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Marisol Terry: "La salud mental debería partir de la primera infancia"

Marisol Terry es profesora de Educación Infantil desde hace 13 años. Gracias a su maternidad, ha decidido que quiere escribir cuentos para ayuden a conseguir objetivos de manera práctica y positiva.
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‘Un tigre en mi cabeza’ es un libro que busca ofrecer herramientas con las que dar soluciones a las rabietas de los más pequeños.

Marisol Terry lleva 13 años siendo profesora de Educación Infantil. La literatura siempre la ha acompañado, sea por estar leyendo algún libro como por estar escribiendo. A razón de esta afición, no es ninguna rareza que le guste utilizar cuentos para ayudar a sus alumnos a superar los problemas propios de esa edad.

Sin embargo, con la llegada de su hijo, descubrió que no es lo mismo ayudar a un alumno que a alguien de su propia familia. A partir de eso, surgió en ella el interés de escribir cuentos que ayuden a solucionar problemas que afectan a los niños y que salpican tanto a padres como a profesores.

Conversamos con Marisol sobre su cuento, Un tigre en mi cabeza, así como sobre el origen de su interés en la literatura y sobre su vocación como profesora. Durante la entrevista, remarca en la importancia de abordar las emociones en las edades tempranas.

¿De dónde viene el nombre del libro?
–Surge de conversaciones que tuve con otras profesoras. Ellas utilizan métodos de enseñanza positivos suelen usar animales agresivos y no agresivos para hablar de emociones con los niños. Entonces, al tener presentes estas ideas, vino a mi mente la idea de tener un tigre en la cabeza.

¿Cómo decides escribir este cuento?
–Como profesora me gusta explicarles cosas a los niños a través de cuentos. Sin embargo, la idea de este cuento surgió cuando nació mi hijo mayor. Tenerlo me hizo buscar soluciones para cuando los niños tienen esas rabietas en las que te pegan –aunque realmente no tengan la intención de hacerlo– y que no pueden controlar.

Entonces, por lo que estoy entendiendo, este libro surge, más que todo, de tu experiencia como madre…
–Absolutamente. La experiencia cambia cuando eres madre en comparación a cuando eres profesora. Te das cuenta de que no es tan fácil como lo piensas. Yo he tenido la suerte de ser profesora antes que madre y pensaba la cosa era mucho más sencilla porque, al final, es más fácil corregir a los alumnos que ver estas cosas en tus propios hijos.

Supongo que habrá una mayor cercanía…
–Sí, una mayor involucración. Aunque en ambos casos –alumnos e hijos– te vean como lo máximo, es cierto que los alumnos también te ven como si lo supieras todo. Entonces, aunque con tus hijos quieras hacerlo igual de bien, no siempre sale de esa manera.

¿Cuáles fueron algunos retos que se te presentaron de cara a escribir el cuento?
–Algo que me pasa mucho es que me cuesta plasmar las ideas que tengo en el papel, además de hacerlas atractivas. Los cuentos me surgen de la improvisación oral, de decírselo a mis alumnos o a mis hijos. Entonces, luego de contarlos, tenía que ir corriendo a apuntar la idea, y muchas veces puede ser difícil saber sacar las ideas de la cabeza para luego poder enseñarlas al resto del mundo.

Muchas veces puede ser difícil saber sacar las ideas de la cabeza para luego poder enseñarlas al resto del mundo

Cambiando de ámbito, en una de tus primeras respuestas hiciste alusión a que siempre te ha gustado escribir cuentos, ¿cómo nace esta afición?
–Toda mi vida estuve acompañada de mi madre, mi abuela y mi tía. Ellas siempre han leído mucho y me inculcaron el hábito de lectura desde pequeña, por lo que para mi leer era una cosa del día a día. A partir de eso, siempre tuve la iniciativa de escribir historias, tanto para mis amigas como para mis hermanos –aunque para ellos no tanto porque ya eran mayores–.

Además, siempre fui un ratón de biblioteca y disfruto mucho de ir a bibliotecas o tiendas de libros solo por el hecho de ver qué cosas nuevas hay. Recuerdo que, cuando era una niña, si salíamos a comer los fines de semana y pasábamos frente a una tienda de libros yo estaba como “mamá por favor cómprame un libro” [dice entre risas].

A partir de ahí surgió mi gusto por crear historias y poner ejemplos. Ya te digo, mi vida es un poco crear historias para dar soluciones a problemas del día a día.

De la mano con esto, en la biografía que ponen dentro del libro hacen alusión a que escribes cuentos para ayudar a conseguir objetivos de manera práctica y positiva ¿cuándo te das cuenta de que quieres tener este enfoque en tu escritura?
–Yo creo que ha sido, sobre todo, a raíz de ser madre. Es cierto que ese enfoque me ha ayudado mucho cuando he tenido que solventar alguna situación en clase, como cuando los niños tienen miedo o cosas así. Pero siendo madre fue que decidí que tenían que ser cuentos muy funcionales, para que expliquen algo que mis hijos puedan entender y, sobre todo, puedan llevar a la práctica. Por eso es que el cuento, en realidad, es muy sencillo, porque no busca explicar algo sino ayudar. Busca la sencillez de la ayuda antes de lo bonito de la historia ¿sabes?

Comentas que te gustaba escribir historias. Aunque los cuentos fuesen tu principal interés ¿has experimentado con otras formas de escritura creativa?
–Cuando era pequeña también me gustaba escribir poesía y hacer revistas estilo cómic con recortes para hacer historias un poco locas.

¿Qué le dirías a esa niña que estaba escribiendo sus primeros cuentos ahora que ya tienes un cuento publicado?
–Que no pare de leer, que no pare de crear, de escribir y de imaginar, porque, aunque no se lo pueda creer, una de esas historias que está creando va a llegar a la casa de un montón de niños, porque al final lo va a conseguir. y solo con que llegue a la casa de un niño más va estar súper contenta.

El cuento, en realidad, es muy sencillo, porque no busca explicar algo sino ayudar. Busca la sencillez de la ayuda antes de lo bonito de la historia

Siempre te ha gustado escribir…
–Sí, siempre me ha gustado y soy muy de lápiz y papel, de llevar cuadernos, libretas y post-its. Salvo los dibujos del libro, que los hice en el IPad, soy muy de lápiz y papel.

¿También te gusta dibujar?
–Sí. De hecho, a modo de anécdota, todas las mañanas, antes de que mi hijo se despierte, le hago un dibujo en un post-it y todas las mañanas cuando se despierta me pregunta que qué le he dibujado y va desde animales hasta dragones o dinosaurios.

Has mencionado que leías mucho de pequeña ¿cuáles son algunos de esos cuentos o libros que más te gustaba leer?
–Me encantaba leer Harry Potter. Recuerdo que recibí el primer libro como regalo de cumpleaños, y, aunque en un principio lo haya tenido mucho tiempo en la estantería, una vez comencé a leerlo fue cuestión de empezar y no parar.

¿Qué otros libros formaron parte de tu infancia y de tu juventud?
–De pequeña me leí todos los de la saga de El barco de vapor. Ya cuando crecí me leí las novelas de adolescentes de Jordi Sierra i Fabra, y bueno lo típico, Crepúsculo [dice entre risas]. Otros que me gustaban mucho eran los libros de Elige tu propia aventura y también los de Pesadillas, que luego adaptaron a televisión.

¿Y qué ideas tienes en mente de cara a futuros cuentos?
–Me gustaría seguir ayudando a través de las emociones. La salud mental y emocional también debería partir de la primera infancia. Por ello, aunque sea un reto ambicioso de cara a futuro, me gustaría crear algo que pueda servir como herramienta tanto para padres como para docentes para encontrar respuestas en este tema.

Luego, a nivel escritora, me gustaría hacer algo dedicado a la poesía, que es algo que me gusta mucho. Yo soy muy de rimas y me gusta que el lenguaje quede bonito y armonioso. También escribir sobre cosas cotidianas y que puedan funcionar en el aula. Entonces, como conclusión, cualquier forma de escritura siempre y cuando sea funcional y de ayuda tanto en el aula como en las casas.

¿Tienes algún ejemplo de poesía infantil que te guste mucho?
–Me gusta mucho la poesía de Victoria Fuertes. También recuerdo que en mi infancia, como mi abuela era muy refranera, ella nos recitaba El lagarto y la lagarta, Las abuelas y el panal… Es cierto que no te puedo dar muchos autores porque era muy verbal, pero siempre ha habido poesía en casa.

Tratando ahora sobre tu profesión, comenzaste a ser profesora hace 13 años. Si pudieras conversar con la Marisol que está a punto de pisar por primera vez un aula ¿qué le dirías?
–Le diría, porque sé que esa Marisol que está por primera vez a punto de entrar en un aula estaba muerta de miedo y de nervios, que lo iba a conseguir y que no se le iba a dar tan mal como ella pensaba. Que, con esfuerzo, trabajo y, sobre todo, amor y alegría –que es lo que piden los niños de hoy en día– va a conseguir muchísimas cosas. Y que ha conseguido vivir de lo que le gusta, que es educar, acompañar y, sobre todo, transmitir conocimientos y amor.

Yo no creo en un día en el aula en el que no te rías ni te abraces. No es un día aprovechado. Así que le diría que adelante, que lo va a hacer muy bien, que va a conseguir muchas cosas y que va a conocer a muchos niños fascinantes en todos los cursos en los que va a estar.

Yo en mi clase estoy tan a gusto como lo estoy en mi casa y eso es algo que no creo que todo el mundo tenga en sus trabajos

¿Qué es lo que más te gusta de ser profesora?
–Lo que más me gusta, aparte del tú a tú con niños tan diferentes todos los años, es el vínculo que se crea. Es como una familia. Yo en mi clase estoy tan a gusto como lo estoy en mi casa y eso es algo que no creo que todo el mundo tenga en sus trabajos.

Luego, me gustan los retos que surgen en el aula. Como ningún día es igual al anterior nunca te aburres. Eso me encanta, porque uno como profesor –y eso le pasará a muchísimos profesores– ve el trimestre y el curso entero y sabe que ese día será totalmente diferente al resto. Entonces eso me gusta y es algo indescriptible.

Finalmente, a mí me encanta ver como avanzan y como cada cosa que dices la van interiorizando. Yo llevo 13 años y me encuentro con niños que yo he tenido de bebés cuando estaban en la escuela de infantil y se siguen acordando de quien soy, porque han estado tres años conmigo.

¿Qué legado te gustaría dejar para tus alumnos? ¿Qué te gustaría que esos alumnos que has comentado que te encuentras de vez en cuando por la calle recordaran de tus clases?
–La sensación de estar en casa. Que recordaran el poder estar a gusto, sin filtro, y sin el agobio de guardar una apariencia que uno tiene cuando crece. El haber sido cristalinos, y que yo también lo fui con ellos. Y, sobre todo, que recuerden el cariño y las risas. A mí me da lo mismo si recuerdan que yo les enseñé cual era el color verde, pero sí me gustaría que recuerden que cuando estaban conmigo no había nadie más importante para mí en esa clase.

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