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Eduardo Garzón: "Uno no elige lo que quiere; acaba queriendo lo que ha elegido"

El profesor y economista ha participado en las charlas en directo de #YouLead, donde abordamos, desde la economía, algunas de las cuestiones que en estos días más rondan la cabeza de los futuros universitarios.
Rubén VillalbaLunes, 20 de junio de 2022
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Eduardo Garzón es economista y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, colaborador habitual en programas de televisión | © JOSÉ CAMÓ

¿Da el dinero la felicidad? Pregunta de examen que no cae en selectividad y, sin embargo, la que más salidas tiene. Se entiende que la vida, no queriendo hacer spoiler, calla y nos somete, caprichosa, a un galimatías que a veces se convierte en dilema para muchos de los que aspiran estos días a la universidad.

—Pero que nadie se agobie; ninguna decisión es irrevocable.
¿Por qué nos agobiamos entonces, Eduardo?

—Porque desconocemos el horizonte. Y creo que esa es una de las deficiencias del sistema educativo: no sabemos del mundo porque no nos lo enseñan.

De ahí el dilema: salida y vocación se baten en un duelo que, no resuelto siendo uno adolescente, se arrastra con los años. Para quienes salida y vocación son una, no hay duelo: la utopía del amor al arte se hace, en ellos, realidad. Y es la que añora quien, alentado por la voz del deber, se lanza a la salida sin vocación. Un camino que abandonan muchos, como Eduardo Garzón (Logroño, 1988) —cambió la arquitectura por la economía— y al que otros se acostumbran: son los que hacen de la salida vocación.

—A esa conclusión he llegado yo.
—¿A cuál?
—Que uno no elige lo que quiere; acaba queriendo lo que ha elegido.

O sea, primero el dinero y, después, la felicidad.
—Vivimos en sociedades monetizadas: sin capacidad económica no podríamos alcanzar muchos de nuestros objetivos en la vida.

Es decir, el dinero es un mal necesario.
—Depende de la concepción que uno tenga, porque el dinero también sirve para vivir mejor, reír más, compartir vivencias.

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No sabemos del mundo porque no nos lo enseñan; creo que esta es una de las deficiencias del sistema educativo

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No todo es negro o blanco para Eduardo. La economía, dice, tiene sus zonas grises, que son precisamente las que la impregnan de ideales, filosofía, humanismo. Sí. Todo en la vida tiene sus grises: el amor, el odio, la amistad, la política. ¿Pero el dinero, la economía? ¿Cuáles son sus zonas grises? ¿No todo ahí es interés, comercio?

—Esa es la versión dominante, la que se nos vende y viene a la cabeza cuando vemos películas como El lobo de Wall Street.

¿Entonces?
—La economía busca el bienestar de las personas, aunque hoy esté asociada a la rama financiera, es decir, a hacer dinero.

¿Pero no es eso lo que hace?
—Es la creencia de mucha gente, sobre todo, a raíz de la crisis de 2008. Sin embargo, la economía está mucho más cerca de la sociología o la politología que de la bolsa o los negocios. Lo que ocurre es que, desde la propia universidad, se nos aleja de esas corrientes.

Él, hermano de ministro, hablará con conocimiento de causa. Pero de eso ni mu. En sus clases, al menos las que imparte en la tele y en Instagram (las formales las da en la Universidad Autónoma de Madrid), se debate si el problema de los camioneros es el liberalismo o si la banca debería ser pública.

¿Eso no es política, Eduardo?
—Política y economía van de la mano: son dos caras de una misma moneda.

O sea, la economía no puede mirar para otro lado.
—No debería. Corrientes económicas como el cuarto sector trabajan para que la sociedad sea mucho más equitativa. Ahí te das cuenta de que la economía es mucho más humana de lo que la gente piensa.

¿Pero qué piensa la gente?
—Hay todavía mucho desconocimiento. En Suiza, por ejemplo, se han hecho encuestas para comprobar si la gente sabe quién crea el dinero y solo acierta un 7%, aunque la sociedad va teniendo cada vez más claro que el dinero no son monedas o billetes, sino más bien anotaciones electrónicas que cambian.

¿Y quién lo crea?
—Solemos pensar que los bancos centrales, cuando acuñan monedas. Sin embargo, eso es una minoría. La mayor parte del dinero se crea mediante la concesión de créditos bancarios, de hipotecas.

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Hay mucho desconocimiento sobre el dinero. En Suiza, por ejemplo, se han hecho encuestas para comprobar si la gente sabe quién lo crea y solo acierta un 7%.

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Será que la fe ciega en él no deja tiempo ni espacio para pensar sobre él. Y, en esas, preferimos seguir viviendo en esa especie de mito que es el dinero: no sabemos muy bien de dónde viene ni adónde va; solo que está y con eso basta.

Yo sigo preguntándome, Eduardo, si el dinero es un derecho.
—En una sociedad monetizada como la nuestra debería serlo, aunque no está contemplado como tal en ningún marco jurídico.

¿Pero qué es el dinero?
—Una corriente filosófica de principios del siglo XX lo define como un crédito del individuo frente a la sociedad, que deberá compensarlo por haber trabajado y aportado al conjunto.

Ideal si se cumpliera, ¿verdad?
—Está demostrado que, cuanta menos diferencia haya entre ricos y pobres, más prósperas serán las sociedades. En esto los países nórdicos se llevan la palma.

¿Siempre ha habido ricos y pobres?
—En las sociedades muy prehistóricas, no. En ellas cada uno cumplía una función y se apoyaban mutuamente. Con la conformación en las urbes de la sociedad de clases y el desarrollo tecnológico surge la especialización del trabajo y, con ella, las diferencias por renta.

Leo en internet: “Democratizar el dinero con criptomonedas oficiales”.
—Las criptomonedas están destinadas al fracaso y llevo tiempo diciéndolo. Desde el FMI al Banco de España nos avisan: son una vía de evasión fiscal y financiación del crimen organizado.

Seguimos buscando entonces la felicidad.

Ve la entrevista completa

“Y ahora, ¿qué?” es el espacio de charlas en directo de #YouLead, con el apoyo de Acer, donde queremos dar respuesta a la pregunta de muchos jóvenes que encaran su futuro.

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