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Vida cotidiana en Estambul

Manuel Carmona
Profesor universitario
19 de octubre de 2020
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Tras aterrizar en la Kadir Has University unos minutos antes de la hora concertada con la Dra. Ayse Binau, a quien no podré ver por un asunto familiar; me atiende con profesionalidad la Directora de la Oficina Erasmus, Nur Eradli. Hablamos durante hora y cuarto con una cordialidad propia del programa televisivo Españoles por el mundo. Nos adentramos en este centro universitario turco creado hace 23 años, que en los inicios emitía títulos públicos, y que luego ha pasado a emitir los suyos propios. Su filosofía sigue el modelo norteamericano y anglosajón de realización de proyectos.

El origen de esta institución radica en la razón vital e histórica del Sr. Kadir Has, un empresario y filántropo turco que hizo fortuna fundando aquí las plantas de Mercedes, Peugeot y Coca Cola, siendo su familia la máxima accionista del AkBank. En uno de los museos de la entidad, se pueden contemplar pertenencias del patrono dispuestas con gusto: pasaportes y carnets de identidad, agendas, condecoraciones, fotos familiares, hasta el que debió de ser uno de sus últimos móviles. Hay una escultura al natural del mismo en bronce en una de las salas principales, y otra de cera sentado como si fuera a tomar un café. Entre pasillo y pasillo del primero de los edificios, hay un bellísimo coche de época de los años veinte y su motor está en otro pedestal contiguo, lo que da a entender la afición de Kadir Has por ellos.

Buena parte de los edificios de la Kadir Has University se asientan sobre la historia de esta sugerente ciudad y de este país punto de encuentro entre Occidente y Oriente. Las aulas, despachos de profesores, oficinas de administración, Departamento de Erasmus, comedores y Biblioteca están sobre lo que fue una próspera fábrica de tabaco entre los siglos XIX y XX. Le recuerdo a Nur que el Rectorado renacentista de la Universidad de Sevilla también fue Fábrica de Tabacos. Ella hace unos años visitó la ciudad de Carmen, la cigarrera, y se acordaba con claridad del majestuoso edificio sevillano y de esa otra joya arquitectónica y cinematográfica contigua que es el Hotel Alfonso XIII.

Buena parte de los edificios de la Kadir Has University se asientan sobre la historia de esta sugerente ciudad y de este país punto de encuentro entre Occidente y Oriente

Cuando en la primera década del s. XXI se completó ese tramo del metro de Sevilla, se descubrieron restos árabes. Aquí en la Kadir Has University descendemos y nos encontramos con unas majestuosas termas romanas y con un yacimiento griego. Además de haber sido ambos recuperados con magisterio y elegancia, han montado un soberbio museo que puede visitar cualquiera que llegue a Estambul. Percibo estos días en Estambul que hay trabajo para arquitectos, aparejadores, ingenieros de obras, arqueólogos, historiadores, albañiles, empresas de montaje de estructuras. Y es que las mezquitas y otros edificios civiles viven un proceso de recuperación o de conservación. Empecé a apreciarlo durante mi visita a la mezquita iglesia de San Salvador de Cora, cuya estructura externa está en obras. Y cuyo interior de pinturas bizantinas con escenas de la vida de Jesucristo y de la Virgen María en un estado de conservación maravilloso, son todo un descubrimiento que nadie se debe perder.

Tras despedirme de Nur hasta el próximo día de trabajo, me dirijo a visitar la Mezquita de Suleiman, el conquistador de Constantinopla. La contemplé la noche anterior iluminada mientras cenaba deliciosos pescados azules a un precio muy asequible. Sentado a los pies del Bósforo vi cómo una estrella fugaz caía sobre esta imponente mezquita, que cual Estrella de la Anunciación me dirige hasta ella y, sobre todo, al descubrimiento de la vida cotidiana de los hombres y mujeres de Estambul.

A raíz de una pregunta que le hago a una amable guardia de seguridad, ésta me pone en contacto con la joven Hatice Karakoyun, que está terminando sus estudios de Máster de Sociología de las religiones y que oficia de voluntaria del santo lugar. Me explica como si fuera una contadora de cuentos la historia de la mezquita, los símbolos que representan al Creador y a su mensajero Alá. Profundizamos en los ritos musulmanes y sus analogías y diferencias con las otras dos religiones monoteístas. Es una chica madura, de mente y espíritu profundos y que se comunica en un magnífico inglés. Me propone contemplar una misa oficiada por un imán que tendrá lugar en poco menos de una hora; acepto y antes me invita a tomar un té con unos deliciosos pasteles turcos en el jardín del Centro de Información de la Mezquita de Suleiman, que además cuenta con una de las bibliotecas y madrazas más sobresalientes del país. Conversamos en compañía de otra joven estudiante de Literatura turca que está allí también como voluntaria, me presentan a su Coordinador, y de fondo compartimos esos gratos momentos de conversación con una mujer vestida a la manera tradicional turca que nos observa con respeto desde la distancia.

Escuchamos la misa oficiada por el imán, vestido de elegante blanco como el que usa el Papa cristiano. Durante la misma Hatice me explica cada momento y me obsequia con un Corán en español; me despido agradecido por su sensibilidad y hospitalidad hasta otro día.

Decido almorzar en el restaurante turco de la familia Özkan que está junto a la Mezquita de Suleiman, y que desde hace unos años regenta el periodista Hüseyin Özkan. Lo fundó su padre en la década de los años 40 del siglo pasado. Hüseyin habla español con dificultad y nuestra cercana tertulia se desarrolla combinando las lenguas de Shakespeare y de Cervantes. Su progenitor, Seref, perdió la movilidad del brazo y de la mano izquierda durante unos bombardeos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su sabiduría, generosidad, astucia y su ejemplar capacidad de trabajo, le hizo convertir al Restaurante Tarihi en un clásico de Estambul.

Como me narra Hüseyin, su padre salía de casa a las siete de la mañana y volvía a las doce de la noche tras haber estado todo el día trabajando. Con una sonrisa cómplice me dice: “nuestra casa era como un hotel para él”. Seref dio de comer durante sesenta años a todo tipo de personas de Estambul o llegadas de cualquier parte del mundo. Me rememora desde la solidaridad dando de comer al necesitado hasta hacerlo con la esposa de Atatürk. Ésta junto a su hermana paseaba y paseaba durante horas el bulevar ajardinado entre el restaurante popular de Seref y la Mezquita de Suleiman, hasta que Seref se acercó y les pidió que se sentaran a comer desconociendo la identidad de las damas. Comieron poco, hasta que Seref con mano izquierda las animo a comer un poco más, y las invitó. Para su sorpresa unos días después apareció un imponente Maserati en la puerta del Restaurante Tarihi, era el propio Atatürk que se presentaba allí para agradecerle el gesto y pagarle.

Dedicado a Hatice Karakoyun y a Hüseyin Özkan.

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Comentarios
  1. Enrique
    19 de octubre de 2020 16:54

    Hermosa crónica y relato de como internarse en la vida de una ciudad tan mágica como Estambul. Da gusto el encuentro con personas de otra cultura y que nos muestra el camino para el diálogo, la convivencia y el disfrute común de las diversas civilizaciones.

    1. Manuel Carmona
      20 de octubre de 2020 07:00

      Buenos días, Fray Enrique, es una maravilla visitar una ciudad y una cultura donde la gente vive de forma pacífica, alegre y sin ansiedades al menos evidentes. Allí hasta los niños de la calle que necesitan ayuda y ojalá la encuentren, se manifiestan con el rostro sonriente. Sería interesante celebrar una sabrosa tertulia con algunos judíos, cristianos, griegos ortodoxos y musulmanes en un jardín acompañados de un rico té o café. Hay una bella película del año 1996, Un verano en la Goulette, que retrata desde tres familias amigas el ecumenismo diario.

  2. Silvia Tasende
    19 de octubre de 2020 20:14

    Qué buena experiencia, Manuel, cuánto aprendizaje. Una crónica muy amena e interesante.

    1. Manuel Carmona
      20 de octubre de 2020 06:57

      La verdad que sí, sobre todo cuando te sientes en soledad y sabes por experiencias viajeras anteriores que la mejor manera de conocer a un pueblo y su ciudad es tratando con ellos, deteniéndote a conversar sobre sus vidas y cómo afrontan la vida diaria. Tuve la suerte de encontrarme en el camino con ellos de forma espontánea y de que fueran mis guías por aquella tierra a la que espero volver para abordar proyectos entre países y entidades, ojalá las semillas de la cooperación arraiguen. Feliz día, Silvia.