La incapacidad de vivir el presente

Decían unos versos de Antonio Machado: “Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos, porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde…”.
Centro Psicológico Loreto Charques
Expertos en el diagnóstico y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención (TDA-H)
23 de abril de 2019
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Uno de los problemas fundamentales en la salud mental de la mayor parte de pacientes que acude a la consulta del psicólogo es la incapacidad de vivir el presente.

La mente humana es capaz de anticipar sucesos negativos que no han ocurrido, y que tal vez, jamás ocurrirán, y aunque ocurran probablemente no sean tan desastrosos cómo nuestras anticipaciones. Esos pensamientos negativos, que solamente están en la cabeza del sujeto, no suelen ser reales, están distorsionados, pero las emociones que provocan son tan reales como la vida misma y se viven con gran intensidad, creando en esa persona una gran inquietud que genera una ansiedad que hace que el presente sí que se convierta realmente en algo molesto, desagradable y negativo.

Este mecanismo de anticipación de hechos negativos, de interpretación de la información de forma sesgada distorsionando la realidad, hace que se genere uno de los trastornos más conocidos en el ámbito de la salud mental: la ansiedad.

La ansiedad como alerta

La ansiedad en cierto grado nos resulta funcional. Es un sistema de alerta y activación ante situaciones consideradas como amenazantes que es adaptativo en muchos casos. Nos moviliza y nos hace reaccionar bajo condiciones normales mejorando el rendimiento y la adaptación de la persona al medio. Hace que ante una amenaza afrontemos un riesgo, lo evitemos o lo neutralicemos adecuadamente. Si por ejemplo nos encontramos con un oso en medio del bosque, la ansiedad nos activará para poder hacer frente a esa situación y bien, huir si creemos que no tenemos opción de neutralizarlo, o de luchar si creemos que podemos hacer frente al animal. El problema es cuando ya no está el oso delante de nosotros y seguimos teniendo esa activación para neutralizar el problema, esa es la ansiedad. Cuando el oso sigue estando en mi cabeza como si estuviera delante de mí y nos hace vivir en constante estado de amenaza. Esta es la ansiedad patológica, la que nos hace cada día vivir la vida como una constante preocupación y no nos deja vivir el presente.

Este mecanismo de anticipación de hechos negativos, de interpretación de la información de forma sesgada distorsionando la realidad, hace que se genere uno de los trastornos más conocidos en el ámbito de la salud mental: la ansiedad

De ahí la importancia de focalizar la atención en el presente y no anticipar futuros osos. Centrarnos en lo que tenemos delante, hacer las cosas con atención y dedicación plena, como si no tuviéramos que hacer nada más después, prestar atención a los pequeños detalles de nuestro día a día, sentir, respirar, observar, percibir… y en el caso de que alguna vez nos encontremos con el oso, ya veremos cómo lo afrontamos y resolvemos la situación, pero que esa amenaza (imaginaria en la mayoría de los casos) no me impida vivir el presente con plenitud, ya que esa ansiedad me debilita en mi día a día, generando un estado cada vez peor en mi, y haciendo que si algún día realmente aparece el oso, mi estado se encuentre tan deteriorado, que entonces sí que no estaré en condiciones de afrontar el problema con eficacia.

Vivir culpabilizándonos

En el otro polo de esta línea temporal, es decir, en lugar de vivir en un futuro negativo imaginado, está el vivir anclado en un pasado valorado como negativo, sumidos en una tristeza y un dolor no superados, que nos hace vivir con una actitud negativa hacia el presente, se encuentra el otro problema fundamental de la salud mental humana en el siglo XXI: la depresión.

Vivir culpabilizándonos por aquello que no hicimos o por lo que nos salió mal, o por un hecho desagradable que tuvimos que vivir… Estos pensamientos de evaluación negativos de vivencia del pasado también nos hacen dejar de prestar atención al presente. Una atención selectiva a lo negativo del pasado.

Con respecto al pasado y a la incapacidad de sentir placer en el presente también está el sesgo de la valoración idealizada del pasado. La memoria tiene un sesgo, de carácter adaptativo, de valorar lo recuerdos de forma más positiva de lo que se vivió y una tendencia a suavizar y olvidar lo negativo.

Con respecto al pasado y a la incapacidad de sentir placer en el presente también está el sesgo de la valoración idealizada del pasado

Haciendo referencia a otro monstruo de nuestra literatura, decía Umbral en la magistral Mortal y Rosa, que la felicidad está en el pasado, que confiamos en ser felices porque alguna vez lo fuimos en el pasado, que el futuro es un pasado actuante, y creemos que alguna vez fuimos felices porque aquella vez creíamos asimismo haberlo sido en otro tiempo. Todo instante de felicidad es la confirmación de que tenemos un pasado. Solo la memoria goza. Y no le faltaba razón al bueno de Umbral, afirmando tales tendencias humanas.

De ahí que el ser consciente del presente, el darnos cuenta del momento que estamos viviendo y valorarlo como bueno, como pleno, como feliz… ahí está la felicidad realmente, en el darse cuenta del momento y valorarlo como feliz en ese mismo instante. Si esa valoración se produce en el futuro, ya no estamos viviendo ese presente, entonces ya no habremos sido felices, sólo nuestra memoria lo estará siendo, con todo el sesgo que tiene en magnificar los recuerdos positivos y valorarlos de forma más meliflua de lo que realmente fueron.

Vivid el presente, no evaluéis el pasado, no anticipéis acontecimientos negativos en el futuro, y daros cuenta y valorad lo que tenéis delante en el momento de vivirlo.

¡Sed felices!

 

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