“Se puede haber leído muchos manuales de Educación Emocional y ser un analfabeto emocional”

Por Gema Eizaguirre
En Sus ZapatosMartes, 11 de agosto de 2020
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Anna Carpena lleva a sus espaldas años de docencia y experiencia en el ámbito de la Educación Emocional como maestra y como formadora de docentes. Considerada la madre de la Educación Emocional en Cataluña, es autora de múltiples libros como La Empatía es posible y Educación Emocional en la etapa de Primaria. También participa en proyectos de alfabetización emocional como en el Postgrado de Educación Emocional con Teatro de Conciencia. Método “En Sus Zapatos”.

¿Cómo ayudar emocionalmente a los menores frente al coronavirus?
—Según cómo sus adultos gestionen estas emociones se creará un entono para el niño —que es una esponja— que será histérico, lleno de miedo, u otro en el que se habla y se van gestionando las emociones poco a poco. Hay que hablar con ellos, explicarles que es normal tener esas emociones, pero que no debemos dejarnos llevar por ellas. Entonces, ver cómo las regulamos en el cuerpo (mediante la relajación, la respiración consciente y la visualización) y con el pensamiento para que no nos dañen, mediante mensajes positivos como: “Estoy en familia, mi familia me quiere, cuida de mí, me protege”. “Mi mamá y mi papá me aman. Yo los quiero mucho.”

Ese estar en casa y compartir más ¿ha sido un algo positivo de la pandemia?
—Sí, ha sido, en parte, positivo. Ha llegado un momento en el que uno se ha parado y ha podido mirar a su hijo y decirle: “¿Cómo estás?” “¿Qué podemos hacer?” “¿Qué hacemos juntos?” Y esto los niños lo han agradecido mucho. Cuando ya se ha podido salir a la calle he observado a niños mucho más tranquilos: hablando sin chillar a los padres, los padres sin chillar a los hijos; porque han pasado un periodo de tranquilidad afectiva.

¿Cómo mantener o propiciar estos espacios de confianza?
—El entorno de confianza se da cuando se crea una predisposición mutua de creer en el otro. Los críos confían en sus padres y los padres confían en sus hijos. Pero esta fidelidad puede fallar en algún momento, por alguna de las dos partes. Entonces se tiene que abordar y hablar, ya que el marco en el que se desarrolla la confianza es el diálogo. Y siempre con una conversación asertiva que no sea culpabilizante con frases como: “Mira ahora cómo me siento por tu culpa”. Con un lenguaje siempre asertivo, constructivo y lleno de esperanza.

¿Cómo ser asertivo?
—El lenguaje asertivo es un puente que dice: “Yo creo en ti y te pido que tú creas en mí”.  Si los caminos de confianza mutua empiezan desde que se es pequeño cuando se llega a la adolescencia será tan solo una continuación.

¿Y si son ya mayores?
—Entonces, aunque un poco más difícil, lo que se tiene que hacer es crear situaciones de diálogo, sin forzarlas, pero de una manera persistente: “Me gustaría hablar contigo”. Y cuando se hable, sin reproches, que sea un “yo te cuento y luego tú, si quieres, me cuentas… y buscamos soluciones, ¿qué podemos hacer?”

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El confinamiento en parte ha sido positivo para los niños porque han pasado un periodo de tranquilidad afectiva

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En algunos centros se forma en Educación Emocional de forma muy parcial.
—Sí, hay centros en los que, por ejemplo, solo se fomenta la autoestima. La autoestima es imprescindible, pero si solo te paras en este aspecto aparecen niños engreídos y niños egoístas, que no sabrán regular su frustración.

¿Cómo tiene que ser una formación en Educación Emocional para que sea sana?
—Además de aumentar y fomentar la autoestima, para no caer en el narcisismo, hay que aprender a mirar hacia afuera de uno mismo y descubrir al otro, a ser empático, tener ganas de entenderse con él y sentirlo. Es decir, la Educación Emocional saludable incluye objetivos hacia uno mismo y hacia los demás.

Hay personas que saben mucha teoría sobre Educación Emocional pero que nunca no lo han puesto en práctica. ¿Esto sirve para algo?
—No es lo mismo estar informado que estar formado. Una persona puede leerse muchos manuales de Educación Emocional y sin embargo ser una analfabeta emocional porque sabe lo que es la Educación Emocional, pero no la ha vivido; no ha hecho el viaje interior de autoconocerse, autogestionarse y ver “qué me funciona y qué he de mejorar”, con sinceridad y sin culpabilización.

¿Cómo se hace ese viaje interior?
—Es mirarse a sí misma y encontrar elementos positivos a la vez que elementos de mejora para ni sufrir ni hacer sufrir a los demás. Este autoconocimiento es necesario. Mantener esta mirada interna para decir “me he equivocado, pero puedo repararlo y avanzar, qué hago a partir de ahora”. El adulto que educa tiene que haber hecho este proceso de autoconocimiento para ayudar a hacer este viaje.

Usted colabora con el programa de alfabetización emocional “En sus zapatos”.
—He colaborado en varias ocasiones con Teatro de Conciencia, especialmente en el <a href=”https://programaensuszapatos.org/” target=”_blank” rel=”noopener”>Programa “En Sus Zapatos”</a>, aportando, para la formación de facilitadores del programa, elementos de reflexión sobre la interrelación y vinculación entre profesorado y alumnado, sobre la salud emocional del profesorado y también sobre neurociencia.

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El adulto que educa tiene que haber hecho este proceso de autonocimiento para ayudar a hacer este viaje

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En enero de 2021 comenzará un postgrado para formar a docentes en este programa.
—La formación de facilitadores se presenta este curso en formato postgrado en línea sin olvidar la importancia que, como ya me he referido, tiene la vivencia práctica, que será presencial. Se pretende asegurar una alfabetización emocional básica y un dominio de las técnicas de Teatro de Conciencia en el que se basa la metodología del programa. Método muy potente para motivar y erradicar resistencias.

¿Qué es lo esencial, el “abc” que hay que saber?
—Primero el autoconocimiento del que hablábamos y, luego, el tener unos recursos básicos, unas estrategias para poder regular las emociones que son estresantes para poder potenciar las emociones que son positivas, y lo mismo con los pensamientos. Conocer estos recursos y haberlos practicado, sobre todo es importante la práctica. Porque ¿qué hace el educador sino pedir a los alumnos que cambien una conducta errónea por otra no errónea? Y los niños dicen: “¡Pero si yo no sé cómo hacerlo!”. ¿Quién les ayuda en la corrección de estos comportamientos, en gestionar eso que les sale de dentro, que son secuestros emocionales, que no controlan…? Es a partir de conocer y haber practicado ese “abc” cuando los niños pueden llegar a regular su conducta.

En muchos centros se forma a los niños desde pequeños en reconocer emociones, pero luego no se continúa la formación…
—Sí, es difícil. Mientras son pequeños, el profesorado entiende que no se pierde el tiempo cuando lo dedica a aspectos de crecimiento personal. En cuanto aparece el currículum más formal, el profesorado se angustia y el currículum pasa por delante. Entonces no se le da al crecimiento personal la importancia que se merece.

¿Cuándo se tomará más en serio?
—Mientras los responsables de la administración educativa no hayan hecho este proceso y experimentado lo que proporciona la Educación Emocional no lo valorarán. Por eso los contenidos de la Educación Emocional se ven como unos aprendizajes blandos, de los que se puede prescindir y que no es necesario que estén en el currículum formativo. Hasta que no se experimentan sus beneficios no se pueden valorar suficientemente como para poder decir: “Esta sociedad tiene que vivir la Educación Emocional para mejorar como personas y para mejorar el bienestar de la población”.

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