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Clara Sanz: “Queremos contar con los centros de FP para multiplicar la oferta de formación para el empleo”

Sanz es una apasionada de la orientación y la Formación Profesional y se le nota. Se maneja bien en medio de esa relación, no siempre fácil, entre empresas y centros educativos.
José Mª de MoyaMartes, 15 de septiembre de 2020
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© JORGE ZORRILLA

La nueva secretaria general nos recibe en su despacho para hablar del que probablemente es el principal reto del Gobierno –con permiso de la Lomloe– en materia formativa: unificar la Formación para el Empleo y la Formación Profesional bajo el paraguas de Educación. Un dualismo absurdo e ineficiente que parece tener sus horas contadas. Necesitará algo más que suerte, pasión no le falta.

Pregunta. ¿Por qué la fusión de la Formación para el Empleo y Educación?
Respuesta. —Porque era el momento. Desde la ley orgánica de 2002 el sistema de cualificaciones profesionales y FP se dividió en dos subsistemas. En aquel momento tenía lógica, pues por una parte se pensaba en términos de formación inicial y, por otra, de formación continua, permanente. Pero casi 20 años después, la realidad se parece bien poco a la de entonces. Si toda la Educación parte del principio básico de la formación a lo largo de la vida no tiene sentido que exista esa diferenciación. Porque ambas formaciones parten de una raíz común, el Marco Nacional de Cualificaciones, donde se recogen las cualificaciones que tienen significación en el mercado de trabajo, qué necesita este que los trabajadores sepan hacer, en qué debemos formarles. En esta lógica, lo razonable es flexibilizar la formación, situando en el centro a la persona, de forma que decida qué Formación Profesional necesita en cada momento: formaciones más cortas, más largas… que puedan ser reconocibles y acumulables para ir adquiriendo una mochila formativa, profesional, a lo largo de la vida.

Deja de haber dos subsistemas y Formación para el Empleo acabará desapareciendo.
—Evidentemente. Es que toda la Formación Profesional siempre es para el empleo. ¿Cuál no lo es? ¿Hay otra para el ocio? La intención es ir hacia el fin de estos dos subsistemas progresivamente, porque es un cambio que requiere no solo cambiar la regulación de la Formación Profesional sino mucho trabajo y hacerlo bien. Todas las administraciones autonómicas y los especialistas tenían claro que es una apuesta que tenía que llegar y yo estoy orgullosísima de formar parte del equipo que lo ha hecho posible.

¿No hubiera sido mejor haber dejado la nueva Formación Profesional para el Empleo bajo Trabajo, que está más en relación con el tejido empresarial?
—Creemos que no, desde luego. En primer lugar, porque es un error pensar que la Formación Profesional únicamente dota de competencias profesionales técnicas. Eso pasaba en la antigua, pero la nueva Formación Profesional, la que de verdad genera empleabilidad, no solo trabaja esas competencias. Trabaja también las competencias blandas, competencias asociadas al propio desarrollo personal. Por tanto, aspiramos a una FP no para abrir las puertas del empleo en un determinado momento muy coyuntural, sino una FP mucho más estructural. Y eso tiene mucho más que ver con la Educación y la formación tal y como se entiende en Europa que con el empleo.

Pero, además, entendemos que la relación con las empresas no es exclusiva de una Administración. Nosotros, desde que hemos llegado al Ministerio en 2018, hemos hecho un trabajo enorme para aproximar la Formación Profesional a las empresas, porque entendemos que no hay una formación de calidad sin la empresa y que no puede haber empresas que mejoren su productividad y competitividad si no tienen en cuenta la Formación Profesional.

Pero, más allá de eso, hay algo que es evidente y es que el MEFP, junto con todas las administraciones educativas, cuenta con una red de centros públicos, concertados y privados que llegan a todas partes y, dado que queremos que la oferta se redimensione, contaremos con esta red a la que ahora se unirán también los centros autorizados para impartir Formación Profesional para el Empleo, con lo que multiplicamos la red que va a dar servicio a los ciudadanos. Porque, insisto, la idea es situar en el centro las necesidades de las personas para mejorar su empleabilidad y, por tanto, poner todos los recursos de la Administración a su servicio.

“No se va a prescindir ni a limitar los centros autorizados para impartir Formación para el Empleo”

Hay quienes creen que desde Educación se tiene una visión demasiado academicista de la Formación Profesional.
—Quienes hacen esa crítica conocen poco la actual Formación Profesional. Precisamente uno de nuestros principales esfuerzos ha sido aproximarnos enormemente a las empresas. Incorporarlas desde el primer momento para observar qué cualificaciones nuevas son necesarias o cómo van variando. Y eso no se había hecho hasta ahora. Las empresas llevan ya dos años participando con nosotros desde los observatorios que hemos creado en el Instituto Nacional de Cualificaciones para el diseño de la formación, de los nuevos títulos, de los cursos de especialización, y también en la formación de docentes, para el fomento de la FP Dual, para la mejora de las estancias de los alumnos en la FCT, etc. De hecho, uno de los ejes del plan es la reconversión de las propias aulas. Cuando un aula de Formación Profesional no se diferencia de un aula en la que se imparten enseñanzas más académicas, tenemos un problema. Esto es un diagnóstico clarísimo. Por tanto, la Formación Profesional del sistema educativo ha de transformar sus aulas y convertirlas en unos espacios que simulen el entorno laboral. Y no digamos la Formación Profesional de adultos para desempleados y ocupados.

Por cierto, no habrá sido fácil “robarle” la Formación para el Empleo al Ministerio de Trabajo, en manos de otro partido.
—Yo no creo que tenga que ver con que sea otra formación política sino con que lógicamente todos tendemos a pensar en aquellas competencias de las que nos hemos ocupado durante un tiempo un poco como un “hijo”. Eso cuesta, y la reticencia inicial es absolutamente comprensible.

Ha sido un trabajo muy laborioso, por su complejidad, pero no lo hemos planteado en términos de “robar” sino de ver cómo mejorar el servicio, entendiendo que unir la Formación Profesional del sistema educativo y la del empleo no suman, sino que multiplican las posibilidades. Por ejemplo, a la hora de planificar la Formación Profesional en función de las necesidades y decidir después cómo se atienden: ¿en un centro educativo a través de un título? ¿con cursos especializados a través de los centros autorizados o centros educativos? ¿con certificados? La planificación ha de ser a la inversa. No podemos poner por delante las administraciones, sino mejorar el servicio al ciudadano.

Por tanto, no lo hemos planteado esto en términos de: ¿qué te quedas tú o qué me quedo yo? El criterio ha sido que todas aquellas formaciones de FP que estuvieran originadas a partir del Sistema Nacional de Cualificaciones pasaran a integrar nuestras competencias. Pero hay otro tipo de formación, imprescindible también, la desarrollada en el puesto de trabajo de una empresa que necesita formar a sus trabajadores, por ejemplo, la formación bonificada, que ha quedado bajo Empleo.

“Se ha formado al 5% de los desempleados. Como país no nos lo podemos permitir”

¿Es lo único?
—Gestionará también las formaciones que se puedan hacer en la empresa asociadas a un compromiso de contrato de trabajo posterior. También los contratos de formación y aprendizaje. Todo lo que es contratación.

¿Se va a seguir contando con los centros autorizados para impartir Formación para el Empleo [que imparten Certificados de Profesionalidad]?
—Por descontado. Esto es un compromiso absoluto. ¿No van a prescindir pero los van a limitar? No, taxativamente no. Nuestra intención no es solamente mantener o sumar, queremos multiplicar la oferta y hacerla de mejor calidad. La última memoria de Fundae dice que se ha formado al 5% de los desempleados. Un 5%. 95% sin formar. Como país no nos lo podemos permitir. Tenemos tanto trecho que recorrer que tenemos que multiplicar la formación tanto para los jóvenes, con la creación de 200.000 nuevas plazas, como para la población activa (ocupados y desempleados).

¿Cómo va a implicar a los centros de Formación Profesional en esta misión?
—Un centro del sistema educativo que imparta Formación Profesional ha de estar abierto por la tarde –si su administración lo considera– para formar en certificados de profesionalidad, del mismo modo que un centro asociado. Cada centro accederá a las actividades de formación para las que considere que está preparado. En ningún caso se va a priorizar a unos sobre otros. Además, los centros se van a abrir a cuestiones como la impartición de lo que hasta ahora era Formación para el Empleo, certificados de profesionalidad, y también para la acreditación de competencias. No podemos mantener un mecanismo de acreditación como el que tenemos ahora.

“Cuando un aula de FP no se diferencia de un aula de unas enseñanzas más académicas, tenemos un problema”

“El sistema de acreditación ha sido un desastre”

¿Cual es el reto en acreditación de competencias?
—Tenemos 11 millones de personas sin acreditación profesional. Y esas personas son las más vulnerables, las que van a salir primero del mercado laboral. Por tanto, tenemos la responsabilidad como Administración pública de proponerles un mecanismo que les acredite de manera muy ágil. Por eso tenemos que transformar el sistema y hacer que haya una convocatoria permanentemente abierta donde cualquiera pueda acreditar cualquier competencia de cualquier sector.

No nos valen ya las convocatorias puntuales de competencias puntuales. Ha sido un desastre. Fue el mejor sistema que pudo haber en su día, pero tiene 10 años y todos los sistemas en un momento dado sirven y en otro se revelan inútiles. En los últimos 10 años se ha conseguido acreditar a 310.000 personas. En términos absolutos la cifra se puede considerar aceptable, pero si la pones en el contexto de los 11 millones sin acreditar te das cuenta de que el modelo no sirve. Por tanto necesitamos modificarlo.

En los cuatro años nos planteamos que llegue a casi 3,5 millones de personas, lo cual es una apuesta enorme. Porque sin esa acreditación habrá muchas personas que están trabajando, que conocen muy bien su trabajo, que saldrán expulsados del mercado y no tendrán nada que acredite lo que saben hacer, y se van a encontrar en peores condiciones para competir con otras personas del entorno europeo donde la acreditación es mucho más ágil. Acreditarse, además, permitirá acceder con complementos de formación a obtener un título de Formación Profesional.

Los centros asociados de Empleo ¿también podrán acreditar competencias?
—En función de los recursos que tengan, entrarán dentro de la bolsa que puede acreditar competencias.

“Tenemos 11 millones de personas sin acreditación profesional, las más vulnerables”

¿Al nivel de un centro de Formación Profesional?
—Eso lo decidirá cada administración educativa. Cada comunidad situará los puntos de acreditación de competencias por especialidad. Y podrá designar a un centro educativo, un centro integrado de Formación Profesional, un instituto de Formación Profesional, un centro de Formación Profesional de adultos o un centro asociado según la especialidad.

¿Qué tiene que hacer un centro de Formación Profesional para poder ofrecer un Certificado de Profesionalidad?
—Ya se está haciendo en algunas comunidades, en las que es habitual que los centros de Formación Profesional estén impartiendo al tiempo ciclos formativos del sistema educativo y certificados de profesionalidad, hasta ahora en Empleo, incluso dentro del propio horario del profesorado, con horas para título y horas para certificados de profesionalidad. En otras tienen el modelo de mañana y tarde. Hay otras en las que efectivamente está muy dividido. Nosotros ya hemos trabajado con ellas para que vayan a una transformación progresiva.

“En cuatro años nos planteamos llegar a 3,5 millones de personas acreditadas”

Con la intención de que nadie se vea perjudicado hemos mantenido 2020 como un periodo de transición, de manera que el Servicio Público de Empleo Estatal es quien gestiona la Formación Profesional para el Empleo (aunque ahora está ligeramente paralizada por la desafectación de los fondos con motivo del Covid), bajo la dependencia jerárquica de la Secretaría del MEFP. Así podemos ir haciendo el traspaso de competencias de una manera mucho más profunda y consensuada, identificando dónde pueden estar las dificultades y resolviéndolas antes de hacer nuestras propias convocatorias, las ofertas.

Estamos haciendo mesas permanentes de trabajo con el Servicio Público de Empleo Estatal para transferir los temas y ya hemos iniciado nuestra propia mesa de diálogo social con los interlocutores sociales para trabajar en la Formación Profesional.

“2020 es un periodo de transición, el SEPE gestiona la Formación Profesional para el Empleo bajo la dependencia del MEFP"

1.500 millones y 200.00 nuevas plazas para una nueva FP

  1. A la espera de los próximos Presupuestos Generales del Estado, el 22 de julio el presidente Pedro Sánchez presentó el Plan de modernización de la Formación Profesional. Un plan extraordinario dotado con 1.500 millones que aspira a crear 200.000 nuevas plazas hasta 2023.
  2. La secretaria general de FP recuerda que la apuesta por la Formación Profesional viene de atrás: “El primer Plan estratégico de Formación Profesional se realizó en 2018, en un momento de bonanza económica, con previsiones de crecimiento económico sostenido en el tiempo, de mejora en las tasas de empleo, porque se entendía que la mejora de la productividad y de la competitividad en España pasaba por formar mejor a los profesionales. Si entonces era muy importante, ahora se hace imprescindible. El plan concreta aun más lo que ya se hizo y se centra en las necesidades perentorias en este momento de crisis”.
  3. El Ministerio de Educación y Formación Profesional aspira a un modelo en que las dos redes se complementen. En este sentido, Sanz tranquiliza a los centros autorizados: “Estamos muy a la escucha para conocer qué deficiencias detectan ellos en su sector, muy maltratado en la opinión pública, porque se han generalizado las malas prácticas de muy pocos para manchar la imagen de todo el colectivo. Cuidaremos que los que no funcionan bien salgan del sistema, para preservar el prestigio de los que trabajan bien”. Al tiempo, insiste en la necesidad de una planificación plurianual, que les permita realizar las inversiones necesarias en recursos materiales o maquinaria para impartir certificados.

Curriculum Viatae

  • Licenciada en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid.
  • Máster en Orientación Profesional por la UNED.
  • Diplomatura en Magisterio. Especialidad Ciencias Humanas. UAM.
  • 2008-2012. MECD. Jefa del Área de Orientación Profesional de la Dirección General de Formación Profesional del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
  • 2012-2015: Consejería. Coordinadora del Área de Evaluación de la Dirección General de Mejora de la Calidad de la Enseñanza de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.
  • 2015-2018: Inspección. Inspectora de Educación en la Comunidad de Madrid.
  • 2018…: MEFP. Secretaria de Estado y secretaria general de FP.
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  1. Clara Sanz: “Queremos contar con los centros de FP para multiplicar la oferta de formación para el empleo” – Magisnet | LA FORMACIÓN PROFESIONAL PARA EL EMPLEO
    17 de septiembre de 2020 11:12

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