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Clara Cordero: "Ya no hay nada puro; todo es mezcla de todo"

La formadora y fundadora de Ágora Abierta participó en nuestras charlas en directo VIMETalks, donde habló de gamificación, entornos de aprendizaje y nuevas metodologías educativas.
Rubén VillalbaMiércoles, 22 de September de 2021
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Clara Cordero es fundadora de Ágora Abierta, un espacio multimedia con recursos y formación en nuevas metodologías educativas

Clara Cordero se define como edugamer: la pedagogía del juego ocupa el centro de su trabajo como maestra y formadora. Hace años cambió el derecho por la Educación y plasmó su manera de entenderla en Agora Abierta, un espacio multimedia donde la gamificación cohabita con el visual thinking, el storytelling y otras nuevas metodologías educativas. De todas ellas habló en VIMETalks, el espacio de charlas en directo de VIMET.

¿La Educación puede ser un juego?
—El juego siempre se ha utilizado en Infantil como forma de aprendizaje porque es un lenguaje muy familiar y cercano. Luego, en Primaria, aunque queda algún residuo lúdico en el ámbito lectoescritor, parece que hay que ponerse serio. Sin embargo, ahora nos hemos dado cuenta de que el juego tiene muchas posibilidades no solo en etapas educativas superiores, sino también en la propia formación del profesorado. Además, hay muchas formas de jugar y cualquier elemento lúdico se puede aprovechar en el aula. Ahora, por ejemplo, están muy de moda las ficciones interactivas.

¿Pero gamificar es jugar?
—Consiste en emplear elementos de juego para motivar al alumnado, aunque va más allá de la motivación. Todo importa del juego: desde su estructura al sistema sobre el que se construye su itinerario. Por eso, más que divertido, el juego es emocionante; es un recurso muy pedagógico en sí mismo. Con la digitalización, su tendencia ha ido en alza, sobre todo, por el auge de los videojuegos. Pero hay que tener en cuenta algo clave: la tecnología facilita las cosas siempre y cuando se tenga competencia y conocimiento de uso.

¿Hay una brecha en el profesorado en ese sentido?
—Cada vez menos. Por una parte, están los profesores que ya están motivados, se lanzan a por todas, prueban todas estas nuevas metodologías y las van hibridando con las tradicionales. Por otra, están los que no se acaban de lanzar o no se atreven porque temen que les vaya a salir mal y repercuta en sus alumnos. Sin embargo, cada vez más hay más formación del profesorado en este sentido y es muy difícil no tener acceso a ese contenido. Quizá el escollo para ellos sea el tiempo. La gamificación, por ejemplo, requiere bastante planificación previa, así como un plan b por si no funciona. Y eso asusta, sobre todo, el hecho de cambiar el entorno de aprendizaje.

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Se está creando esa otra realidad donde la tecnología es un sentido más y se hibrida con el ser humano

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Tú hablas del entorno como el tercer maestro.
—El espacio es un buen revulsivo para empezar a cambiar las cosas. Hablamos, por ejemplo, de la funcionalidad de los elementos del juego, es decir, cómo te puede servir para algo. Si en un aula, pongamos el caso, todos los pupitres están mirando hacia el profesor, los alumnos solo tienen unas posibles acciones, mientras que si están dispuestas de otra forma, aquellas son múltiples. Eso es lo más difícil: romper con la estructura regida que tenemos del entorno. En los espacios intermedios o de tránsito, como los pasillos o las bibliotecas, nos permitimos algo más de creatividad, pero debería hacerse también en el aula.

El cómo, entonces, afecta al qué.
—Sí. Nuestras interacciones se dan a nivel individual, con otros y según el sitio donde estés. Las maneras de interactuar influyen en el modo en que se realizan las cosas.

¿También en cómo se cuentan?
—Ahí hablamos del storytelling, un campo que tradicionalmente se ha explotado en el marketing y la comunicación, pero que ahora se están probando en el ámbito educativo. Como dijo Bruner, hasta ahora hemos estado formando con los textos lógico-formales de los libros de texto, pero hay otra posibilidad, que es la basada en relatos. Todo lo que es ficción alienta una serie de habilidades, como la imaginación, la creatividad o la solución de problemas. Lo ficticio, por el mero hecho de serlo, no es algo que tengamos que desterrar. Las narrativas ayudan a buscar un propósito, un sentido, a guiar un aprendizaje determinado. De hecho, lo narrativo es lo más fácil de retener y hacer que sea memorable.

¿Y lo visual?
—Ahí entra en juego el visual thinking, que es el pensamiento visual, es decir, el hecho de pensar en imágenes. Hoy vivimos rodeados de ellas porque permiten sintetizar y organizar la información. Son más accesibles porque entran a través de la vista y, además, con pequeñas formas, permiten organizar las ideas en la mente. La tendencia ahora es hacerlo a través de dibujos muy simples, como monigotes o garabatos. El visual thinking facilita desde hábitos de estudio a presentar y retener contenidos a largo plazo porque la imagen, a diferencia del lenguaje escrito, no necesita ser decodificada.

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El entorno es el tercer maestro: es un buen revulsivo para empezar a cambiar las cosas

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En un momento en que todo es visual, ¿va el futuro por ahí?
—Creo que, con lo visual, hubo un momento álgido y ahora se están explorando otros sentidos, como el oído con los podcasts y los mensajes de audio. También el tacto, con la huella dactilar. El visual es el más directo y el que lleva explotándose más tiempo. Los otros sentidos se cortaron de raíz, pero poco a poco se explotarán también.

Al final, volvemos a la esencia.
—Exacto. Lo que se está creando es esa otra realidad donde la tecnología se incorpora como un sentido más. Las tecnologías cada vez dan más posibilidades, pero en vez de desterrar al ser humano se hibridan con él.

Algunos docentes echan en falta que el alumno no busque el premio, sino aprender.
—En gamificación hablamos de la motivación intrínseca, eso que pones y tienes que acabar quitando cuando ya has conseguido el objetivo. En este sentido, lo que persigue en esencia es que el aprendizaje no le suponga al alumno algo horrible y que se esfuerce con un seguimiento paulatino. Por eso es motivador porque se hace paso a paso, promoviendo un cambio conductual, un hábito de querer aprender. Lo que busca es que, trabajando de esta forma, adquiera ese hábito de aprendizaje.

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La tecnología nos facilita las cosas siempre y cuando se tenga competencia y conocimiento de uso

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¿De dónde emanan todas estas nuevas metodologías? ¿Cómo se gestan?
—Casi todo parte ya de una idea ajena. Lo que se hace mucho ahora es curar contenidos, es decir, partir de una franja de fuentes de la que te nutres y, a partir de ahí, construir tu idea. Pero no es totalmente original. La hibridación es la palabra clave de hoy: ya no hay nada puro, todo es mezcla de todo.

¿Qué tendencias vienen?
—Están resurgiendo los cursos MOOC, porque son más abiertos y facilitadores. Y creo que vamos en esa dirección: estamos cansados de formación a toda prisa. Con la pandemia, muchos docentes se han preguntado para qué formarse en tantas cosas en las que, por falta de tiempo, luego no pueden profundizar ni llevar al aula. Hay que cambiar el chip y hacer un parón. También, por las nuevas generaciones, a las que estamos transmitiendo que o te matas todo el día a trabajar o no conseguirás nada. Por eso la mayoría está desmotivada. Y con motivo.

Así fue nuestro #VIMETalks2 con Clara Cordero

 

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