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¿Qué dice la ciencia de los beneficios del 'mindfulness' sobre el rendimiento académico?

¿Ajedrez, piano, yoga o natación? ¿Pueden las extraescolares que elijamos tener efectos en el aprendizaje en otras áreas? Preguntamos a Daniel Sanabria, investigador en neurociencia cognitiva, sobre estas cuestiones.
Saray MarquésMiércoles, 14 de September de 2022
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Para el investigador, el primer problema es la propia definición de 'mindfulness'. © DRAZEN

Doctor por la Universidad de Oxford, profesor catedrático de la Universidad de Granada, Daniel Sanabria investiga en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada, y es director del grupo de investigación ‘Human brain and cognition’.

Con él hablamos de para qué pueden servir (y para qué no) prácticas que se han puesto de moda en los últimos años, como el ‘mindfulness’, y otras tradicionales, como tocar un instrumento musical o jugar al ajedrez.

¿Les preocupa la demanda creciente de intervenciones que mejoren las habilidades cognitivas de los niños?
–Percibimos tanto demanda como oferta de herramientas para la mejora del rendimiento cognitivo en todo el rango de edades, desde la infancia a la adultez tardía. Es fácil encontrar información y divulgación sobre herramientas para la mejora de la inteligencia, de las habilidades cognitivas, etc: mensajes como que “jugar al ajedrez mejora el rendimiento cognitivo”, “la música entrena el cerebro”… Sin embargo, en muchas ocasiones la evidencia científica disponible en la actualidad no avala afirmaciones tan contundentes.

Uno de los problemas está relacionado con la aplicación práctica de conocimiento adquirido en la investigación. En relación a las intervenciones encaminadas a la mejora de habilidades cognitivas, en muchas ocasiones se implementan sin que exista evidencia empírica suficiente. Imaginemos, por ejemplo, que un estudio en ratones muestra resultados prometedores de una vacuna para X enfermedad. ¿Estaríamos dispuestos a que nos inyecten dicha vacuna? Seguramente no, hasta que no haya suficiente evidencia en estudios con humanos y esté avalada por las agencias del medicamento, tanto europea como española. No hay que olvidar que las intervenciones dirigidas al bienestar psicológico y/o mejora del rendimiento cognitivo también pueden tener efectos secundarios.

Por ejemplo, el mindfulness.
–Sí, en este caso en concreto el primer problema que nos encontramos es la propia definición de qué es el mindfulness, porque es un término-cajón de sastre. En segundo lugar, hay estudios que describen que con algún tipo de población clínica (por ejemplo, pacientes con ansiedad o depresión), la práctica de mindfulness puede llegar a ser contraproducente. Y, además, está el coste de oportunidad. Si, por ejemplo, en el colegio se está dedicando una hora a la semana al mindfulness, sin que haya evidencia sólida sobre su impacto positivo sobre el rendimiento académico, puede ser una hora menos para Lengua o Matemáticas.

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Si en el colegio se está dedicando una hora a la semana al 'mindfulness', sin que haya evidencia sólida sobre su impacto positivo sobre el rendimiento académico, puede ser una hora menos para Lengua o Matemáticas

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¿Qué tiempo prudencial habría que esperar antes de extrapolar una práctica a la escuela?
–Es muy difícil definir un tiempo, porque depende mucho del ritmo de la investigación y de si tenemos los suficientes estudios realizados con rigor metodológico (por ejemplo, con un tamaño muestral adecuado, con grupos de control “activos”, etc.). En mi opinión, todavía se necesita más tiempo para determinar con certeza si el mindfulness puede ser beneficioso para el rendimiento cognitivo, y, en concreto, qué tipo de práctica es la que lleva a los mejores resultados minimizando posibles efectos secundarios.

Por ejemplo, el programa de mindfulness más conocido, creado por Jon Kabat-Zinn, incluye un entrenamiento de ocho semanas. Una de las cuestiones actuales es si realmente con ocho semanas es suficiente para obtener esos supuestos beneficios a nivel cognitivo. Como argumentaba antes, en mi opinión, quedan muchas cuestiones por resolver antes de poder afirmar que la práctica de mindfulness mejora las habilidades cognitivas. Esto no quiere decir que no merezca la pena seguir investigación en esta línea, todo lo contrario. La práctica de mindfulness puede ser muy beneficiosa, pero se necesita más y mejor investigación para entender el fenómeno y llevarlo a la práctica generalizada.

¿Lo neuro está de moda?
–Sí, hoy cualquier herramienta o intervención se vende mejor si va precedida de neuro-, asumiendo el aval de la investigación en neurociencia. Se ha mostrado que a un mismo estudio con un mismo resultado, si se viste de “neuro”, si hace referencia al cerebro, se le asigna mayor rigurosidad e importancia. Hace 20 años hablábamos más de la mente y ahora, del cerebro como de un músculo que hay que entrenar. Sí, es una moda, pero creo que ha llegado para quedarse.

¿Es peligroso ese mensaje del cerebro como músculo que hay que entrenar?
–A mi juicio sí lo es, porque el cerebro no funciona como un músculo. Además, dirigir toda la atención hacia la responsabilidad individual sobre el propio bienestar psicológico y rendimiento cognitivo obvia otros factores que pueden ser incluso más relevantes, como el estatus socioeconómico, que es uno de los mejores predictores del éxito académico en niños y adolescentes.

¿Hay evidencia de que tocando un instrumento los chicos mejoran en otros frentes?
–Sí, hay evidencia de que tocar un instrumento puede mejorar ciertas habilidades cognitivas, más allá de la propia mejora a nivel musical. Los efectos se han mostrado a nivel grupal, y, si bien son prometedores, se necesita más y mejor investigación. En cualquier caso, si me hiciesen la consulta, yo aconsejaría apuntar a los niños a música o ajedrez porque les guste, no como una forma de mejorar su rendimiento en el colegio.

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Aconsejaría apuntar a los niños a música o ajedrez porque les gusta, no como una forma de mejorar su rendimiento en el colegio

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¿Suelen ser los padres víctimas de bulos y mitos por querer lo mejor para sus hijos?
–Sin duda. Todos quieren lo mejor para sus hijos. Pero, de nuevo, la cuestión es si esos mensajes que les llegan sobre las bondades de X o Y herramienta están basados en evidencia científica de calidad. Además, hay que tener en cuenta que no todos los padres tienen el tiempo o los recursos económicos para que sus hijos practiquen una (o varias) de estas “herramientas”.

Es importante también destacar que muchas veces son los propios colegios los que ofrecen este tipo de herramientas. Y, lo que puede ser más grave, en algunos casos anuncian que emplean una determinada metodología didáctica, aunque no cuente con el aval científico, lo que, de nuevo, redunda en un coste de oportuidad. Personas como Marta Ferrero están realizando un gran trabajo para que en las escuelas se implementen estrategias didácticas basadas en la evidencia más actualizada.

Pero todas estas cuestiones no son solo relevantes para los padres. La propia formación del profesorado de Primaria y Secundaria, en ocasiones, incluye contenidos de dudoso rigor científico. Es más, hemos llegado a ver ofertas de cursos dirigidos a profesores universitarios donde algunos de los contenidos podrían considerarse pseudocientíficos. Pero el mero hecho de incluir el prefijo “neuro” los hacía atractivos para las personas no expertas.

En cualquier caso, poco a poco, en parte por el trabajo de personas como Marta, las situación está cambiando, y diría que desde las instituciones se está apostando por la implementación de herramientas e intervenciones que estén avaladas por investigación rigurosa. Unido a esto, en mi opinión, se debe fomentar el pensamiento crítico, a todos los niveles, desde los adolescentes, pasando por padres y profesores.

¿Debería haber más contacto entre el mundo de la investigación y de la escuela?
–Sí, hay bastante investigación de calidad que no tiene la suficiente repercusión a nivel de transferencia, y a la que, en algunas ocasiones, se le da menor relevancia por no contener la etiqueta neuro-. En lugar de seguir “vendiendo” las bondades de X o Y intervención/práctica, sería más conveniente dedicar recursos de investigación para corroborar, o no, esos supuestos beneficios. En relación a las prácticas de dudosa calidad, destacar que el Ministerio de Sanidad lanzó en 2018 un programa para evaluar la eficacia de diferentes terapias e intervenciones cuyo aval científico está cuestionado, donde también se incluían intervenciones dirigidas a la salud mental y mejora en habilidades cognitivas.

¿En qué están trabajando en su equipo de investigación en estos momentos?
–Estamos investigando qué ocurre a nivel cognitivo, cerebral y en términos de experiencia subjetiva en estados fisiológicos alterados, como por ejemplo cuando realizamos ejercicio físico de alta intensidad. También nos interesa conocer los posibles efectos que tiene la práctica de ejercicio de forma regular a nivel cognitivo y cerebral. Por ejemplo, estamos realizando una revisión metaanalítica a gran escala (que esperamos se publique en los próximos meses) sobre la evidencia actual en relación al supuesto beneficio del ejercicio sobre la cognición en población sana, tanto niños como adultos. Puedo adelantar que los resultados no parecen apoyar los mensajes que afirman las bondades del ejercicio físico a nivel cognitivo.

Esto me recuerda a dinámicas que están introduciendo de movimiento en las aulas, también por sus supuestos beneficios cognitivos.
–Sí, aunque en ese caso estamos hablando de la realización de ejercicios de forma puntual, de levantarte cuando llevas un tiempo sentado… En estos casos se aprecia una mejora, pero parecería, según varios estudios, que esta mejora no tendría tanto que ver con el ejercicio físico en sí, como con el hecho de cambiar de actividad, de hacer algo diferente. Por ejemplo, podría ser una coreografía, saltar, o cualquier otra actividad que “rompa” la dinámica de la clase.

Ante esto, como ante cualquier otra “herramienta”, hay que evaluar si algo supone una mejora o no, así como estudiar a qué se puede deber la mejora. Por ejemplo, hay estudios que muestran que adultos mayores que realizan ejercicio físico en grupo mejoran con respecto a aquellos que siguen sus patrones de vida sin incluir esta actividad. Cabe preguntarse si los primeros mejoran por la práctica de ejercicio físico en sí o porque socializan y se divierten.

Algo similar podemos decir del efecto Mozart. Aunque algunos estudios sugerían que la música de Mozart (y la música clásica en general) era “especial”, estudios posteriores han mostrado que la mejora del rendimiento cognitivo no se debe al hecho de estar escuchando una determinada música clásica, sino a que cuando escuchamos música aumenta la motivación, la activación y el bienestar.

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