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Profe, ¿esto para qué me va a servir?

Carlos PeinadorMiércoles, 1 de September de 2021
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© SENRYU

El otro día en la playa, me encontré con una antigua alumna y me dijo. “Carlos. ¡Cuánto tiempo sin verte! Te agradezco todo lo que hiciste para enseñarme dibujo técnico. Sí, aprendí y aprobé pero ahora como responsable comercial de la empresa XX aun sigo preguntándome para qué todo aquel esfuerzo”.

Posiblemente ésta sea una de las preguntas que con más frecuencia resuenan en las cabezas de los estudiantes: “¿Esto para qué me servirá cuando trabaje? Si yo voy a ser deportista de élite, ¿para qué quiero saber hacer integrales? Si yo voy a ser policía ¿para qué quiero saber literatura? Si voy a ser responsable comercial ¿para qué aprender dibujo técnico?”.

Encontrar la solución a esta pregunta requiere tiempo (los años necesarios hasta acceder al mundo laboral) y además no siempre es una respuesta obvia, porque hay que descubrir qué habilidades aportaron aquellas asignaturas que se consideraban poco útiles.

Sin embargo, sí podemos dar una idea aproximada de lo que seguro los estudiantes se llevarán por el mero hecho de esforzarse por aprender. Cuáles son los beneficios de tanto esfuerzo. Aquí, por lo tanto, no hablo de éxito sino de trabajo y sacrificio.

Como dice el proverbio africano: “para educar a un niño hace falta una tribu entera”. Y el colegio, es parte esencial de esa “tribu”. Si bien es en casa donde se deben dar los principales esfuerzos en educar al joven, esta labor la complementan los otros espacios de convivencia como los colegios o institutos.

El cerebro madura a los 25 años aproximadamente, y tenemos ese tiempo para entrenarlo para su vida adulta. Y de eso se trata, de permitir que desarrolle una serie de habilidades, no solo conocimientos, para que la persona pueda tener una vida personal y profesional plena y satisfactoria

El cerebro madura a los 25 años aproximadamente, y tenemos ese tiempo para entrenarlo para su vida adulta. Y de eso se trata, de permitir que desarrolle una serie de habilidades, no solo conocimientos, para que la persona pueda tener una vida personal y profesional plena y satisfactoria. Una vida en la que sepa auto gestionarse y aprovechar los problemas del camino para crecer y aprender. Una vida en la que él/ella mism@ sea líder, líder de su propio futuro.

Nos encontramos en un cambio de ciclo en lo relativo a las contrataciones en las empresas. Antes se seleccionaba al candidato en base a su currículum, a su formación y experiencia profesional. De esta forma, se encontraban profesionales con conocimientos y experiencia en su materia, pero no se garantizaba su capacidad de trabajo en equipo, de liderazgo, de superación de las frustraciones, de empatía, de capacidad de comunicación, de asertividad… Estas personas podían generar infinidad de conflictos con el resto de los compañeros y por lo tanto la reducción de eficiencia de todo el equipo humano con su consecuente descenso de rentabilidad y pérdida de tiempo, recursos y dinero en la propia empresa.

De unos años a esta parte, en los procesos de selección cada vez es más habitual oír hablar de habilidades blandas (soft skills) en detrimento de formación o experiencia. En las entrevistas o role plays por competencias el seleccionador quiere detectar cómo se define el candidato, en qué destaca, qué puede aportar y en qué medida su personalidad es compatible con el resto de los miembros del equipo.

Para la empresa es más rentable contratar a personas con las habilidades blandas adecuadas y si fuera necesario invertir en su formación técnica antes que contratar expertos que no sepan trabajar en equipo

Para la empresa es más rentable contratar a personas con las habilidades blandas adecuadas y si fuera necesario invertir en su formación técnica antes que contratar expertos que no sepan trabajar en equipo, tengan iniciativa y autonomía, muestren liderazgo, destaquen en relaciones interpersonales, controlen la comunicación verbal, sean creativos, estén orientados a resultados, demuestren organización y estructura o sean capaces de adaptarse al cambio y razonar.

Y, ahora que sabemos lo que buscan las empresas ¿cuántas horas lectivas en los años de escolaridad les hemos dedicado a estas habilidades?

Tal vez, más de las que creemos, pero menos de las que deberíamos. Revisemos en qué medida las asignaturas más habituales aportan al desarrollo completo de la persona y sus soft skills:

Las MATEMÁTICAS favorecen el desarrollo del pensamiento abstracto, la resolución de problemas, el manejo de datos y procedimientos, la capacidad de organización, el razonamiento y la comunicación.

Practicar DIBUJO potencia la creatividad, la capacidad de comunicación no verbal, de centrarse en los detalles, de organizar y distribuir, de sintetizar y de improvisar.

Estudiar LITERATURA nos enseña el poder del lenguaje y la comunicación. Desarrolla la empatía al leer sobre conocimientos, creencias y experiencias ajenas. Nos ayuda a ser más realistas con nosotros mismos a la vez que más generosos con los demás. Nos permite contextualizar más allá del tiempo o procedencias geográficas. 

Leer FILOSOFÍA nos permite ser seres libres de pensamiento, conocernos a nosotros mismos y no seguir sin más los criterios de otros. Nos aporta autonomía e iniciativa. Entrenamos nuestra seguridad en nosotros mismos y nuestra capacidad de liderazgo.

Aprender HISTORIA nos despierta la curiosidad, nos potencia la capacidad de empatizar con otras realidades y la adaptación al cambio, nos permite conocer diferentes estilos de liderazgo y toma de decisiones con argumentos y situaciones contradictorias.

Saber de CIENCIAS NATURALES mantiene en nosotros la capacidad de asombrarnos con el mundo, de ser resiliente, de buscar más allá de lo convencional. Permite ser más creativo y ver los problemas desde diferentes perspectivas.

Estudiar FÍSICA o QUÍMICA nos ayuda a entender cómo funciona el mundo y por qué las cosas son como son. Nos enseña a cuestionar la realidad, a preguntar, responder y descartar hipótesis falsas. Reta la imaginación potenciando la creatividad para encontrar relaciones y patrones entre objetos que aparentemente no están relacionados.

En definitiva, sirvan estos argumentos para explicar a los jóvenes hasta qué punto todo esfuerzo académico tendrá un beneficio en su conocimiento y también en su personalidad, habilidades y preparación para su futuro personal y profesional.

Sirvan estos argumentos para responder de manera un poco más rotunda a la pregunta de “Y esto ¿para qué me va a servir?”, y que sepan que desde este mismo momento se están entrenando para ser adultos más capaces, autónomos, hábiles con sus emociones y, en definitiva, más felices.

Carlos Peinador Oltra es Teen coach / Family life trainer

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