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La autonomía del alumno, una salida de éxito para la enseñanza semipresencial

Si el profesor fomenta el trabajo autónomo del alumno, le será más fácil transitar por un modelo semipresencial o totalmente online, además de preparar al alumno para los cambios futuros.
Adrián ArcosMartes, 15 de September de 2020
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© PCH.VECTOR

El inicio del curso 2020-21 sigue generando muchas incertidumbres, especialmente tras el aumento de casos de contagios por coronavirus en España. Esta situación obliga a centros y docentes a estar preparados para nuevas situaciones de confinamiento o de semipresencialidad. En este entorno, docentes y centros educativos deben prepararse para volver a digitalizar sus clases en caso de que, en este curso que comienza, se produzcan rebrotes que impidan el desarrollo presencial de las aulas.

No cabe duda de que el aprendizaje online está jugando un papel fundamental en la Educación. Aun así, continúan existiendo ciertas áreas críticas de la Educación presencial que no pueden ser reemplazadas, por varias razones. La primera porque los más pequeños requieren más atención y su independencia, por tanto, es más limitada.

Por otro lado, la necesaria interacción entre los jóvenes también es irremplazable y para los profesores, además, las aulas se convierten en el espacio idóneo para detectar cuándo un alumno no comprende ciertos temas, motivar a los estudiantes, generar entusiasmo en ellos o para percibir sus emociones.

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Si se fomenta el trabajo autónomo del alumno, será más sencillo trabajar si volvemos al confinamiento o a esos saltos permanentes

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Una de las claves para el buen funcionamiento del aprendizaje a distancia del alumno es que este aprenda a trabajar de forma autónoma. Como decía la directora de Educación de Fundación Cotec, Ainara Zubillaga, durante la presentación del proyecto de innovación La escuela, lo primero, la clave consiste en “plantear un trabajo autónomo del alumno, que se podrá desarrollar presencialmente de forma individual o en grupo, o se podrá desarrollar en casa si es necesario”.

“Si se fomenta el trabajo autónomo del alumno, será más sencillo trabajar si volvemos al confinamiento o a esas transiciones y saltos permanentes que parece ser que va a ser la tónica del curso”, manifiesta Zubillaga. Y añade que “cuando la enseñanza se focalice en el trabajo autónomo del alumno, será más sencillo transitar entre los distintos escenarios que se nos pueden plantear”.

La autonomía en el aprendizaje permite que los alumnos desarrollen la capacidad para gestionar y regular sus propios aprendizajes. Les permite, además, desarrollar su capacidad crítica e independiente y les prepara para afrontar problemas o situaciones desconocidas. De esta forma, también les sirve para un futuro en que el cambio es una constante y en que los contextos socioeconómicos y culturales se suceden de una manera vertiginosa.

El uso de dispositivos en los centros permite a los alumnos empezar desde edades tempranas a participar en su propio aprendizaje

En ese trabajo autónomo, la tecnología juega un papel relevante. El uso de dispositivos electrónicos en los centros y los cambios en las metodologías educativas impulsan el desarrollo de esa autonomía en los alumnos y les permite empezar desde edades tempranas a participar en su propio aprendizaje.

Y, aunque en Secundaria los alumnos tienen más autonomía a la hora de utilizar las nuevas tecnologías para aprender por sí mismos, “también en Primaria se puede empezar a crear la cultura del aprendizaje autónomo”, explica Guillermo Bautista, profesor de Ciencias de la Educación y director del Máster de Formación de Profesorado de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

No se trata de dejar que el estudiante aprenda solo”, explica Héctor López, profesor colaborador del Grado de Economía de la UOC y subdirector de un colegio madrileño, sino de “permitirle investigar, explorar y adquirir conocimientos con la supervisión y la guía del profesor”.

“Cada vez se tiende a memorizar menos y a razonar más”, añade López. Actualmente, el sistema educativo se basa en competencias, completa Guillermo Bautista, “y este tipo de aprendizaje requiere de procesos más complejos y no solo de memorización”.

El papel de los padres

En el desarrollo de la autonomía de los alumnos, también juegan un papel fundamental los padres. Desde la plataforma aulaPlaneta les ofrecen una serie de recomendaciones para contribuir a esa autonomía: “Hay que animar a los hijos a tomar decisiones y a expresar su opinión en situaciones de su día a día. De esta forma, se aprende a establecer prioridades, aceptar y solucionar los errores, a ser más autónomo y a responsabilizarse de las propias decisiones”.

También enumeran una serie de estrategias: “Si tu hijo emite una opinión, pregúntale por qué piensa eso, en qué basa su afirmación, hazle ver si hay hechos reales que sustenten ese punto de vista, invítale a pensar qué podría hacerle cambiar de opinión”.

Se puede hacer lo mismo después de ver una serie, una película o un reportaje de actualidad en el que se defienda un punto de vista sobre cualquier asunto. Asimismo, animan a practicar la toma de decisiones organizando y decidiendo juntos sobre actividades cotidianas, como la lista de la compra, el reparto de tareas, las normas del hogar, las actividades de ocio…”.

Trabajar la autonomía resolviendo retos y problemas

El aprendizaje basado en la resolución de problemas o Problem-Based Learning (PBL) es una metodología que sitúa al alumno en el centro del aprendizaje para que sea capaz de resolver de forma autónoma ciertos retos o problemas. Esto le permitirá desarrollar las aptitudes necesarias para afrontar situaciones de la vida real, y a construir y aplicar de forma eficaz el conocimiento.

En un contexto de incertidumbre en que en cualquier momento los alumnos pueden volver a su casa para continuar desde allí una enseñanza a distancia, resulta fundamental que aprendan a trabajar de forma autónoma, y el PBL es un buen método para conseguirlo.

Frente a otros sistemas en que el profesor detecta las necesidades del alumno y actúa para solventarlas mediante la exposición de contenidos, en el aprendizaje basado en la resolución de problemas el propio alumno identifica sus necesidades y pone en marcha los medios y las estrategias a su alcance para dar respuesta al problema.

El docente ejerce como impulsor de ese primer reto y como apoyo en el camino hacia su solución. Se trata, además, de un proceso continuo, en el que los nuevos conocimientos no solo consiguen resolver el reto propuesto, sino que además plantean nuevos problemas y nuevas necesidades que siguen impulsando el aprendizaje.

La plataforma aulaPlaneta enumera seis ventajas del aprendizaje basado en la resolución de problemas que sirven tanto para el alumno como para el profesor:

  1. Permite un aprendizaje significativo. Esta metodología fomenta que el estudiante relacione la información nueva con la que ya posee, puesto que para resolver el problema debe incorporar nuevos conocimientos y experiencias a los que ya había asimilado anteriormente, modificar y reconstruir ambos de forma interrelacionada. Esto implica que los alumnos deben ser capaces de juzgar y decidir la pertinencia de los conocimientos, detectar matices y diferencias, reformular o ampliar sus certezas.
  2. Es muy versátil. Al docente, el aprendizaje basado en la resolución de problemas le permite estructurar actividades abiertas sobre cualquier tema, desde diversos enfoques multidisciplinares y en distintos contextos. También se puede ajustar su complejidad y la longitud del proyecto, para que se adapte a las necesidades del profesor y a las de sus alumnos.
  3. Fomenta la autonomía. Esta metodología se asienta sobre la importancia del aprendizaje activo y de aprender a aprender, es decir, de dar al alumno libertad y dotarle de las herramientas y las estrategias necesarias para que organice y construya su proceso de aprendizaje. El PBL mejora la toma de decisiones, la capacidad de análisis, la detección de necesidades y objetivos y, por lo tanto, potencia la autonomía, la responsabilidad y la independencia del estudiante.
  4. Resulta motivador y ameno. Enfoca el conocimiento desde un punto de vista práctico y a través de un reto, lo que apela a la curiosidad, establece metas y crea expectativas. Este proceso motiva a los alumnos y les anima a aprender con una finalidad específica: solucionar el problema.
  5. Prepara para el futuro. Esta metodología potencia la habilidad para identificar, analizar y resolver problemas y puede utilizarse para simular situaciones y retos reales. Ayuda al alumno a desarrollar destrezas de todo tipo que le ayudarán no solo en sus estudios y en el centro escolar, sino también en su día a día y en su vida como adulto. Entre otras habilidades, trabajan la creatividad, la adaptación a los cambios, el razonamiento y la lógica o el pensamiento crítico. Además, si se combina el PBL con el trabajo cooperativo se potencian también otras capacidades como la colaboración por un objetivo común, la comunicación o el respeto a los demás.
  6. Ejercita la competencia digital. Si el profesor integra la tecnología en el aprendizaje basado en problemas ofrecerá al alumno la posibilidad de utilizar y dominar las nuevas herramientas TIC como instrumentos para construir su aprendizaje, y le dará acceso a contenidos en diversos lenguajes y formatos. Al utilizar las TIC para resolver problemas, los estudiantes ejercitan el manejo del ordenador o la tablet, aprenderán a utilizar programas o aplicaciones, desarrollarán técnicas de búsqueda, selección, análisis y gestión de la información de internet y comprenderán los usos de la tecnología para expresarse y comunicarse.
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