Civismo y compromiso

Manuel Carmona
Profesor universitario
27 de julio de 2020
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En esta recta final del curso académico y profesional, antes del descanso vacacional, guiados por el sentido de la aventura y la necesidad de disfrutar de una sencilla jornada en la naturaleza, partimos hasta el embalse del municipio toledano de Gazalegas, que forma parte de la comarca de Talavera de la Reina.

Nos separan unos 115 kilómetros desde Aranjuez, la mayoría por unas magníficas autovías –aproximadamente 90–. El paisaje a diestra y siniestra es hermoso, los campos de La Mancha con su historia delante de nuestros ojos. Se nota que las tierras del cereal ya han sido casi todas cosechadas en esta zona. Los olivares centenarios también nos acompañan en diferentes enclaves del trayecto. Atisbamos a la lontananza los castillos de Maqueda y Torrijos, alguna que otra torre vigía, la Toledo imperial y cerros testigos. Los cultivos de regadío se hacen presentes por el verdor de sus plantaciones y los aspersores con que se riegan.

En un recodo de un área de descanso de la carretera nacional vemos a un agricultor acompañado de un joven –es posible que sea su hijo– con su puesto ambulante vendiendo melones y sandías, y un viajero que les está comprando. Es esta una escena que cualquiera puede ver durante el verano en otros puntos de la geografía española.

Llegamos al embalse y a su paraje natural, y las actitudes y los comportamientos nos van atrayendo y admirando a casa paso y vivencia. El joven, en torno a los 20 años, alto y corpulento que se encarga del parking, destaca por su eficacia y amabilidad.

Nos dirigimos hasta el embalse cuyo entorno de césped, olivos, chopos negros, pinos y sauces llorones está cuidado con mimo y esmero. Se nota que los responsables públicos y privados tanto de la localidad como del Camping Majos y los visitantes autóctonos o los de temporada están comprometidos con su conservación. Observamos que unos y otros tienen unos comportamientos cívicos responsables y sanos con aquel entorno y forma de vida.

Observamos que unos y otros tienen unos comportamientos cívicos responsables y sanos con aquel entorno y forma de vida

Nos alegramos al ver cómo familias enteras nacidas en Marruecos, en Iberoamérica o en la Europa del Este que se han asentado hace años en esta comarca, tienen un notable grado de inclusión social. Como cualquier vecino disfrutan de esa cotidianidad que nos brinda aquel bellísimo paraje, y su respeto a las normas básicas sociales es ejemplar. Cada grupo recoge sus restos en una bolsa que se nos ha facilitado por el joven del aparcamiento o por un empleado del complejo turístico, y cuando se marcha lo deposita en los contenedores. En estos tiempos que vivimos es muy necesario que los medios de comunicación ofrezcamos estas escenas cotidianas que se producen en cualquier lugar de España o de Europa. Con ellas como sociedad y pueblo creceremos.

Cuando llega la hora del almuerzo, la brillante profesionalidad y amabilidad del equipo de Majos nos admira. Marcos, que está empleado como camarero durante la temporada estival, además de atendernos a todos los comensales que él lleva de manera sobresaliente, nos aporta conocimientos sobre Cazalegas y toda la comarca de Talavera de la Reina. Él además es un incipiente pequeño empresario con una agencia de viajes que se ha visto como tantas afectadas por la Covid-19. Y, sin embargo, conserva la ilusión, la alegría y la voluntad de sacar su proyecto y negocio adelante cuando llegue la temporada del otoño e invierno. Mientras tanto ejecuta su labor hostelera siendo como un músico que sabe tocar su instrumento dentro de la fina y cohesionada orquesta que es Majos.

No solo en este establecimiento sino también entre quienes disfrutamos de la jornada dominical vemos a hombres y mujeres de cuatro o cinco generaciones, desde abuelos hasta bebés. Seguro que todos ellos tienen sus dificultades, también que a pesar de ellas y de las que compartimos el resto de la ciudadanía, se muestran con alegría de vivir en un ambiente sereno y sin estridencias.

En uno de los momentos de conversación con Marcos, nos apunta a pregunta nuestra que toda aquella comarca lleva más de una década trabajando por recuperar su economía y sus proyectos de vida. Nos llama la atención una realidad: Talavera de la Reina, reconocida internacionalmente por su singular e histórica cerámica milenaria, tiene la misma población que la ciudad de Toledo. Y hasta la crisis mundial de 2008 tenía incluso más empadronados, entornos a diez mil personas más. Talavera de la Reina pasó de tener una economía diversificada, a empobrecerse por decisiones erróneas tomadas por las antiguas y nuevas generaciones seducidas por la “fiebre del ladrillo y de la construcción”. Casi desapareció su cabaña ganadera, la agricultura también vino a menos. La feria ganadera, que era de las referentes en España y a nivel internacional, dejó de desarrollarse.

Pero por lo que percibimos en Marcos, en la familia de Majos y en las personas con quienes coincidimos en el embalse de Gazalegas, presentimos que han aprendido de aquel pasado reciente. Y que hay compromiso, voluntad e ilusión en ellos por mejorar el presente y por tratar de construir un futuro mejor.

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