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El ‘smart learning space’, un diseño que potencia la flexibilidad en las aulas

El diseño de nuevos espacios educativos está pensado para que el mobiliario y la distribución favorezcan el bienestar de los alumnos y el aprendizaje colaborativo.
Adrián ArcosMartes, 8 de junio de 2021
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En la Escuela “Poblenou”, el Consorci d’Educació de Barcelona ha transformado las aulas en espacios más confortables, con mayor iluminación y elementos versátiles. © EDUBCN

Si por un momento pensamos en un aula, seguro que nos viene a la mente la imagen de varias filas de sillas y pupitres mirando hacia una pizarra junto a la que se sitúa el profesor. Sin embargo, las investigaciones dicen que esa forma de organizar el mobiliario escolar no es la mejor manera de fomentar el aprendizaje.

Especialmente si se tienen en cuenta las necesidades actuales de los alumnos, quienes, según la OCDE, necesitan un entorno social que exige autonomía, flexibilidad y capacidad para tomar decisiones y conectar conocimientos por sí mismos o mediante el trabajo en equipo. 

Es también la opinión de seis de cada diez profesores, que creen que cambiar el diseño del aula es clave para mejorar el aprendizaje y el bienestar de los alumnos. Así lo muestra un estudio elaborado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), la Universitat de Barcelona (UB), la Universitat de Vic (UVic) y la Universidad Simón Bolívar (USB) en el que han participado 847 profesores de Infantil, Primaria y Secundaria de 40 centros.

¿Qué es el ‘smart learning space’?

“Asumimos que los espacios tienen que ser así sin demasiada reflexión o sin vincular aquello que estamos innovando en metodología con el lugar en el que lo vamos a poner en práctica”, señala Guillermo Bautista, miembro del grupo de investigación Smart Classroom Project de la UOC e investigador principal de este estudio.

Por eso es necesario llevar a un escenario real el llamado smart learning space, “un espacio que responde a cualquier propuesta y necesidad de aprendizaje, flexible, no zonificado, en el que prevalece el bienestar físico y psicológico como base para que la actividad de aprendizaje se plantee con un papel proactivo y autonomía por parte del alumnado”, señala Bautista.

El nuevo mobiliario del Instituto “Fort Pius” de Barcelona favorece el aprendizaje cooperativo. © EDUBCN

Los múltiples beneficios que produce un diseño adecuado del aula ha llevado al Consorci d’Educació de Barcelona a empezar a renovar el mobiliario de 487 aulas, reorganizando además los espacios para conseguir ambientes motivadores que predispongan al descubrimiento. Los típicos pupitres y sillas de color verde de las aulas de Infantil se han cambiado por mobiliario más adaptado a las metodologías actuales. También se han sustituido los armarios y las estanterías.

Estos nuevos diseños promueven un concepto de escuela donde los espacios, la distribución, el mobiliario y los materiales se convierten en una herramienta educativa para el desarrollo de los aprendizajes cognitivos y sensoriales de los niños fomentando el trabajo cooperativo.

El mobiliario retirado y en buen estado se incluye en el catálogo de mobiliario de segundo uso que los centros pueden solicitar para reutilizarlo y se facilitará a entidades que lo puedan necesitar. La inversión prevista en este programa ha sido de cuatro millones de euros, financiados en un 75% por el Ayuntamiento de Barcelona y en un 25% por la Generalitat de Cataluña.

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La actividad en el aula se diversifica y el espacio tiene que responder constantemente a esta diversidad organizativa, de uso, de recursos y de movimientos

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Y es que, como señalan los autores del estudio, las necesidades de competencia y aprendizaje de los alumnos actuales no solo están obligando a reconsiderar las prácticas docentes o la inclusión de recursos digitales, sino que también plantean la necesidad de cambios en los espacios de aprendizaje en general.

Bautista lo muestra con un ejemplo: según explica, la ciencia nos dice que colaborando aprendemos más y mejor, y por lo tanto el espacio debe propiciar esta colaboración e interacción, teniendo en cuenta además lo que dicen las investigaciones sobre el aprendizaje colaborativo. Si organizamos la actividad con grupos de cuatro alumnos a partir de un reto o un proyecto, lo lógico sería que el diseño permita que el grupo colabore en un espacio adecuado y también tenga cierta autonomía para usar los recursos que necesite, moverse, buscar, experimentar, autoorganizarse…

“Esto implica que no todos los grupos estarán haciendo lo mismo al mismo tiempo, y que no para todos serán necesarios los mismos recursos. La actividad en el aula se diversifica y el espacio tiene que responder constantemente a esta diversidad organizativa, de uso, de recursos, de movimientos”, explica el responsable del Smart Classroom Project.

También en Secundaria

En la actualidad, la mayoría de docentes valora negativamente la organización de su clase para actuar como espacio integral de aprendizaje. Es uno de los resultados del estudio. Pero hay diferencias entre los distintos niveles educativos, ya que el diseño en Infantil y Primaria generalmente es más flexible, cooperativo y personal. “Es precisamente en las etapas de Infantil y Primaria donde han estado más presentes y suelen ser más visibles corrientes pedagógicas como las desarrolladas desde principios del siglo XX, en las que los espacios, su disposición, mobiliario, etc. ya se vinculaban a significados pedagógicos claros”, afirma Angelina Sánchez-Martí, investigadora del proyecto Smart Classroom Project y profesora de la UAB.

Por el contrario, la disposición tradicional de los espacios está mucho más establecida entre los centros y profesorado de Secundaria. Por eso los autores de la investigación valoran positivamente el hecho de comprobar que hay docentes y centros de esta etapa que son conscientes de que sus espacios no responden a las metodologías que quieren implementar. “Los espacios smart que hemos implementado en la investigación se codiseñan desde la rigurosidad, la exigencia y la búsqueda de objetivos y resultados máximos en el aprendizaje que plantea cada centro. Y esos espacios se necesitan en todas las etapas”, advierte Guillermo Bautista.

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Las tecnologías son las que ponen en jaque los espacios y tiempos y, por lo tanto, exigen una gran flexibilidad y adaptación constante al cambio

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Otro resultado destacable es que el profesorado se muestra especialmente crítico a la hora de valorar la integración de la tecnología en las aulas. Pero, en opinión de los autores del estudio, no es un dato sorprendente, ya que “precisamente las tecnologías son las que ponen en jaque los espacios y tiempos y, por lo tanto, exigen una gran flexibilidad y adaptación constante al cambio, además de una reformulación de los espacios de aprendizaje”, señala Sánchez-Martí.

Y añade que las posibilidades que ofrece la integración tecnológica en cuanto a la creación de nuevas formas de relación y aprendizaje “chocan de pleno con el diseño tan normalizado que emana de que las escuelas deben estar basadas per se en aulas, sin que esto tenga que ser necesariamente así”.

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