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José Ignacio Parajó: “Desarrollamos toda la potencialidad del alumno con un enfoque siempre positivo”

Ese enfoque positivo se realiza a través de una evaluación que profundiza en los éxitos y comprende los errores como fuente de aprendizaje.
Adrián ArcosMartes, 15 de junio de 2021
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José Ignacio Parajó forma parte de la institución desde el año 1993. © JESUITINAS

La Fundación Educativa Jesuitinas se erigió en noviembre de 2017 con el fin de que se hiciera cargo de los colegios que hasta entonces pertenecían a la Congregación Hijas de Jesús. En la actualidad cuenta con 22 colegios repartidos por nueve comunidades autónomas en toda España, en los que 1.600 educadores dan clase a unos 19.000 alumnos. José Ignacio Parajó es el director general de la Fundación.

¿En qué se basa el proyecto de la Fundación Educativa Jesuitinas?
—Es un proyecto educativo católico dirigido a formar a personas autónomas, creativas y comprometidas. Ese es el horizonte que tenemos definido desde hace años.

¿En qué se traduce ese objetivo?
—Lo que hacemos es situarnos al lado del alumno y procurar su desarrollo desde una tarea de acompañamiento y de profundo respeto a su persona. Se trata de ayudarle a desarrollar todas sus potencialidades desde esa posición cercana con un enfoque siempre positivo. No se trata tanto de señalar los errores y los fallos, sino de potenciar las virtudes –porque es desde donde se crece más– mientras le acompañamos en ese desarrollo integral. Nosotros lo denominamos “el desarrollo de la entera persona”, porque es la frase que usaba nuestra fundadora.

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El enfoque positivo está enraizado en cómo entender los errores y cómo potenciar a las personas a partir de sus puntos fuertes

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Como colegios católicos, supongo que será fundamental la transmisión de valores al alumno, ¿cuáles destacaría?
—Son los valores propios de la antropología cristiana: el valor de la persona y su relación con los demás como una relación fraterna. Y desde ahí surgen el resto de los valores: el profundo respeto a la dignidad de la persona, independientemente de sus circunstancias, y la aceptación e integración de todos con sus particulares diferencias. Ese sería un valor clave. También el compromiso con un trabajo bien hecho, la cercanía, la autonomía, la responsabilidad… y todo ello con ese enfoque positivo, a través de una evaluación que profundice en los éxitos y comprenda los errores como fuente de aprendizaje.

Ese estilo cercano, el enfoque positivo… ¿es lo que les diferencia del resto de centros religiosos?
—Lo que nos diferencia del resto tiene mucho que ver con nuestra fundadora, Juana Josefa Cipitria y Barriola. Una mujer de un pueblo del País Vasco que prácticamente no hablaba castellano y que de repente se ve en la Castilla del siglo XIX, en plena época del racionalismo, y fue un momento muy duro para ella. A partir de esa realidad, su visión fue crear una congregación orientada a la Educación de la mujer precisamente por su revelación y por cómo ella había vivido esa experiencia. En ese origen está el enfoque positivo enraizado en cómo entender los errores y cómo potenciar a las personas a partir de sus puntos fuertes.

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Formamos a alumnos autónomos que también se tienen que sentir interdependientes de las personas con las que conviven, con las que trabajan, con las que colaboran...

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¿Cómo se desarrollan esos valores?
—La autonomía tiene mucho que ver con reforzar las habilidades personales de cada alumno, y su desarrollo significa trabajar con los alumnos de una forma más abierta, que dé cabida a las iniciativas del propio alumno, que es el primer responsable de su propio desarrollo. De ahí el compromiso con el entorno: formamos a alumnos autónomos que también se tienen que sentir interdependientes de las personas con las que conviven, con las que trabajan, con las que colaboran, con las que al final van construyendo un mundo mejor… Por eso nuestro compromiso es social, porque se basa en formar a personas que sean capaces de construir una sociedad mejor. Por último, la creatividad, que se basa en que no solo hay que crear respuestas nuevas, sino también preguntas nuevas, ya que estas facilitan también nuevas respuestas. Esa creatividad lleva también a sentirse un poco cocreador del mundo y colaborador en la creación.

¿Qué se le exige al profesorado en los centros?
—Lo resumiría en vocación y compromiso con su propio desarrollo, lo cual implica formación. Hoy en día no nos sirve una persona que solo venga a dar su clase. El compromiso con el desarrollo profesional y personal de los profesores tiene que ser una nota distintiva. Por eso invertimos muchos recursos en formación del profesorado, porque creemos que es una clave importantísima.

¿Podría destacar algún tipo de experiencia innovadora que realicen los profesores?
—Buscamos que nuestros docentes sean capaces de promover, desde las primeras edades de los niños, el desarrollo de su potencial con diferentes métodos para que luego seamos más capaces de prevenir el fracaso escolar. Hablamos, por ejemplo, de la Educación emocional como una clave esencial. Para que los alumnos puedan comprometerse con su entorno, es fundamental desarrollar la enseñanza para la comprensión, y aquí la teoría de las inteligencias múltiples nos abrió muchas posibilidades. Y para ese compromiso también son muy útiles las metodologías de aprendizaje-servicio. A la vez, es fundamental estimular el pensamiento crítico y creativo, para que los alumnos sean capaces de tomar decisiones inteligentes. Todo ello acompañado del aprendizaje cooperativo.

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Decidimos incorporar la tecnología en los colegios como un medio para educar en valores

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¿Cómo se desarrolla la competencia digital?
—A nosotros nos preocupaba mucho el uso que se suele hacer de la tecnología, porque los alumnos la utilizan de una forma en su vida ordinaria, pero luego llegan al colegio y muchas veces se queda fuera. Y resulta que a veces se produce como una especie de desdoble de personalidad, porque por un lado existe una vida real y, por otro, una digital. Nosotros pensamos que no hay muchas vidas, sino solo una, y en esa vida los alumnos se relacionan cara a cara, a través de medios tecnológicos y también de diferentes modos, por lo que asumimos la responsabilidad de que esto también era un contenido a educar. Los valores son siempre los mismos, y no cambian dependiendo del medio por el que nos relacionemos. Así que decidimos incorporar la tecnología en los colegios como un medio para educar en valores.

¿Cómo participan las familias en los centros?
—Tenemos un proyecto al servicio de las familias, que al final son las responsables de educar a sus hijos. En ese sentido nos sentimos colaboradores. Por tanto, nos situamos al lado de las familias, nunca enfrente, buscando siempre el bien del alumno y potenciar su desarrollo. Eso nos lleva a tener una relación de tú a tú muy cercana, y nos lleva también a respetar y potenciar los canales de participación de las familias. Entendiendo la relación colegio-familia desde esa confianza y desde ese ánimo de colaboración, es todo más fácil.

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Comentarios
  1. Entrevista a J. Ignacio Parajó - Fundación Educativa Jesuitinas
    16 de junio de 2021 05:50

    […] Lee la entrevista completa Comparte […]

  2. Docentes digitalmente competentes - Fundación Educativa Jesuitinas
    8 de julio de 2021 06:47

    […] Es un escenario, además, en el que la tecnología está cada vez más presente. Eso nos ha llevado a implementar en nuestros colegios diferentes proyectos TAC (Tecnologías para el Aprendizaje y el Conocimiento). «No hay una vida real y otra digital, sólo hay una. Y en esa vida los alumnos se relacionan cara a cara, a través de medios tecnológicos y también de diferentes modos, por lo que asumimos la responsabilidad de que esto también era un contenido a educar. Los valores son siempre los mismos, y no cambian dependiendo del medio por el que nos relacionemos», manifestaba J. Ignacio Parajó, Director General del Equipo de Titularidad de Jesuitinas recientemente en una entrevista al periódico Magisterio (leer entrevista completa). […]