Por qué el bienestar de los alumnos debería ser la primera pregunta de toda familia que busca un colegio para su hijo.
Opinión

Cada verano reaparece la misma preocupación entre muchas familias: «¿Y si durante las vacaciones se le olvida todo lo aprendido?» Como si el conocimiento fuese una pizarra que el verano borra lentamente o un músculo que desaparece tras unas semanas de descanso. Sin embargo, quizá la pregunta debería ser otra. ¿Cuán significativo es aquello que están aprendiendo nuestros hijos si creemos que puede desaparecer en apenas dos meses?

Cada septiembre se repite una escena que todos los que trabajamos en un colegio conocemos bien. Volvemos a encontrarnos después de unas semanas de descanso, retomamos conversaciones que dejamos a medias, revisamos calendarios, horarios y reuniones y, casi sin darnos cuenta, el colegio vuelve a ponerse en marcha. Los pasillos recuperan el ruido, las aulas empiezan a llenarse y todo parece volver a ocupar su lugar. Es una sensación agradable porque septiembre tiene algo de comienzo, de oportunidad y de ilusión, pero también puede tener algo de automático. Y precisamente por eso creo que merece la pena hacerse una pregunta: ¿la vuelta al cole tiene que significar necesariamente volver a hacer las cosas como las hacíamos antes?
Llevamos unas semanas, tanto en el mundo académico como fuera de él, hablando del profesor de sociología en la Universidad de Cambridge ya fallecido, Jason Arday.
Un alumno puede presentar hoy un trabajo impecable sin haber recorrido necesariamente el proceso intelectual que debía llevarle hasta él. La inteligencia artificial ha hecho visible una distancia que la escuela ya no puede ignorar: la que existe entre obtener un buen resultado y haber aprendido realmente durante el camino.
Hay ciudades que viven bajo una narrativa que no han escrito ni elegido. Ciudades que, durante demasiado tiempo, han sido observadas desde lejos, interpretadas más por sus urgencias que por sus posibilidades.
Cada verano reaparece la misma preocupación. ¿Olvidarán los niños lo aprendido? ¿Perderán el hábito de estudiar? ¿Conviene que hagan cuadernos de vacaciones para que septiembre no les resulte tan cuesta arriba?

Con la llegada del verano solemos pensar que, al cerrar las aulas, también desaparecen muchos de los problemas que afectan a la infancia. Sin embargo, el acoso escolar no entiende de calendarios. Aunque las clases terminan, las relaciones entre iguales continúan y, con ellas, también pueden hacerlo las situaciones de violencia, exclusión y humillación, especialmente en los entornos digitales.


