Llegan al mercado laboral con títulos, conocimientos técnicos y, en muchos casos, experiencia práctica. Pero existe una competencia decisiva que no siempre se enseña de forma estructurada: saber explicar qué saben hacer, qué pueden aportar y por qué una empresa debería darles una oportunidad.
Opinión
Hay países que lideran los rankings de PISA y, al mismo tiempo, lideran el uso intensivo de herramientas digitales en el aula. Singapur, en Asia; Estonia, en Europa. Si la pantalla fuera, en sí misma, el problema, esos países tendrían los peores resultados, no los mejores. El problema no está en la pantalla. Está en cómo, cuándo y para qué la usamos.
Desde finales del siglo XIX y principio del XX, aunque su verdadero origen podríamos retrotraerlo a siglos y autores anteriores, se ha ido instaurando, de manera muy progresiva, una nueva manera de concebir el hecho educativo. Esta nueva forma, no tan nueva ya, la denominaremos como Nueva Educación o Nueva Pedagogía
El comienzo de un nuevo curso escolar supone mucho más que volver a las aulas. Para los alumnos, representa el inicio de una nueva etapa de aprendizajes, retos y experiencias. Sin embargo, para las familias y el colegio, una nueva oportunidad para acompañar su crecimiento y desarrollo.
¿Qué proceso mental queremos que practique el estudiante y qué parte de ese proceso estamos permitiendo que haga la máquina?
Cada vez que se publican nuevos resultados educativos, parece que necesitamos encontrar un culpable antes incluso de comprender el problema. Tras los últimos datos de PISA, las pantallas vuelven a ocupar el banquillo de los acusados. A su lado se sientan la inteligencia artificial, las metodologías activas y, según quién escriba el diagnóstico, casi cualquier cambio introducido en la escuela durante los últimos años. Sin embargo, antes de dictar sentencia quizá convendría examinar con algo más de cuidado las pruebas.
Desde una mirada socioeducativa tenemos delante algo bastante más complejo que enseñar un «buen uso de las tecnologías». Tenemos que hablar de cómo nos relacionamos, de amistad, cuidado, intimidad y compañía. También de emociones. De aprender a reconocerlas antes de intentar gestionarlas, entender qué nos están diciendo y pedir ayuda cuando la necesitamos. De aprender a estar solos sin sentirnos abandonados y a estar con alguien sin necesidad de estar, al mismo tiempo, en ningún otro lugar.
La reciente publicación de la Orden EFD/968/2026, de 14 de septiembre, abre una nueva etapa en la regulación del temario de la fase de oposición del procedimiento selectivo de acceso al Cuerpo de Inspectores de Educación (CIE). Su interés no solo tiene que ver con la actualización de los contenidos, sino con la modificación significativa de las características de una de las pruebas de la oposición de acceso al CIE. Además de sustituir la Orden EDU/3429/2009, de 11 de diciembre, y desarrollar el marco establecido mediante el Real Decreto 68/2026, de 4 de febrero, por el que se regula la Inspección Educativa.
PISA diagnostica, TALIS confirma: la calidad educativa sigue sin dueño en los centros españoles.


