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Ministra del Gobierno y portavoz del partido

Diego Francesch
Redactor jefe de Magisterio
22 de July de 2022
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No sé a ustedes, pero a mi esto de que Padro Sánchez haya nombrado portavoz del PSOE a Pilar Alegría no me convence. Lo de compaginar el Ministerio (es verdad que sus competencias son escasas, pero estamos en medio de una profunda reforma educativa) con la portavocía del partido que lo (medio) sustenta indica dos cosas: o valora muy poco la tarea de Gobierno o valora mucho a Pilar Alegría. Una y otra no son excluyentes y, de hecho, creo que estamos ante las dos posibilidades. No es la primera vez que un ministro o una ministra de Educación compagina varias tareas (Celaá fue portavoz del Gobierno y Méndez de Vigo también) pero siempre lo hemos criticado. La tarea de gestionar la Educación debe ser una tarea a tiempo completo y aunque sea posible compatibilizarla, indica que no se otorga a un tema de tanto interés como la Educación la importancia que debe tener.

El segundo aspecto, que Pedro Sánchez valora mucho a Pilar Alegría, también es probable, aunque esta ministra no haya demostrado dotes políticas o de gestión especiales. En cualquier caso, y sin negarle a la ministra mérito alguno, creo que la estrategia de Sánchez puede ir más por la vía electoralista. Sumido el país una creciente crisis, no quiere desaprovechar la oportunidad de colcoar a sus peones en los puestos claves de salida de cara a las autonómicas y generales. Alegría sería una excelente sustituta de Lambán en Aragón. Y con ello, volvería a lanzar el mensaje de que los ministerios son meras plataformas de despegue para mejores o útiles futuros cargos políticos.

En fin, una vez más, la Educación –que es lo que aquí nos importa– vuelve a salir perjudicada con estas maniobras. Bien es cierto –seamos coherentes– que poco importa quién esté al frente de uno u otro Ministerio si las decisiones o las ideas políticas que hay detrás son tan perjudiciales no ya para el sistema sino para las alumnos y sus familias, quienes, al fin y al cabo, son los grandes perjudicados de la tarea de decidir quién o qué se enseña o no. Y mucho me temo que ahora lo que prima es más bien lo que no se enseña, lo que se omite y lo que se hurta a las futuras generaciones de conocimiento y de saberes. Habrá que animar más que nunca a los alumnos a aprendeer, a leer y a estudiar más allá de lo que dicen las leyes.

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