Las grandes miserias de la Educación en España

La crisis provocada por el coronavirus ha puesto al descubierto muchos de los problemas de nuestro sistema educativo que llevaban guardados bajo la alfombra desde hace años.
Toni García Arias
Premio Mejor Docente de España 2018
23 de septiembre de 2020
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Estos problemas lastran la calidad educativa que reciben nuestros alumnos. Sin embargo, año tras año permanecen ahí, constantes, y se repiten sin que nadie se atreva a ponerles una solución. Entre los principales problemas que sufre nuestro sistema educativo se encuentran los siguientes.

EL CURRÍCULO

El currículo español es antiguo y denso. Está diseñado  en la época de los años 70 y no se ha adaptado a las nuevas necesidades de los alumnos. Sigue anclado en el siglo XX, cuando muchos de nuestros alumnos vivirán en el siglo XXII. Un currículo debe procurar, en la medida de lo posible, contemplar los conocimientos y habilidades que los alumnos de hoy deben tener adquiridos para cuando sean ciudadanos activos y accedan a su vida adulta y al mercado laboral (sí; ya sé que cada vez que se nombra el “mercado laboral” relacionado con la escuela, a algunos les sale urticaria, pero –a menos que nuestros alumnos sean ricos–, tendrán que trabajar, y una de nuestras funciones  como docentes es dotarlos de las mejores competencias para ello.  Esto, sin embargo, no quiere decir que nos olvidemos de las habilidades artísticas o emocionales).

Por otro lado, gracias al confinamiento, se ha certificado algo que ya muchos llevamos criticando desde hace décadas: el currículo español tiene un exceso de contenidos, muchos de los cuales son absolutamente prescindibles –además de pésimamente organizados por edades–, lo cual hace que los maestros, para terminar sus programaciones, deban superficializar miles de contenidos en lugar de profundizar en diez.

LA ASISTENCIALIDAD

Los colegios tienen una función asistencial, es evidente, pero no es la función prioritaria. Sin embargo, para algunos padres y para el Estado, parece que sí. Por eso, en el inicio de este curso escolar, las consejerías y el Ministerio insistieron cabezonamente en abrir los centros educativos fuese como fuese, para que los padres pudieran trabajar y la economía no se parase. Más allá de los colegios, sin embargo, no se ha realizado ninguna otra medida para conciliar la vida familiar y laboral por parte de la Administración ni por parte de las empresas. Esto, sin duda, nos aleja de los países europeos más avanzados en Educación, donde no mezclan ambas cosas. Al contrario; la sociedad española reclama una mayor apertura de los centros educativos para conciliar dicha vida laboral, en lugar de reclamar a sus empresas o a sus ayuntamientos.

Los colegios tienen una función asistencial, es evidente, pero no es la función prioritaria. Sin embargo, para algunos padres y para el Estado, parece que sí

LA FALTA DE RECURSOS

Como consecuencia de lo anterior, los colegios españoles –por lo general– son feos y raquíticos. Estéticamente, no da gusto entrar a trabajar. Mucho menos, a estudiar. Sin embargo, parece que este aspecto no preocupa en exceso ni a las autoridades ni a las familias. Existen infinidad de estudios que demuestran que la estética influye en la actitud de los trabajadores y su rendimiento. No hace falta ser un genio para imaginar que en un centro educativo sucede lo mismo. Además de la estética, los espacios también son fundamentales. Por lo general, los centros educativos no disponen de bellos salones de actos, ni de aulas de Música repletas de instrumentos, ni de pabellones con infinidad de material, ni de aulas de Ciencias Naturales donde experimentar, ni de nada más allá que de sillas y mesas. Sin todo ello, la calidad educativa se queda evidentemente muy mermada. Es cierto que los centros educativos de nueva construcción son más bonitos visualmente e intentan disponer de dichos espacios, pero a los tres días se quedan pequeños y en menos de dos años la mitad de esos espacios tienen que destinarse a aulas.

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Hace unos años, mientras paseaba por un centro comercial, escuché a una madre hablando con otra a la que le decía que los libros del colegio eran carísimos. Como el tema me interesaba, me hice el remolón a ver a dónde conducía aquella conversación. Después de quejarse de lo caro que era tener un hijo, comenzaron a hablar de sus últimos tatuajes. Mientras le enseñaba un tatuaje situado en la pierna, esta madre le comentaba a su interlocutora que aquel era su noveno tatuaje, y que le había costado 95 euros. Echando cuentas, aquella mujer llevaba en el cuerpo cerca de mil euros. Sin embargo, los libros le parecían caros. Dios me libre de decir que no es importante sentirse bien con uno mismo y tatuarse todo lo que uno quiera y donde quiera (uno de mis mejores amigos es tatuador), pero sí puedo afirmar que todo es cuestión de prioridades. A mí un tatuaje de 95 euros me parece caro mientras que un libro de 25 me parece barato. Con la tecnología pasa algo semejante: hay padres que no quieren comprar ordenadores ni tabletas para el trabajo telemático de sus hijos –ya sea por confinamiento o porque el centro lo pide al ser un centro digital–, pero que, en cambio, tienen la Wii, la Play, la PSP, la Nintendo, veinte mil videojuegos y cuatro smartphones de última generación. No digo con ello que no existan personas con dificultades para adquirir dichos materiales, pero ni son todos los que están ni están todos los que son.

A mí un tatuaje de 95 euros me parece caro mientras que un libro de 25 me parece barato. Con la tecnología pasa algo semejante

LA FORMACIÓN DIGITAL

Coincidiendo con el punto anterior, uno de los graves problemas de España en cuanto a las nuevas tecnologías –como demuestran diversos informes– no es tanto la imposibilidad de acceso como el desconocimiento de uso. España sigue realizando en papel infinidad de trámites que deberían realizarse ya de manera telemática. Sin embargo, muchos ciudadanos españoles se pierden en ese mundo. Más de la mitad de los trabajadores reconoce no saber enviar un correo electrónico ni usar las nuevas tecnologías más allá de hacerse un TikTok o publicar un tuit.

Del mismo modo, los centros educativos no están dando una buena Educación digital a sus alumnos, ya que, en muchos casos, se utilizan las nuevas tecnologías solo como medio de ocio, pero no de creación. Las nuevas tecnologías deben introducirse en las aulas no solo para que los alumnos disfruten con juegos en línea, sino también para que aprender a utilizar las herramientas básicas de edición de textos e imágenes. Asimismo, la formación digital del profesorado (y también el resto de su formación después de la carrera) es muy abundante, pero no precisamente de buena calidad.

LA AUTONOMÍA DEL ALUMNADO

La Educación Infantil, Primaria y Secundaria debe ser eminentemente presencial. Hay aspectos del aprendizaje infantil que solo se pueden aprender en compañía de otros. Sin embargo, también es cierto que una de las metas de la Educación es fomentar el gusto por el aprendizaje a lo largo de la vida. Y, en este sentido, la Educación telemática es una vía importantísima. Como es lógico, para ello, la persona tiene que ser autónoma y saber gestionar su tiempo. Y eso, a ciertas edades, es imposible. Sin embargo, es cierto que en la actualidad existen infinidad de plataformas para trabajar colaborativamente en línea y que ayudan a la gestión y organización de la tarea y del tiempo para los alumnos que no se están utilizando y que son muy necesarias para fomentar ese autoaprendizaje a lo largo de la vida. Muy posiblemente, la autonomía de los alumnos es una de las asignaturas pendientes de nuestro sistema educativo, que mima a los alumnos en exceso eliminado las dificultades que fomentan precisamente el desarrollo del esfuerzo y de la autonomía.

La autonomía de los alumnos es una de las asignaturas pendientes de nuestro sistema educativo, que mima a los alumnos en exceso eliminado las dificultades que fomentan precisamente el desarrollo del esfuerzo y de la autonomía

LAS RATIOS

Según diversos estudios, la ratio alumnos/aula en España están situadas en la media europea. Si bien es cierto que en la zona sur de España las aulas suelen estar más masificadas, en la zona norte hay menos concentración del alumnado. Esto hace que la media baje. Sin embargo, más que el número de alumnos (25 por aula son asumibles en Primaria) el problema es la diversidad del alumnado y su nivel curricular. En la actualidad, en un aula de 25 alumnos puedes encontrarte con 5 o 6 niveles curriculares diferentes, entre ellos, alumnos con necesidades educativas especiales o alumnos con desconocimiento del idioma. Con aulas con esas características, es imposible garantizar la individualización del aprendizaje, para lo cual no queda otra solución que bajar las ratios para que sean manejables.

LA FORMACIÓN PROFESIONAL

Muchas veces, cuando vas a una tienda de electrodomésticos o a una tienda de ropa, por poner un ejemplo, la persona que te atiende no tiene ni la más mínima idea de la diferencia entre una aspiradora y otra más allá de la etiqueta, ni la diferencia entre el algodón y el poliéster más allá de que el uno encoje y el otro no. Esto no sucede en otros países europeos. En los países del norte de Europa, cada empleo requiere su formación. Y, para ello, existe un sistema educativo con infinidad de ciclos y módulos de Formación Profesional especializados.

España, por el contrario, es un país sobrecualificado. Existen demasiados titulados universitarios y demasiados estudiantes de Formación Profesional que, una vez que comienzan a trabajar, lo hacen en puestos de trabajo de inferior categoría. Nuestro mercado laboral abusa de sus estudiantes, ya que muchas veces, en lugar de contratar –por ejemplo– a un titulado en Hostelería, se contrata a un ingeniero por la mitad de precio, infravalorando al ingeniero y al restaurador. Y así, con infinidad de profesiones. En este sentido, debe regularse este mercado y este abuso, obligando a las empresas a contratar a personas que tengan la titulación pertinente. Además, el Estado debe ampliar la oferta de ciclos de nuestra Formación Profesional, que es, sin duda, la gran esperanza del sistema educativo superior más allá de la universidad.

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