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Discalculia, la mal llamada “dislexia de los números”

A pesar de ser una desconocida para la población general, la discalculia se detecta en proporciones similares a la dislexia, entre un 3% y un 7%. Sin embargo, según un test de Smartick, hasta un 42% de los niños están en riesgo de sufrirla.
Aitor Caballero CortésLunes, 7 de marzo de 2022
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Un 42% de los niños tiene riesgo de padecer discalculia, según un estudio. © ADOBE STOCK

Las dificultades específicas de aprendizaje (DEA) afectan entre el 9% y el 16% de los niños. Estos se definen como “una dificultad inesperada, específica y persistente para la adquisición de un aprendizaje”, según la Fundación Adana. El padecer un DEA poco tiene que ver con un menor nivel de inteligencia o unas menores oportunidades socioculturales, como se puede pensar.

La discalculia es una de esas dificultades que padecen entre el 3% y el 7% de los niños. Esta se relaciona con los problemas de entendimiento de las matemáticas, y de hecho se calcula que en España afecta a 3 millones de personas. Javier Arroyo, fundador de Smartick y, como muchos expertos, lo denomina como “la dislexia de los números” debido a su gran desconocimiento y para ayudar a su visibilización, ya que la dislexia es una dificultad mucho más nombrada. Sin embargo, Julián Palazón, coordinador del grupo INDEA, que está especializado en DEA, cree esa definición no ayuda a los que padecen discalculia y piensa que “se necesitan términos más precisos”.

Con la celebración el pasado 3 de marzo del Día Internacional de la Discalculia, Smartick, el método español de aprendizaje de referencia, ha realizado un test en el que afirma que hasta el 42% de los niños están en riesgo de padecer esta traba en el aprendizaje. En ningún caso ese riesgo significa que ese niño o niña vaya a padecer esta dificultad si no se trata, sino que se muestran alguno de sus síntomas. “Este test detecta el potencial riesgo, advertir a los padres por si pueden acudir a un especialista y descartar que tenga discalculia”, aclara Arroyo.

El estudio, que ha recogido una muestra de 6.300 niños con edades de seis a diez años, dividía el test en tres cuestiones. La primera de ellas era la aritmética: operaciones simples como sumas, restas o multiplicaciones; después, otra parte de números arábigos y numeración, y por último el reconocimiento de cantidades y relacionarlo con un número.

Julián Palazón, coordinador de INDEA "

Todas las personas con discalculia tienen problemas con las matemáticas, pero no todas las dificultades de las matemáticas son discalculia

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Generalmente, las personas con discalculia suelen mostrar problemas con cálculos aparentemente sencillos. “Hay niños que para sumar 5+4 tienen que seguir utilizando los dedos” dice Palazón. Pero insiste en que esas dificultades son “heterogéneas”ya que esos problemas pueden llevarse hasta la comprensión de enunciados. Esto es debido a que muchos de los niños que padecen dislexia, también sufre discalculia: “la comorbilidad de que un niño tenga dislexia y discalculia es altísima” explica Arroyo.

Pero aun así, ambos expertos expresan que unas malas destrezas en matemáticas no tiene que ver siempre con padecer discalculia. “Un buen eslogan sería que todas las personas con discalculia tienen problemas con las matemáticas, pero no todas las dificultades de las matemáticas son discalculia” declara Palazón. Arroyo, por su parte, añade que un niño de seis a ocho años que vaya muy mal en matemáticas merece un estudio, más allá de pensar que “es vago”.

Javier Arroyo, fundador de Smartick "

Es vital una identificación temprana de la discalculia

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“La discalculia se debe principalmente a un tema innato” expone Arroyo. Pero tanto para un niño que la padezca como el que no, el sentirse motivado para afrontarlas se antoja fundamental. Para ello, los padres y su actitud deben ser positivas: “si los padres dicen que las matemáticas siempre se les han dado mal, si no les gustan, etc. no ayuda” cree Arroyo. Él recomienda hacerlas amenas, tratarlas como “un juego”.

Además, también es importante el papel de los profesores y la enseñanza. Palazón cree que se debe trabajar con modelos de respuesta a la intervención aplicándolo en tres niveles, “desde lo general a una atención más concreta y personalizada”. Pero lo más importante para intentar paliar esta dificultad es su detección: “es vital una identificación temprana” cree Arroyo.

La discalculia cierra puertas

Padecer este trastorno y no tratarlo puede condicionar a esa persona para su futuro académico y laboral. “Desde recordar datos hasta tener complicaciones para leer la hora en un reloj, todo eso resta” piensa Arroyo. Además, con un futuro tecnológico como el que nos avecina, el tener problemas con las matemáticas puede ser un sinónimo de una mala empleabilidad, donde muchas puertas se cierran. Pero Palazón prefiere no poner el foco en la desesperanza, sino en “la necesidad de hacer algo para reducir las dificultades que se van a encontrar”.

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