) y Cuaderno de un profesor (2019), todos ellos publicados por Plataforma Editorial. En esta entrevista habla sin pelos en la lengua de la situación que vive nuestra educación, del reconocimiento profesional (“debería restablecerse la confianza en la labor callada y discreta del maestro”), de lo que espera de los actuales responsables educativos (¿qué pides a la actual ministra?: “Nada. Que no haga nada. Que no legisle. Que no conceda entrevistas. Prefiero que cobre por estar en su despacho”) o de la nueva ley educativa (“será similar a las otras, aunque seguro que encontrarán la manera de empeorar algo”).

¿Cuál es tu idea de la educación?

–Decía Steiner que educar es “poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano”. Es una definición que me gusta porque estamos habituados a que se frivolice con un asunto tan importante como la educación. En cualquier caso, yo creo que mi trabajo como profesor de instituto consiste en contribuir a la educación de mis alumnos enseñándoles aquello que la mayoría de ellos no podrá aprender en otra parte. Precisamente eso es lo que da valor a la escuela y la ha de diferenciar de otros ámbitos.

¿Crees que hay que cambiar muchas cosas para que ese modelo educativo que propones se instale en nuestras aulas?

–Lo primero que habría que modificar es la resistencia a emplear palabras como disciplina, esfuerzo o exigencia, sin las cuales es muy difícil aprender. Sin disciplina, no es posible afrontar retos y progresar; sin esfuerzo, no aprende uno ni a atarse los cordones de los zapatos; y sin exigencia, resulta muy complicado detectar dificultades y dar con la manera de ayudar al alumno que las tiene. Obviamente, se trata de una exigencia afectuosa, cercana, comprometida. Nadie más preocupado por sus alumnos que el profesor exigente.

Por otro lado, se ha de reclamar de las administraciones educativas que garanticen las condiciones para que todos los alumnos terminen desarrollando al máximo sus capacidades. Finalmente, debería restablecerse la confianza en la labor callada y discreta del maestro. Y aquí entran no solo las familias sino también los medios de comunicación, que dan voz a supuestos expertos que en realidad no lo son y que tienen intereses distintos de los del auténtico maestro.

¿Cómo has vivido la experiencia de enseñar desde casa?

–Con cierta ansiedad y frustración por la situación tan atípica. Por una parte, he tratado de enseñar todo lo posible, a pesar de las circunstancias, invirtiendo, como todos, mucho más tiempo. El último período del curso me ha hecho convencerme aún más de que la enseñanza presencial, en etapas como la Secundaria, es insustituible.

¿Vamos a un modelo híbrido presencial y a distancia o no?

–Bueno, hay visibles intereses comerciales en que esto suceda. De hecho, pese a que existen evidencias de que el uso de pantallas no solo no mejora sino que dificulta el aprendizaje, se sigue apostando por este tipo de herramientas, sin ningún rigor (ni rubor). No sé qué nos deparará el futuro inmediato, pero si es inevitable, por una cuestión de salud pública, recurrir a un sistema “híbrido”, habrá que hacerlo de la forma más honesta y profesional que podamos, claro.

Pese a que existen evidencias de que el uso de pantallas no solo no mejora sino que dificulta el aprendizaje, se sigue apostando por este tipo de herramientas, sin ningún rigor (ni rubor)

¿Qué falla en nuestra relación profesor-alumno?

–Es difícil decirlo. Ni siquiera estoy tan seguro de que esté fallando algo en la relación profesor-alumno. En mi opinión, la mayoría de los profesores tenemos una buena relación con nuestros alumnos. Lógicamente, no podemos llevarnos igual de bien con todos. Tampoco los adultos somos todos amigos. Lo deseable es mantener una cierta distancia afectiva con nuestros estudiantes, para no empatizar en exceso y poder ser justos (la equidad consiste en dar a cada uno lo que merece).

La relación entre un profesor y sus alumnos ha de ser, desde luego, vertical, jerárquica, sin que esto suponga ningún ataque a la dignidad de nadie, sino una diferenciación de papeles que hace que el profesor sepa y enseñe y el alumno se interese y aprenda. Nuestra labor consiste en plantearles desafíos y ayudarles a enfrentarlos, en transmitirles los conocimientos y habilidades que les ayudarán a desarrollar el espíritu crítico, la creatividad, la sensibilidad… Por eso me parece importante despertar en ellos algún grado de admiración. Quiero decir que si yo soy su profesor de Música y soy incapaz de tocar un instrumento o preparar un arreglo o analizar una partitura… Difícilmente podré conseguir estimularlos.

Los alumnos no tendrán nuestros conocimientos ni nuestra experiencia, pero saben perfectamente si sabes de lo que hablas o eres un “impostor”. Y no sé si hace falta mucho más, aunque no es poco. Julian Bream, el gran guitarrista británico, decía que lo fundamental para tocar la guitarra (y también lo es, sin duda, para enseñar) es tener pasión y deseo de comunicar. Si añadimos el dominio de la materia que te permite encontrar la manera más adecuada de transmitir lo que sabes, y que es el paso previo (si no tienes nada que enseñar, da igual cómo lo hagas), yo diría que lo tenemos.

¿Y los padres, se pueden implicar más?

–A los padres, como decía más arriba, les pido confianza y convicciones. Esto es labor de todos. Yo me responsabilizo de que mis hijos tengan modales, respeten a sus maestros y a sus compañeros, sientan curiosidad por aprender cosas nuevas… Al colegio le pido que refuerce lo que hacemos en casa sus padres y les enseñe. Con mis alumnos, mi obligación es enseñar bien mi materia, pero también ser ejemplar en mi conducta. Lo que debemos tener claro es que no puede haber grietas ni titubeos a la hora de exigir esfuerzo.

Algunos de los problemas más graves que tenemos hoy en día en los institutos son: la falta de hábitos (que si no se ejercitan desde pequeños, no me extraña que para algunos acaben resultando traumáticos), las dificultades para mantener la atención (y aquí, nuevamente, las familias tienen mucho que decir en cuanto al abuso de dispositivos, por ejemplo), el bajo nivel de comprensión lectora… En todo esto, las familias pueden contribuir de forma determinante.

¿Qué pides a la actual ministra? "Nada. Que no haga nada. Que no legisle. Que no conceda entrevistas. Prefiero que cobre por estar en su despacho"

¿Qué pides a la actual ministra?

–Nada. Que no haga nada. Que no legisle. Que no conceda entrevistas. Prefiero que cobre por estar en su despacho.

¿Y qué opinas de la nueva ley de Educación y de cómo se está tramitando?

–Da lo mismo. Se dice que llevamos no sé cuántas leyes, pero son siempre la misma, con ciertas variantes que no afectan al espíritu. Desconfío de los políticos porque nunca preguntan a quienes estamos a pie de aula y, desconociendo la realidad, no es posible hacer un buen diagnóstico (mucho menos encontrar soluciones). La nueva ley será similar a las otras, aunque seguro que encontrarán la manera de empeorar algo. Lo siento. Soy muy escéptico en este sentido y trato de no gastar energías en esto y concentrarme en hacer mi trabajo lo mejor posible.

¿Qué has echado de menos estos días de enseñanza a distancia?

–Muchas cosas. El trato con los alumnos, la cotidianidad. Los ensayos, sobre todo. Hacer música con mis alumnos es algo que me produce una inmensa satisfacción. Llevo varios años con un hermoso proyecto de orquesta escolar que he bautizado como “Agrupación Inestable del IES Tierra Estella”. Precisamente teníamos un concierto programado y tuvo que ser suspendido a causa de la pandemia, pero hemos hecho ya algunas actuaciones, antes del Covid.

Desconfío de los políticos porque nunca preguntan a quienes estamos a pie de aula y, desconociendo la realidad, no es posible hacer un buen diagnóstico (mucho menos encontrar soluciones)

¿Cómo has evaluado el curso?

–Como he podido. He intentado ser comprensivo y justo, en la medida en que me lo ha permitido la Administración. En algunos casos, alumnos que no han merecido aprobar, lo han hecho “por imperativo legal” (y así lo he hecho constar en la Programación y en los boletines de calificaciones). Pero los alumnos que trabajaban bien en situación normal, han seguido haciéndolo, en su mayoría. Y me refiero a alumnos trabajadores, incluyendo a los menos brillantes.

¿Son las nuevas tecnologías una herramienta imprescindible para enseñar?

–Son una herramienta estupenda. Un apoyo. Pero imprescindible es la voz. Si no pudiera hablar, no podría enseñar. Si a un profesor le quitas las nuevas tecnologías y no es capaz de dar una clase, mal asunto. Por mi parte, si pudiera elegir dónde se invierte el dinero, quitaría tabletas, contrataría profesores y reduciría la ratio.

¿A quién admiras en educación?

–A los profesores que todavía se atreven a enseñar y que intentan dar cada clase como si fuera la primera.

¿Cómo crees que volveremos a las aulas en septiembre?

–Preocupados. Lo de la “vuelta segura” empieza a parecer utópico… Segura del todo no podrá ser nunca, pero con muchos alumnos en clase y pocos profesores, le aseguro que va a ser imposible”.

Por mi parte, si pudiera elegir dónde se invierte el dinero, quitaría tabletas, contrataría profesores y reduciría la ratio

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