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El adolescente conectado a internet por la noche: ¿sí o no?

Llucià Pou Sabaté
Teólogo
23 de octubre de 2023
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Hace muchos años, me contaba un adolescente que, después de un tiempo de convivir con la televisión en su habitación, la había “desactivado” cortando unos cables de los circuitos: le hacía daño. ¿Hay para tanto? Hoy día, cualquier dispositivo está conectado a la red, y se ha potenciado la capacidad de acceso a redes. Además, algunas de ellas como Tiktok, ofrecen continuas formas de captación de la atención, que puede hacer que se vean reels durante horas. Esto se sabe, y aunque algunos padres ponen prohibiciones, y si algún profesor les pregunta en clase a los alumnos, muchos responden cosas como que “mamá nunca se entera de lo que veo” (afirmaba una persona, conteniendo una risita).

Algún estudio presenta que el hábito de ver programas de TV e internet sin restricciones hace a los chicos aburridos y antipáticos, difícilmente muestran interés en cosas que no sean estimulantes, tienen poca capacidad de concentración y de lectura, les cuesta más manejar el lenguaje escrito y el oral. Solemos ver las noticias de estudios que denuncian la cantidad de imágenes con brutalidad, violencia y sexo, que puede deshumanizar y embrutecer a los adolescentes descontextualizando el sentido de los apetitos irascibles y la educación en el amor.

El exceso de bits puede llenar de estímulos fáciles las mentes infantiles y les cuesta más desarrollar la propia fantasía, necesaria en los juegos. La tentadora pantalla capta la atención de los niños y adolescentes y los mantiene callados. Sin duda, ha sido una herramienta muy útil para ocupar a ratos desde que eran pequeños (videos de dibujos animados desde bebés, por ejemplo), pero cuidar que haya una proporción y orden, es importante, para evitar ese aislamiento en los años sucesivos.

Permitir que los adolescentes tengan acceso a Internet a todas horas es una cuestión que depende de muchos factores y debe ser considerada cuidadosamente. Se ha dicho que algunas ventajas son:

  • Acceso a recursos educativos. La curiosidad lleva a investigar.
  • Comunicación: les permite mantenerse en contacto con amigos, familiares, incluso a través de las distancias.
  • Autonomía y responsabilidad: capacidad de aprendizaje en autodominio, ser dueño del tiempo que se dedica a estar conectados, responsabilidad…

Pero también se observan desventajas a valorar:

  • Riesgos como acceso a material inapropiado, acoso cibernético y posibles interacciones que debido a la ingenuidad del niño-adolescente, puedan ser peligrosas, especialmente con perfiles donde desconocidos se ocultan.
  • Desconexión de la vida social, en las comidas es más cómodo aislarse en el mundo de la red, que el aprendizaje de participar en conversaciones con parientes, y desarrollar habilidades sociales.
  • Antes de dormir puede “enganchar” y reducir la calidad del sueño, con lo que en clase las primeras horas tienen somnolencia y no aprovechan el aprendizaje, además de ser un desestabilizador para la salud.
  • La libertad en ciertas edades suele necesitar la responsabilidad de los mayores, pero no pueden supervisar el uso de Internet en la habitación de un adolescente, con lo que la educación puede fallar en esos momentos.

La decisión de permitir el acceso a internet que los adolescentes tengan Internet en sus habitaciones debe ser adecuada al niño o adolescente (según su responsabilidad, modos de aprendizaje, comunicación abierta entre padres e hijos…). Pero la idea general es que establecer límites y reglas claras sobre su uso es importante, como fomentar el aprendizaje de los riesgos y consecuencias de un uso irresponsable. Por eso, pueden ser útiles las herramientas de control parental para ayudar a ello (aunque los hijos pueden conocer modos de superar esos controles).

En resumen, valorar tanto la libertad como la educación en la responsabilidad son parte esencial en la educación, y en este campo de modo singular, pues son muchas horas al día las que suelen estar “en línea” a esas edades, y cuando no existe equilibrio entre la libertad y la responsabilidad, tanto por parte de los padres y educadores, como por parte de los hijos, se paga factura después. Si bien hace años dominaba el autoritarismo, hoy está de moda que los hijos hagan lo que quieran… la responsabilidad de los padres ha de superar estas modas sociales para actuar en conciencia.

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