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Cuando la luz se esconde

Una de las cosas de las que se dan cuenta los niños desde edad muy temprana es de la diferencia entre luz y oscuridad. Cuando ya son capaces de representar objetos, a partir de los tres o cuatro años, sus dibujos son aún planos. Pero pronto comenzarán a reflejar las tres dimensiones, ya que intuyen la perspectiva. Además, diferencian claramente el color y pueden llegar a apreciar las sombras.
Isabel Jiménez ArenasJueves, 4 de abril de 2024
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Instalación de James Turrell en el Guggenheim Museum, New York, en 2013. ® GUGGENHEIM MUSEUM

Una de las cosas de las que se dan cuenta los niños desde edad muy temprana es de la diferencia entre luz y oscuridad. Cuando ya son capaces de representar objetos, a partir de los tres o cuatro años, sus dibujos son aún planos. Pero pronto comenzarán a reflejar las tres dimensiones, ya que intuyen la perspectiva. Además, diferencian claramente el color y  pueden llegar a apreciar las sombras. En ese punto podemos ayudarles a comprender que también se pueden dibujar objetos con volumen. Este es un proceso muy gradual que pasa por asimilar cómo afecta la luz al espacio en el que nos encontramos. Entonces, ¿cómo podemos trabajar los valores de luminosidad con nuestros alumnos?

Para empezar, les haremos saber que la luz cae sobre los objetos, siendo algunos capaces de reflejarla con más intensidad que otros. Con ese fin, haremos un ejercicio básico que comienza por palpar las cosas sin mirarlas. Primero tenemos que colocar las sillas y mesas centradas, dejando espacio libre cerca de las paredes. Una vez en sus sitios, les entregaremos un objeto de tamaño pequeño o mediano en el que se puedan distinguir claramente formas básicas. Entre ellas están la esfera, poliedros como el hexaedro, es decir, un cubo, el tetraedro, que es una pirámide triangular, un prisma rectangular, que es como una caja o el ovoide tridimensional, que es parecido a un huevo.

Les pediremos que toquen el objeto con los ojos cerrados, lo cual les ayudará a reconocer y asimilar su forma. A continuación, bajaremos las persianas del aula, para que haya menos luz, y les diremos que dejen el objeto sobre la mesa. Entonces les explicaremos que van a recorrer el aula, andando en fila cerca de las paredes, desde un punto de salida hasta completar el circuito. Serán momentos de juego y algo de alboroto, pero intentemos que sea en silencio y orden. Les dejaremos que toquen las paredes observando las cosas colgadas y la figura que han dejado en la mesa. Podrán reconocer sus cosas en la penumbra. Luego subiremos las persianas para ver claramente de nuevo.

¿Qué es lo que el niño o la niña aprende con esta actividad? Básicamente, que los procesos ópticos y fisiológicos, que tienen lugar en sus ojos, le ayudan a adaptarse a espacios más o menos iluminados. Además, que los objetos, aunque no tengan gran capacidad física de reflejar la luz, si son vistos en un lugar más oscuro puede parecer que emiten luz propia. O sea, aprende que la luminosidad de un objeto depende del contexto. También, que la luz es independiente, pero existe en simbiosis con todo lo demás. Cuando no hay luz, los objetos dejan de tener luminosidad y llega la oscuridad.

Ahora veamos, a efectos prácticos, cómo podemos realizar el ejercicio. Estas son algunas propuestas. Por ejemplo, podemos ofrecerles una bola, algún bote, una caja o un cucurucho, cosas sencillas y no muy puntiagudas que tengamos a mano. Sin embargo, es conveniente que el material sea blando.

Dependiendo de vuestro tiempo, podéis realizar vuestras propias piezas de fieltro o incluso de ganchillo y rellenarlas con material para peluches. Serían parecidas a los saquitos sensoriales con formas geométricas básicas, pero con mayor volumen. Se trataría de hacer, básicamente, cubos, prismas rectangulares, conos y cilindros. Y también podemos hacer pirámides, esferas, elipsoides y ovoides tridimensionales, entre otras figuras. El color del fieltro o lana mejor que sea claro para que entiendan el efecto de la luz. Con estos objetos, conseguiremos mejorar su autorregulación y concentración porque tocándolos su sistema nervioso se calma. Al apretarlos, envían información sensorial adicional al sistema nervioso. De este modo, toman consciencia de la posición de la mano y el brazo con respecto al cuerpo. Y así aumenta la coordinación entre sus manos y ojos, lo cual es imprescindible para el dibujo. Tras haberlas manipulado unos minutos, podemos pedirles que pongan ojitos en las piezas, lo cual las acercará más a su mundo.

En cuanto a la preparación del aula, si no pudiera ser en la suya habitual se puede elegir otro espacio. Por ejemplo, podrían recorrer la parte del pasillo menos iluminada, pegados a la pared. Desde ahí, irían observando algunas figuras y juguetes que hemos dejado en el suelo, apreciando su forma y sus tonos más o menos claros. Rudolf Arnheim escribió en su libro Arte y percepción visual (1954), un interesantísimo capítulo dedicado a la luz. En él dice: «En una calle totalmente a oscuras, un trozo de papel de periódico resplandece como una luz»[1]. Es decir, que los niños, en el pasillo o en el aula, verán los objetos como si tuvieran luz propia.

[1] Arnheim Rudolf, Arte y percepción visual, Alianza Forma, 6ª edición, Madrid, Alianza Editorial, 1985, p.338.

Una vez finalizada la segunda parte de la práctica y ya en sus sitios, continuaremos mostrándoles las mismas figuras geométricas, esta vez fabricadas en poliestireno. A cada niño le daremos dos o tres para que las coloquen sobre la mesa. Si están finalizando segundo de infantil o cursando tercero sus dibujos aún son sencillos, pero ya han aprendido a ‘rellenar’. También algunos han comenzado a representar la profundidad de los objetos. Les pediremos que dibujen las figuras en su bloc, con un lápiz de grafito, y observaremos el resultado sin intervenir. Seguramente dibujarán las figuras geométricas planas correspondientes. Si ven un cono trazarán un triángulo, del ‘huevo’ deducirán un ovoide, una caja la resumirán en un cuadrado o rectángulo, una estrella en un pentagrama y al ver una esfera dibujarán un círculo. Incluso les pondrán carita, ojos y boca. Lo que podemos hacer nosotros es ayudarles con dibujos sencillos y algo esquemáticos. Intentaremos que aprecien las distintas caras de las figuras, dependiendo de la incidencia de la luz. Aunque todas las figuras tengan el mismo color blanco, las verán más o menos oscuras dependiendo del grado de penumbra en el aula.

Ovoide (tridimensional), cilindro y esfera. © I. J. A

 

Cono, pirámide y prisma rectangular.

Esta actividad no solo sentará las bases de un futuro entendimiento del claroscuro, sino que, de manera inconsciente, también les ayudará a superar el miedo a la oscuridad. Para finalizar dejo aquí el enlace a la tesis de licenciatura de Ana María Morales sobre el arte de James Turrell en relación a las investigaciones de Rudolf Arnheim. Turrell es un artista estadounidense que ha incorporado la luz a su obra y la combina con figuras geométricas. Creo que os inspirará para completar la actividad que os propongo con otras variantes y hacer de vuestra aula un lugar dinámico de aprendizaje.

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